
En 1967, Noam Chomsky, el lingüista más importante después de Ferdinand de Saussure, padre de la gramática generativa, escribió un libro llamado “La responsabilidad de los Intelectuales”. En éste, denunciaba las atrocidades que su país, EEUU, cometía en la guerra contra Vietnam.
Escribe: “los intelectuales tienen la posibilidad de mostrar los engaños de los gobiernos, de analizar los actos en función de sus causas, de sus motivos y de las intenciones subyacentes. En el mundo occidental, al menos, tienen el poder que emana de la libertad política, del acceso a la información y de la libertad de expresión. La democracia otorga a una minoría privilegiada el tiempo libre, los instrumentos materiales y la instrucción que permiten la búsqueda de la verdad escondida tras el velo de las deformaciones, de las falsas representaciones, de las falsas ideologías y de los intereses de clase. La responsabilidad de los intelectuales es mucho más profunda que la responsabilidad de los demás miembros de la sociedad dado los privilegios únicos que gozan los primeros”.
El intelectual Manuel Belgrano, con el mismo corte y compromiso que Chomsky, un día comprometió su sangre solidaria con sus hermanos, y cumplió con su labor social, con el afán de ser representante y guía de un pueblo sometido a un imperio.
Así dejó sus libros y aceptó el reto de formar el ejercito del Norte. Manuel Belgrado como Ernesto Guevara, ¡¡Comandantes de hombres Libres!!.

3 comments
Jorge Collado
21 junio, 2013 at 8:25 pm
Este Belgrano al que hago referencia, a mi entender sería K, por varias razones, primero por latinoamaricanista, segundo por su enfrentamiento al poder superestructurario, tercero por su raíz popular y democrática, cuarto porque en todo caso el defecto de la estructura siempre y en todos los casos será la corrupción y la burocracia, pero en este gobierno actual no hay condenas por corrupción y todos sabemos que la corporación judicial no dudaría en fallar en su contra, como no duda la corporación mediática en atacar a este gobierno. Si podría decir que tiene algunas deudas pendientes, aun no se ha enfrentado con las multinacionales y sigue sosteniendo a Monsanto y la megaminería. Pero del poder superestructurario ha enfrentado a la Iglesia (matrimonio igualitario) a las corporaciones mediáticas (ley de medios), a la judicial (democratización de la justicia) a la oligarquía y a la sociedad rural (125), a los militares golpistas (juicios), a la patria financiera (nacionalización de las AFJP), a la burocracia sindical (enfrentamiento con Moyano)y otros tantos etc. Creo que se puede ser crítico pero hay que reconocer que el Kirchnerismo enfrento a los enemigos del pueblo, podemos estar o no de acuerdo del como, pero esto no se puede negar. Creo que hay que volver a leer Altusser para poder entender de que lado de la raya nos vamos a parar. No me cabe ninguna duda que tanto Belgrano, Moreno y Castelli, estarían de este lado del modelo. Hoy el opresor es el poder de la superestrucutura.
Susana
21 junio, 2013 at 12:30 pm
Buena Nota, lo que comprueba que Belgrano Jamás podría ser kirsnerista
Jorge Collado
21 junio, 2013 at 9:21 am
La responsabilidad de los Intelectuales (Por Jorge Collado)
“Pero pobre de mí, no he estado con los presos; con los que ríen con solo media risa”
Silvio Rodríguez
En 1967, Noam Chomsky, el lingüista más importante después de Ferdinand de Saussure, padre de la gramática generativa, escribió un libro llamado “La responsabilidad de los Intelectuales”. En éste, denunciaba las atrocidades que su país, EEUU, cometía en la guerra contra Vietnam. Escribe: “los intelectuales tienen la posibilidad de mostrar los engaños de los gobiernos, de analizar los actos en función de sus causas, de sus motivos y de las intenciones subyacentes. En el mundo occidental, al menos, tienen el poder que emana de la libertad política, del acceso a la información y de la libertad de expresión. La democracia otorga a una minoría privilegiada el tiempo libre, los instrumentos materiales y la instrucción que permiten la búsqueda de la verdad escondida tras el velo de las deformaciones, de las falsas representaciones, de las falsas ideologías y de los intereses de clase. La responsabilidad de los intelectuales es mucho más profunda que la responsabilidad de los demás miembros de la sociedad dado los privilegios únicos que gozan los primeros”.
El intelectual Manuel Belgrano, con el mismo corte y compromiso que Chomsky, un día comprometió su sangre solidaria con sus hermanos, y cumplió con su labor social, con el afán de ser representante y guía de un pueblo sometido a un imperio. Así dejó sus libros y aceptó el reto de formar el ejercito del Norte. Su función política y social lo llevó a asumir compromisos más allá de su formación.
Pero algo les pasa a nuestros políticos actuales; el traje de héroes no les queda, ni siquiera para saciar su sed de protagonismo; es muy posible que este afán de héroes de alguno de nuestros próceres, haya degenerado sólo en afán de poder en estos mediocres gobernantes, un poder mensurado por el dinero que roban en la función pública.
¿Qué le ocurre a esta sociedad plagada de Reality Shows, capaz de llevar al estatus del heroísmo a figuras armadas y vendidas en campañas publicitarias, donde compramos desde un simpático Gran Hermano, hasta la honestidad de un presidente de la nación, que dura tanto como un rollo de papel higiénico?
También en estas épocas, veo a pocos de nuestros intelectuales comprometidos con la verdad revelando los engaños de los señores que ostentan el poder; no veo a muchos de ellos hacerse cargo de esa función social y solidaria, que les permita comprometerse con la formación que recibieron en las universidades públicas.
Ver, velar, denunciar e intervenir en salvaguarda de los que no tienen como función pensar y analizar, es el compromiso que intelectuales y científicos deben afrontar.
No ignoro que, si el futuro que les espera a los intelectuales comprometidos es el mismo que les tocó a Manuel Belgrano o a Rodolfo Walsh, mucho incentivo no tienen. Pero si no se asume el rol en los momentos difíciles como éste, habrá que dedicarse a otra cosa.
Me dejé para el final otra cita bibliográfica: un libro publicado en 1984, desgraciadamente después de la muerte de su creador; se llama “Argentina años de alambradas culturales” y recopila los artículos que Julio Cortázar publicó durante los años de plomo en distintos diarios europeos. Si bien la belleza de la letra cortazariana se puede revivir en él, lo más bello es tomar contacto con el compromiso que un intelectual asume con su pueblo.
Hay en este libro un artículo que curiosamente se llama “Sobre la función del intelectual”. Dice, para que nadie entienda mal, que esta responsabilidad no es un trabajo de un señor que esta parado un par de escalones por sobre la sociedad, para cumplir con el papel de “legislador de la humanidad”. Todo lo contrario “los intelectuales identificados con el derrotero de sus conciudadanos influyen en las conciencias, diseminan y ahondan el sentimiento de la identidad nacional y cumplen un trabajo de avanzada que ilumina los caminos a seguir por los políticos progresistas.” Dice que “no perdemos el tiempo cuando trabajamos en la búsqueda de la identidad y de la libertad, al igual que Ulises, nuestra barca llegará a puerto, aunque parezca muy pequeña frente a los acorazados de los dólares imperiales y a las fracciones reaccionarias y opresoras que nos acosan, hay algo en nuestra barca que no puede ser detenido, hay un sentimiento de libertad y de autenticidad que no sólo contiene nuestro presente sino que construye nuestro futuro”.
Por eso, este intento de rescatar algunas identificaciones posibles en personajes comprometidos, sobre todo con la solidaridad, como Belgrano o Cortázar, nos permitirá profundizar la revolución iniciada en 1810, que esta sociedad aún sigue necesitando, una revolución que nos lleve a ser argentinos y libres, ya que no hay libertad en el hambre de nuestros niños, condenados a pérdidas neurológicas irreparables, sólo por falta de comida; no hay libertad en la ignorancia, en la falta de memoria, ni en la falta de identidad.
Quiero finalmente referirme a una cita que hace referencia a un judío, que por miedo había colaborado en un campo de concentración y de exterminio nazi. Cuando los rusos le comunican que lo tenían que ahorcar, preguntó: ¿Por qué a mí?. ¿Qué he hecho yo?.
Sólo los dispuestos a resistir a la autoridad cuando ésta entre en conflicto intolerable con su código moral personal, sólo estos tienen derecho a la pregunta, aunque seguramente sabrán muy bien ¿por qué a ellos?
La pregunta ¿qué he hecho yo?, ¿Podríamos hacérnosla al enterarnos diariamente que hay chicos que pasan hambre a diez cuadras de casa? ¿Que hay padres que no pueden llevar alimentos a su familia por la falta de trabajo, mientras nuestros gobernantes insisten en sacrificar a la población aplicando la receta del FMI?. Tenemos que pensar que las generaciones venideras necesitan que les resolvamos el problema de la deuda externa, de la corrupción, del desempleo, del hambre y la enfermedad de nuestros viejos, de la muerte y la miseria de nuestros chicos, entre otras cosas.
Jorge Collado
Texto escrito en 2003, para el mensuario Ciudad Z
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