Por Federico Bernal... En un revelador informe del Programa GPS (A24) del 20 de septiembre, conducido por Rolando Graña, se dio cuenta del estado de situación padecido por las cocherías a lo largo y ancho del país. Consideramos se trata del mejor y más triste ejemplo, en lo que va de la gestión Macri, para la comprensión no solamente del impacto de las políticas neoliberales en general, sino y muy particularmente el de la dolarización de la vida de los argentinos y las argentinas. En este caso, siendo más precisos, la muerte de los argentinos y las argentinas.

Con los precios y las tarifas de la energía la misma historia, aunque exacerbado la gravedad al tratarse de un servicio público esencial para la realización, el bienestar y la supervivencia del ser humano, aclarando lógicamente que, si la industria funeraria está quebrada, la industria energética vive de fiesta.
Mirando fijo a la cámara, Rolando Graña sentenció: "La crisis también llegó a los muertos". Los servicios fúnebres bajaron más del 50%. Los velatorios en el Conurbano rondan entre 18.000 y 20.000 pesos. La gente no los puede pagar más y recurren a las municipalidades. El servicio público funerario brinda un ataúd básico, una ambulancia para trasladarlo y tierra para enterrarlo".
Dueños de cocherías entrevistados en el citado informe advirtieron que "Ya nadie quiere velar a sus muertos. Quieren cremaciones; no hay velatorios, sino que hacen una despedida; hacen colectas".
Al promediar el informe, Graña remató diciendo: "Y por sí algo faltara, el dólar también afecta a la muerte. Los cajones y las flores están dolarizados y a la gente le cuesta pagar las parcelas de sus difuntos".
Un dueño de cochería explicó en este sentido que "A medida que va subiendo el dólar, va subiendo el precio de los ataúdes, porque el lustre es en dólares, tanto la lata como el barril que usan. Los cajoneros dicen, vendía 10 y ahora vendo 5. [Esto se suma a que] La gente para acceder a un cementerio parque hoy tiene que contar con el anticipo, con las cuotas, con el mantenimiento mensual, con el pago de una placa, con las letras".
Y de los servicios fúnebres, con los ataúdes y las flores dolarizados, a los servicios públicos del gas y la electricidad. La cuestión de la dolarización aquí es mucho más compleja y será abordada próximamente.
Por lo pronto, diremos que en los costos de la cadena de valor no solo existen insumos dolarizados de hecho, sino y más grave aún, ocurre que el tipo de actualización tarifaria aprobada en la RTI (Revisión Tarifaria Integral) desde 2016 a esta parte pasó de ser NO AUTOMÁTICA a AUTOMÁTICA.
Este cambio no menor, ignorado por la mayoría y violatorio de las Actas Acuerdo suscriptas entre concesionarias y el Estado Nacional, implica ligar el ajuste tarifario semestral a índices como el IPIM, el IPC y el de la Construcción.
Como es sabido, índices que, precisamente por la combinación entre desindustrialización, apertura comercial indiscriminada y mega devaluaciones, quedaron también atadas al devenir del tipo de cambio. En otras palabras, son índices dolarizados.
La indexación NO AUTOMÁTICA, por el contrario y por razones que explicaremos más adelante, evita este impacto o, al menos, lo minimiza y hasta puede llegar a neutralizarlo.
Los rubros e insumos de la construcción están, en su mayoría, dolarizados, como lo están los del IPIM e IPC. La parte en pesos de la tarifa, esto es, los segmentos del transporte y la distribución, ajustada semestralmente, se ha visto fuertemente afectada por el tipo de cambio. Es decir, por la dolarización. Aquí, por tanto, un paso clave en el camino de la pesificación de las tarifas y sus modalidades de actualización.
Como sea, cocherías al borde de la quiebra por un desplome del 50% en los velatorios; ciudadanía quebrada desplomando su consumo de gas y luz al nivel de un país del África subsahariana.
Mucha razón tuvo Graña cuando afirmó que de la crisis ni los muertos se salvan.
Servicios fúnebres y servicios públicos -uno para los difuntos, otro para la vida- pero ambos igualmente enajenados al caos.
