DestacadosMiradas hacia el pasado ZarateñoY llegaron los inmigrantes... (Primera parte)

Carlos Riedel14 mayo, 2022

Por Arq. Silvia I. Baccino... Esta MIRADA HACIA EL PASADO ZARATEÑO les acerca un fragmento de la investigación denominada Y LLEGARON LOS INMIGRANTES…, realizada por Sergio D. Robles (INMIGRACIÓN Y PARTICIPACIÓN POLÍTICA) y Silvia I. Baccino (ARQUITECTURA E INMIGRACIÓN), enmarcada en el proyecto denominado: COLECCIÓN NUESTRA HISTORIA - Publicaciones del Museo Histórico Quinta Jovita y el Archivo Histórico de la Municipalidad del Partido de Zárate / Estudios sobre la Historia de Zárate. En su versión completa, que fue publicada en junio de 2008 por la Editorial de los Cuatro Vientos, se destacan los relatos denominados HISTORIAS DE INMIGRANTES que fueron realizados por Abel Poletti.

Y LLEGARON LOS INMIGRANTES…

PRÓLOGO

El prólogo de la primera edición del libro Y llegaron los inmigrantes… fue escrito por la Prof. Graciela Sáez, Directora del Instituto y Archivo Histórico, señalando en el mismo los siguientes conceptos, entre otros: “Bien sabemos que entre las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX, nuestro país recibió un verdadero aluvión de inmigrantes, en su mayoría provenientes del viejo mundo, en busca de una vida mejor. Instalados preferentemente en la ciudad de Buenos Aires, se diseminaron muy pronto por todo el país cambiando su fisonomía y construyendo con el correr de los años una sociedad diferente, fruto de su integración con la población preexistente.

Así, contemporáneamente al crecimiento de las líneas férreas crecerían poblaciones, surgirían colonias, nacerían localidades y barrios, donde se entrelazarían distintas tradiciones. Miles de hombres y mujeres empujados por el deseo de un destino mejor, arribaron a estas tierras, portando un pobre y escaso equipaje, pero trayendo consigo un poderosos bagaje intangible, constituido por su idioma, sus canciones y sus costumbres. A ello se sumaba la pesada carga del desarraigo y la nostalgia, condición que los marcaría para siempre.

Si bien hay un denominador común en cuanto a las causas que determinaron el abandono de sus países de origen, la inserción de los recién llegados en cada una de las regiones determinó diferentes procesos, de acuerdo a las condiciones geográficas y socioeconómicas de las sociedades receptoras. Aunque la actividad rural constituyó, en la Provincia de Buenos Aires, un incentivo importante para los migrantes, la mayor cantidad de ellos se asentó en áreas urbanas del litoral.

La condición de ciudad puerto de Zárate, pueblo que nos convoca a través de las páginas de este libro, determinó que una importante población se instalara en este territorio que ofrecía las ventajas de encontrarse en las márgenes de un río navegable, como es el Paraná de las Palmas. Así, la llegada de los inmigrantes sumaría a su crecimiento demográfico, un manifiesto desarrollo económico que se reflejaría en su evolución urbana y en su vida cultural. Su perfil se iría definiendo al integrarse al modelo agroexportador que la “Argentina Moderna” desempeñó en el sistema económico mundial.”

En relación a los trabajos que integran el presente artículo la Prof. Graciela Sáez expresa: “Sergio Robles, apoyado en un importante aparato documental y bibliográfico, luego de analizar la composición de la sociedad zarateña entre 1900 y 1940, plantea como eje de su investigación la participación de los inmigrantes en la vida política, tema especialmente rico en matices y ambivalencias. A través de la reconstrucción biográfica de un inmigrante italiano, Luis Guerci, de notoria influencia en la vida política de Zárate, plantea cómo pudo desarrollar su trayectoria mediante estrategias hábilmente manejadas. Su pertenencia étnica, sumada a las redes familiares e institucionales, le permitieron concentrar el poder necesario dentro de la sociedad local, como para trascender a nivel provincial y nacional. Si bien éste es un caso notable y excepcional, nos aporta elementos que nos permiten generalizar sobre ciertas prácticas políticas características de aquellos años.

Silvia Baccino dirige una mirada hacia la evolución arquitectónica de la ciudad de Zárate, entre la segunda mitad del Siglo XIX y finales de la década del ’30, momento en que la ciudad comenzó a transformarse, perdiendo gran parte del patrimonio arquitectónico que la caracterizaba.

El impacto de los inmigrantes, donde tuvo especial protagonismo la colectividad italiana, marcó el paisaje urbano de la provincia de Buenos Aires, encontrando en Zárate un espacio fértil para la producción arquitectónica.

Los constructores que dieron forma e identidad a nuestros pueblos son rescatados por la autora en su tarea social, representando a sus colectividades y trasladando a estas tierras el espíritu de sus pueblos natales, por cierto, añorados, en su deseo de reproducir de este lado del mar, su estilo. Toda una pléyade de artesanos, albañiles, arquitectos y maestros de toda clase de oficios ornamentales aportaron su trabajo y creatividad contribuyendo a la creación de un nuevo lenguaje. El estudio se focaliza en dos de ellos: Dionisio Ferrari y Juan Ponsa, investigación a la que se suma el aporte documental de sus descendientes. Ellos como tantos otros materializaron tanto en las viviendas particulares como en los edificios institucionales, la potencia de una burguesía local, integrada por un número creciente de extranjeros.

Y en el párrafo final del prólogo expresa que “Este libro enriquece el conocimiento del proceso que los zarateños han recorrido como sociedad, siendo especialmente revelador de la trascendencia que los inmigrantes han tenido en la construcción de sus prácticas sociales, económicas, políticas y culturales. De ahí la importancia de la continuidad de colecciones como “Nuestra Historia”, ya que ante el avance de la globalización que todo lo desdibuja, la difusión de la historia local permite a cada pueblo reconocerse y diferenciarse de los demás, e ir descubriendo claves que develen significados y produzcan reflexiones y respuestas. Esta es la particularidad y la valiosa tarea de la historia local, que siendo la que mayor cercanía alcanza frente al pasado, permite construir a partir de ella las generalizaciones y abstracciones que culminan en la historia de una nación.”

INMIGRACIÓN Y PARTICIPACIÓN POLÍTICA

Introducción

La migración de los seres humanos es un fenómeno universal y está presente en todas las épocas de la Historia y en todas partes del planeta. Los movimientos de la población se han venido incrementando sobre todo por el enorme desarrollo de los medios de comunicación a partir de la Revolución Industrial, facilitando el desplazamiento en masa hacia lugares remotos. La gran inmigración europea iniciada a partir de la segunda mitad del Siglo XIX, implicó el éxodo de millones de personas que se dirigieron principalmente hacia Estados Unidos, Canadá, Australia y Argentina.

-José Falconet y su esposa María Ardouin con sus hijos-

El fuerte impacto de estas migraciones masivas, sin embargo, no tuvo una respuesta inmediata en el campo historiográfico.

Los estudios migratorios en Argentina nacieron en la década de 1960 con los trabajos de Gino Germani y José Luis Romero. Este abordaje tardío, también visible en otros países como Estados Unidos, Italia y España, se explica en que las historiografías nacionales no se interesaban en actores sociales que se movían en un espacio transnacional, donde el concepto de inmigrante quedaba fuera de los parámetros del Estado-Nación (no se estudiaba a quien emigraba porque dejaba el país, ni tampoco al que inmigraba, porque terminaría asimilándose a la sociedad receptora).

Germani vio a los inmigrantes -de la inmigración masiva- como agentes de cambio que permitieron el tránsito de una sociedad tradicional a otra moderna, cumpliendo una “función civilizadora” (Alberdi y en menor medida Sarmiento). Para ello formuló un estereotipo del gaucho (independiente, con poca predisposición al trabajo y al ahorro) y del inmigrante (encarnación de la modernidad).

No escapó a este autor el hecho de que la mayoría de los inmigrantes fueron hombres. El excedente masculino resultó atractivo para la formulación de la teoría del crisol o fusión de razas, fundamentada en la hipótesis de la celebración de matrimonios mixtos entre extranjeros y nativas.

Aunque aquella teoría no fue aceptada por todos los intelectuales de su época -José Luis Romero, por ejemplo- tuvo un fuerte arraigo en el imaginario popular en aquellas regiones del país donde la presencia extranjera fue numerosa.

Sin embargo, tanto Germani como Romero coincidieron en que la inmigración dejó pendiente para el futuro la resolución del problema político en la construcción de la Argentina moderna. Fueron ellos los que dejaron planteado uno de los ejes de discusión que caracterizaría el tránsito de la sociedad tradicional a la moderna, al señalar la ínfima participación del inmigrante en la política nacional.

Al respecto, Germani señalaba que: “En las ocasiones en que los extranjeros realizaron movimientos que significaban una participación política activa, no pareció que la élite lo aprobara. En realidad, se trataba de movimientos de protesta... Es verdad que su organización no podía considerarse realmente como un canal de integración a la vida nacional, pues se nuclearon en los Centros Políticos de Extranjeros y no en partidos políticos nacionales”. (1)

En su trabajo sobre la inmigración española, Moya indica que, menos del 4% de los españoles de Buenos Aires a finales del siglo XIX adoptaron la nacionalidad argentina, con lo cual “restringió aún más su participación en la política local”. Reproduce asimismo la nota de un editor extranjero que sostenía que: “no podemos aspirar a cargos públicos, porque en estas tierras solamente buscamos un modo de prosperar con nuestro trabajo constante… como extranjeros, nos está prohibido militar en cualquiera de los bandos políticos en conflicto, y como comerciantes, industriales, artesanos, sencillamente no nos conviene hacerlo” (2)

Por su parte Fernando Devoto observó que la exclusión del inmigrante de la política nacional obedeció a diferentes circunstancias, entre las que no se encontraban ajenas el cálculo sobre las ventajas y desventajas que realizaban ellos mismos, a pesar que “las elites políticas argentinas estaban a favor de integrar a los inmigrantes y eran más bien las elites comunitarias y los mismos inmigrantes los que se oponían”. (3)

Pero hay otro aspecto que remarcaba el autor, referida al espacio que ocupa la política en la vida diaria de las personas y en ese sentido decía que “la política puede tener un espacio mayor o menor (y en el período que estamos estudiando -antes de la primera guerra mundial-, para los inmigrantes es bastante menor) pero nunca exclusivo. (4)

Sin embargo, Devoto observó una mayor participación política, pero de determinados sectores, una participación no generalizada, sino ampliada del inmigrante y, no espontánea, sino dirigida por una relación clientelística. Esto le llevó a plantear el tema en términos de colectividades en lugar de inmigración en general.

Fue Hilda Sábato quien trajo una innovación conceptual sobre el tema de la participación política de los inmigrantes, al partir de la acepción de Germani en cuanto a que los inmigrantes no tomaban parte del sistema político formal porque no se nacionalizaban. Se trataba -según Sábato- de una consideración restringida del término “política” que no tenía en cuenta otros canales. La nueva pregunta que hace esta autora es precisamente ¿Qué es hacer política? Si la participación política (formal e informal) del inmigrante es indicada como limitada, cabe preguntarse si la del nativo argentino ha sido sustancialmente diferente a la de aquel, en un momento en que la misma estaba reservada a los hombres y, en la que prevaleció durante la mayor parte del período, prácticas fraudulentas, con frecuencia acompañadas de intimidación y violencia física.

A la observación de Devoto, en cuanto a participación política en términos de colectividades, Romolo Gandolfo, al tratar el tema de los barrios étnicos, ha demostrado las vinculaciones entre sectores de la élite política nativa y miembros representativos de la colectividad italiana a finales del siglo XIX al sostener que: “El dinamismo de la colonia agnonesa no tardó en manifestarse también en el campo de la política argentina. El acercamiento de los mitristas en una maniobra de acercamiento político hacia los inmigrantes italianos.” (5)

El presente trabajo pretende dar una primera aproximación sobre la coexistencia de ciertas categorías conceptuales, señaladas como contrapuestas por la historiografía, que pone en evidencia más que dos modelos, un abanico de matices en cuanto a la participación de los inmigrantes en la actividad política (formal e informal), el carácter del liderazgo étnico, y las formas de relación de aquellos con la comunidad nativa local. Para ello analizaremos el caso de la ciudad de Zárate (Buenos Aires) entre los años 1900 y 1940, abordando distintos aspectos, para centrarnos en la reconstrucción de la biografía de un inmigrante italiano, Luis Guerci, quien pudo desarrollar, primero dentro de la Unión Cívica Radical y luego, en el seno del Partido Demócrata Nacional, un verdadero “cursus honorum” que trascendió el ámbito local, llegando a convertirse durante la década de 1930, en uno de los principales referentes provinciales del Partido Demócrata Nacional.

I. Zárate y su evolución demográfica

Cuando se creó el Partido de Zárate en marzo de 1854, su población ascendía a 1732 personas, de las cuales 98, es decir un 6% de las mismas eran extranjeras.

Quince años después, en 1869, al levantarse el primer censo nacional, la población creció dos veces y media, al alcanzar los 4211 habitantes, siendo el 24% de origen extranjero. Este porcentaje, aunque descendió en el censo provincial de 1881 a un 19%, alcanzó su máximo nivel en 1895 con el 41,90% para descender nuevamente, en 1914 al 37,80 %.

Estas cifras nos brindan, solo una aproximación del verdadero peso cualitativo de la presencia inmigrante en Zárate, ya que, entre otras consideraciones, muchos de los empadronados en el último censo de referencia, aunque eran de nacionalidad argentina, por su condición de hijos de inmigrantes, continuaban manteniendo buena parte de las tradiciones de sus ancestros y se vinculaban a las instituciones étnicas de origen.

De la observación de los datos  se puede apreciar en los censos de 1895 y 1914, el alto índice de población masculina extranjera, levemente inferior a la argentina.

Asimismo, se aprecia un fuerte proceso de urbanización en las fechas antes indicadas, sin duda vinculado al perfil industrial que fue adquiriendo Zárate, con la instalación de una fábrica de papel, (1884) otra de alcoholes (1885) y tres frigoríficos, (“Las Palmas” (1885), “The Smithfield” (1903) y “Anglo” (1914)). Aquel cuadro económico-comercial se completaba con un movimiento portuario de importancia y la inauguración en 1908 del sistema de ferryboat que vinculó la región bonaerense a la Mesopotamia. (7)

-Imágenes de familias que llegaron a Zárate desde fines del Siglo XIX-

II. Inmigración y participación social

Comerciantes, constructores, jornaleros, herreros, agricultores, farmacéuticos, médicos… fueron algunas de las múltiples actividades que desempeñaron los inmigrantes en la sociedad zarateña. El Censo Municipal de 1908 nos proporciona al respecto datos interesantes sobre las actividades que desempeñaron los extranjeros por aquella época.

Con la excepción de ciertas profesiones como las de abogado, docente, escribano o militar, los inmigrantes desempeñaron una amplísima gama de actividades, ocupando el primer puesto los jornaleros que igualaban en número a los nativos, seguido por los agricultores, que representaba alrededor del 95 % del total. Por otra parte, aunque la totalidad de hacendados era de nacionalidad argentina, es necesario destacar el alto número de propietarios extranjeros en una proporción casi similar al de los nacionales. (8)

La actividad comercial fue otra de las principales ocupaciones de los inmigrantes, que duplicaba el número de nativos. Bajo su influjo se construyó el Centro de Comercio e Industria, nacido en una asamblea realizada en el teatro Hispano-Argentino, en abril de 1914. Su primer presidente fue José Ustariz, nacido en el pueblo de Hecho, en la provincia de Huesca y entre los miembros fundadores se encontraba una abrumadora mayoría de extranjeros. (9)

-Inmigrantes italianos se dedicaron en nuestras tierras al rubro de la construcción siendo partícipes de la transformación de la imagen y estética zarateña de fines del Siglo XIX y primeras décadas de XX-

Cabe señalar que una parte de los inmigrantes no limitó su existencia al trabajo diario; muchos de ellos participaron de la vida social, cultural y política de la ciudad, formando parte de la banda de música (de la Fábrica de Papel y Municipal), bibliotecas populares (José Ingenieros), sindicatos (Centro Obrero Cosmopolita) y partidos políticos (Socialista y Concentración Obrera). Sus propias instituciones, las sociedades de socorros mutuos, además de cumplir su función específica de asistencia social, fueron puntos de encuentro entre connacionales y los residentes urbanos de las distintas comunidades que integraban la sociedad zarateña de principios del siglo XX. Sirva de ejemplo la nómina de asistentes a uno de los bailes realizado en la Sociedad Italia, que recoge un periódico local en agosto de 1901, donde junto a los nombres de procedencia italiana como Brambilla, Galli, Bologna, Filippone, Palazzoli y Buscaglia, se encontraban Paula Palacios y María Insúa, descendientes de terratenientes afincados en la región durante las primeras décadas del siglo XIX y otros apellidos como el británico Gilson, los vascos Caissón e Ibero y el castizo Hernández. (10)

Otros canales de encuentro social y cultural se abrieron, cuando las Sociedades Española e Italiana construyeron sus teatros, el Hispano y el Coliseo, respectivamente.

Aunque la socialización implicó cierta integración, las comunidades extranjeras, nunca perdieron contacto con su lugar de origen. Durante la Primera Guerra Mundial los residentes italianos en Zárate formaron parte del Comité Italiano de Guerra, para ayudar a las familias de los combatientes y a la Cruz Roja Italiana, y en algunos casos retornando a su país para combatir o, como en el caso del vecino Miguel Bertero, para servir como médico de campaña.

Igual actitud se observó en los residentes españoles cuando estalló la guerra civil en España, que constituyeron un Comité de Ayuda, aunque dado el fuerte contenido ideológico, trascendió el ámbito de la colectividad involucrada.

-Familia Myles en el barrio del Frigorífico Smithfield-

-Integrantes de la comunidad irlandés en el atrio de la Iglesia Parroquial. Década de 1910-

-Reunión de la colectividad italiana en su sede de la calle Castelli al 800-

FUENTES UTILIZADAS

Baccino, Silvia Irene y Sorolla María Luisa. “Era una vez…Zárate. Buenos Aires. Julio de 1997

Botta, Vicente Raúl. Historia de Zárate 1689-1909. Publicaciones del Archivo Histórico de la provincia de Buenos Aires. La Plata. 1948

Comisión Municipal de Preservación del Patrimonio Cultural, Arquitectónico y Urbanístico del Partido de Zárate

Viñuales, Graciela María. Italianos en la Arquitectura Argentina. CEDODAL. Coordinación Editorial. 2004

http://amigosmuseozarate.com.ar/

 

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