LA MENTIRA, por Guillermo Rivelis

Redaccion General16 julio, 2024

Muy probablemente, un niño comienza a mentir por temor.

Teme que sus padres y otros significativos no van a querer al niño rompe - floreros.

Entonces, cuando se le pregunta quién rompió el florero él contesta “el gato”.

Muchas veces, lamentablemente, su temor está fundado en la experiencia.

Otras veces, se trata de fantasías sufrientes del niño que, por alguna razón, no puede desmantelar viviendo una experiencia distinta.

En ocasiones, cierta ambigüedad en la actitud de los adultos lo confunde.

La mentira es, hasta donde estamos hablando, un recurso defensivo.

Por eso tal vez dice a sus padres que no le han entregado aún el resultado del examen que no pudo aprobar.

Puede suceder que esta manera se consolide dando lugar a la formación de una persona con tendencia a mentir.

Pero no necesariamente. Una persona puede haber pasado por esa experiencia sin constituirse en una persona “mentirosa”.

La mentira es un instrumento usado por muchas personas para ubicarse en un lugar social vinculado a la consecución de determinados “valores”.

El poder, lamentablemente, suele estar relacionado a una forma estratégica de mentir.

No se trata de inteligencia, sino de astucia.

La inteligencia comprende que el otro humano es a quien necesitamos para hacernos cargo de la realidad y la verdad.

La inteligencia no pretende desconocer ni desplazar a otros y a lo que dicen.

La astucia busca un lugar socialmente jerarquizado para lo cual no ahorra procedimientos deshonestos.

El manejo arbitrario de la información es uno de los motivos por los que obscenamente personas “encumbradas” en la escala social mienten.

A la mentira estamos expuestos.

Apabulla y provoca sentimientos de desprotección y soledad.

Poner entre paréntesis lo que se nos dice es una forma posible de protegernos.