Crónicas de Historia RecienteDestacadosEl “Unipersonal”

Carlos Riedel4 septiembre, 2021

Por Adriana Musumeci

La acción ocurre en cualquier contemporaneidad posterior a “los 90”.

A la izquierda un escritorio con una máquina de escribir, un teléfono, un radiograbador… Papeles y libros desordenados.

A la derecha una silla, un espejo y un tocadiscos.

Raquel –con jogging y zapatillas- termina de pasar a máquina un libreto, se pone de pie e intenta memorizarlo nuevamente.

Se prepara para salir. Trabajó toda la noche y se siente cansada. El libreto está completo. También el guion, que le servirá para ir ordenando y remarcando los puntos principales de la obra.

A pesar del cansancio sabe que no es el momento de parar ni de relajarse.

Le había resultado difícil en pleno invierno cruzar la ciudad y meterse en la noche de aquellas barriadas marginales para reunir en la salita de la Sociedad de Fomento de la villa a actores con alguna experiencia con actores amateurs, muchos de los cuales recién salían del último Plan de Alfabetización. No bastaba con el ensayo. Tenía que visitarlos en sus casas para explicarles sus papeles, sus roles y sus momentos en la obra.

Por suerte –recorriendo funcionarios municipales “influyentes”- había encontrado una buena sala.

Suena el teléfono

Raquel – Hola Juan, si… ¿Qué tal? ¿La máquina de coser? Y si… yo hablo con tu vieja… La usamos y se la llevamos en el rastrojero… Ya que estamos traé el ropero y la cama también… Bueno… si… El gasoil lo pago yo… No te hagas problemas… Y vos… Bue…

Raquel cuelga el teléfono y vuelve al libreto. Una última repasada.

Suena el teléfono. Atiende

Raquel – ¡Hola Pedro! ¿Vos sabes que recién llamó Juan? Ah… Pe… si, ya sé que sos profe. Pero… ¿vos no sabías que no hay guita para producción? Por lo menos me lo podrías haber dicho… Habíamos hablado de la oportunidad… Bueno Pedro… está bien… ¡pero ándate a la re mismísima mierda! (Cuelga)

Laura (dirigiéndose a Raquel) –Che piba… la pieza está llena de puchos…

Raquel - ¿Será posible? ¿Y por qué carajo no le das una barrida?

Raquel deja el radiograbador. Enciende una luz y busca entre los elementos de la utilería. Encuentra una tarima. Recuerda de un actor se quejó porque su compañera “era muy petiza”.

Raquel – (mirándose al espejo) – ¿Qué haré con esta que me dice que el personaje es muy joven?... Bue… ya encontraré la forma.

Entra sigilosamente con la tarima en una caja, y la esconde detrás de la silla. Guarda el casette en el bolsillo, toma el radiograbador y se desplaza a la habitación

Raquel- Algo habrá que hacer… ¡Que los parió! No lo puedo creer. ¡Voy a tener que hacer hasta de ropero! Te juran ¡La vida por un escenario! Pero a la hora de hacer las cosas aparecen los individualismos… “¡Ay no, si yo estudie con Gandolfo…”, “¿Llevar los bagayos? ¿Yo?”, “¡Ay no…Si yo fui el penúltimo extra en Galileo!”, “¡Ay no Raquel… ella es… como te diría… muy petisa!”

Raquel tira el libreto para arriba y las hojas se desparraman silenciosamente por el suelo.

Algunos aseguran haber escuchado en ese instante, como un grito del pasado…
- “¡VIVA  EL UNIPERSONAL!”
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Post scriptum:

Tal vez estos hechos hayan ocurrido o no.

Solo pretenden recordar que en 1981, desafiando a las listas negras, al crimen, a la tortura y al terror ejercidos desde el Estado, un grupo de dramaturgos y actores impulsados por Osvaldo Dragún, Roberto Cossa, Patricio Esteve, Carlos Somigliana y Carlos Gorostiza, enseñaron con Teatro Abierto que desde “la felicidad de estar juntos” se podía abrir paso una cultura que rompiera el aislamiento, la indiferencia y el individualismo que pretendió imponer la dictadura militar.

Osvaldo Dragún, recuperada la Democracia, lo sintetizó así:

- “Acordamos: obras breves, 21 autores con 21 directores. Nadie dijo no. Suponíamos deserciones porque lo que se proponía era trabajar sin cobrar. Nadie dirigía al monstruo. Pero la democracia de los iguales funcionó muy bien”.
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