Leo en el zócalo de un canal de televisión:
“Casi 25 millones de argentinos son pobres”.
Lo primero que me sucede es pensar que la cantidad de argentinos pobres es mayor que la cantidad de argentinos que vivían en el país cuando yo tenía ocho años, en 1960.
Luego, pienso en la palabra “casi”.
Es la misma que se utiliza para decir, por ejemplo, “casi dos metros”.
La misma palabra para cosas muy distintas.
El “casi” de la frase del zócalo significa “personas”.
Respecto de lo primero que pienso, una imagen se me presenta.
El número de un año, 1960, todos los argentinos alrededor de ese número y a partir de ahí argentinos naciendo y siendo arrojados a un lugar llamado “pobreza”.
Todos.
Respecto de lo segundo que pienso, también una imagen se me presenta.
La “pobreza” configurando un objeto que subsume las subjetividades.
Tanto la primera como la segunda de las cuestiones conducen a una “objetivación” de la pobreza.
Conducen a hablar “de” y tratar “a” la pobreza como un objeto constituido en “problema”.
La “pobreza” de la cual muchos hablan para posicionarse de determinada manera en el espectro político.
No creo que la “pobreza” sea un problema.
Considero que es una tragedia.
Una tragedia evitable.
Por lo tanto, una tragedia, una vergüenza, una crueldad.
La “objetivación” de la pobreza no es una consecuencia espontánea de un funcionamiento social.
Es una subrepticia operación deliberada a los efectos de des - sensibilizar.
Des - sensibilizar para evitar acciones que tiendan a erradicar la tragedia de la pobreza y a favorecer la construcción de situaciones, relaciones, realidades más justas.
Depende de cada una de las personas que no es pobre si permite en sí esa operación des - sensibilizadora.
O si, dolorosamente, mantiene y profundiza su sensibilidad.
Condición necesaria para producir y acompañar cambios reales que permitan garantizar, para cada ser humano que habita el territorio de este país, lo imprescindible para vivir.
Y para que las palabras dejen de ser usadas de manera descolorida y desdibujada y desplieguen el sentido que las hace significativamente valiosas.

