Tres jóvenes revolucionarios, volvieron a ser noticia, así podría llamarse el artículo que estoy escribiendo. Pero prefiero llamarlo Marita, Claudia y Ricky.


En la madrugada del jueves fue ultrajada la memoria de los jóvenes militantes revolucionarios secuestrados en los años ´70. Con sumo cuidado, sin destrozos, ni roturas, manos anónimas retiraron en la calle Alem 465, la placa recordatorio de la desaparición de Marita Quintana y Ricardo Monteiro.
Desde ese domicilio, en abril del año 1975, la garra militar inmunda que asoló a la Argentina, se “chupó” a Marita con 17 años, a Claudia, su hermana mayor con 20 años y a Ricky también de 17 años. Tres jóvenes revolucionarios. Marita y Ricky desaparecidos, Claudia presa de la dictadura por 8 largos años de tormentos, simplemente por desear un mundo más justo, libre, igualitario, fraterno y solidario.
Hoy nos cuesta creer que fue un robo, ya que la placa de acrílico con la que el municipio decidió honrar la figura de estos tres jóvenes, no tenía valor económico, era de acrílico, no de bronce, ni de mármol, materiales que podrían tener algún valor de reventa.
Por lo tanto estamos convencidos que fue un atentado, no solo contra la memoria, sino contra el compromiso de los jóvenes militantes, tanto de los ´70 como de los jóvenes actuales, comprometidos con las ideas de la justicia, la libertad, la inclusión y la solidaridad.
Este intento de nueva desaparición, este intento de silenciar la memoria, este intento de volver a repetir desde la metáfora del ultraje, la vileza del secuestro con la intención de silenciar la memoria, no tendrá más que efectos de insistencia desde aquellos que los conocimos y que deseamos que nuestros jóvenes se parezcan a ellos.
Ellos eran seguidores de las ideas de Ernesto “Che” Guevara, eran militantes, trabajadores barriales preocupados por las necesidades de los más humildes. No héroes, no mártires, simplemente jóvenes comprometidos con la sociedad en la que vivían.
Tenían 17 y 20 años, nada de la maldad los podía tocar, sin embargo los trataban de delincuentes subversivos y terroristas. Cuando la infamia del descompromiso social dice: “Algo habrán hecho”.
Afirmamos que sí, que algo hicieron, ayudaron a los que menos tenían, pensaron en cambiar el orden injusto establecido en esta sociedad, soñaron con un mundo de iguales, de igualdad de oportunidades, de compromiso solidario con las necesidades de sus congéneres, con un mundo sin castas oligárquicas, con alimentos y viviendas y escuelas y libros y arte y conocimientos al alcance de todos. Soñaron el mundo del socialismo en serio.
Ellos fueron encarcelados, desaparecidos y muertos por la dictadura cívico, eclesiástica, militar que asoló esta patria nuestra, con el fin de imponer el modelo económico del neoliberalismo.
Además de militantes, eran tres estudiantes Marita y Ricky iniciaban el 5° año en el Colegio Nacional y Claudia estaba cursando en la Universidad de Buenos Aires.
Les agradezco profundamente a los secuestradores de la placa, a los cobardes desaparecedores de la memoria, porque ellos permiten, que hoy, a 37 años de los hechos, estos jóvenes sigan siendo noticia y que los recordemos y mantengamos vivos en nuestras memorias.
Hoy nos dan la escusa para recordales a la sociedad quienes eran, de que madera estaban hechos. Nadie podrá borrar ni la sonrisa, ni la valentía de Marita; nadie podrá hacer desaparecer ni la alegría, ni los sueños de Ricky.
Ellos encarnan a los miles de jóvenes con los mismos ideales que hoy son militantes de organizaciones políticas, ellos están en la alegría de cada pibe que milita los barrios, ellos están en la sonrisa de cada chico humilde.
Gracias a los secuestradores de placas, vamos a seguir poniendo placas, tantas como sean necesarias, no por las placas en sí, sino porque tendremos la escusa de contarles a nuestros jóvenes actuales y a la sociedad toda como eran estos “hombres nuevos” soñadores de sueños colectivos, solidarios hasta la másmedula.
Mi solidaridad con las familias Quintana y Monteiro, se que alguna vez estuvieron muy solos, eran épocas en que todos estábamos solos. Hoy nos podemos acompañar.
Dijo Ernesto “Che” Guevara: “El que vive en el corazón de los demás, nunca morirá”.

7 comments
Gabriel Gaitán
1 diciembre, 2013 at 11:30 am
Estimado Jorge:
En mi modesta opinión, este hecho no tiene nada que ver con un atentado de características políticas o ideológicas. Es, quizás, mucho más grave que eso. Es un atentado contra la convivencia, contra la igualdad y contra todos los valores que alguna vez supieron inculcarnos. Este hecho - insisto, es una opinión personal - es simplemente la acción de causar un daño, como en su momento lo fue prender fuego los tarros para basura o los toldos de los negocios. Es una demostración de fuerzas de quienes los realizan. Es decir "yo hago lo que se me canta porque nadie me puede hacer nada".
Porque desde los tres poderes del Estado, justamente, se fomenta esa impunidad que algunos quieren vender - y otros compran - como un "logro" en materia de igualdad, integración y Derechos Humanos. Cuando desde el Estado se premia a la delincuencia y a la corrupción y se castiga al ciudadano decente y honrado, cualquiera es "taura" robando una placa o pateando una vidriera.
Lo grave de esto es el doble discurso: Un gobierno que tolera y fomenta este igualar para abajo, levantando impunemente las banderas de los jóvenes idealistas...
romina
15 febrero, 2013 at 6:40 am
Lo que realmente les jode a estos fachos repugnantes, no son las placas, sino la militancia que dia a dia reivindica la lucha y los sueños de estos jovenes revolucionarios. Sepan soretes complices de la dictadura que aunque saquen todas las placas, nos encargaremos de volver a colocarlas, y que estos 3 jovenes junto a los 30 mil son nuestra bandera y su lucha nuestra lucha! Y eso no lo van a poder arrancar jamas!!!
No nos han vencido!!!
Cristina González Guerci
12 febrero, 2013 at 1:05 am
Mi solidaridad, y estoy de acuerdo que hay que reponer la placa, más allá de cualquier diferencia absurda, eran militantes populares y ahí se acabó cualquier discusión.
pamela
10 febrero, 2013 at 6:00 pm
Irma, pasa tus datos así empezamos a saber quien atenta contra las placas de la memoria.
irma
9 febrero, 2013 at 5:47 pm
Antes que nada, mi solidaridad con las familias, con las madres..... Y luego, mi mas absoluto desprecio tanto hacia quienes cometieron estos hechos como a quienes, hoy se valen del sufrimiento de estos inocentes para discursear, escribir, trascender, para ser considerados alguien sin ser nada, para ocupar lugares desde cualquier lado, cargos, para ser tenidos en cuenta....Son una lacra que vive de los que sufrieron sin haber sufrido ni hecho nada. Son parásitos pagos de los derechos humanos. O como nuestra K CHORRA mayor, que vivió de la 1050 y ahora manda a la K CHORRA menor a Europa, y hablan de proyecto nacional, mientras el gran coro de eunucos le responde.....Cuanta hipocrecía!!!!!
Jorge Collado
9 febrero, 2013 at 4:27 pm
Gracias Susana!!
Susana
9 febrero, 2013 at 1:54 pm
En esta te banco, mi solidaridad con las familias y esperemos que se repongan a la brevedad
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