Entre tantas notables ideas, cuatro principios explicitó Francisco en una entrevista concedida a Télam en el Vaticano.
Allí expresó que la realidad es superior a la idea.
Por lo tanto, es válido que la idea sostenga la interpretación y aproximación a la realidad para contribuir a entenderla para actuar.
Pero no para sustituir la acción por una deformación idealista que nos aleja de la realidad.
Asimismo, expresó que la unidad es superior a las partes.
De ahí, la necesidad de la búsqueda de unidad, respetando la particularidad de la parte, pero sin desplazar sobre la parte la integridad y la fuerza cohesionante del todo.
También, que la unidad es superior al conflicto.
Es decir, que sin desconocer lo que los conflictos expresan, es fundamental no permitir que la exacerbación del conflicto conspire contra la unidad y su posibilidad de confraternidad y complementación.
La unidad implica una fuerza, una potencia para la acción y la transformación.
Finalmente, el tiempo es superior al espacio.
En palabras de Francisco, “Los imperialismos buscan ocupar espacios. Los pueblos, iniciar procesos”.
Procesos de potencialidad transformadora orientada hacia el bienestar de todos.
Particularmente, de los grandes perjudicados por situaciones cruelmente establecidas.
En estos principios, podemos observar la importancia de las particularidades en tanto subordinadas a una idea que sintetiza el progreso hacia arquitecturas sociales más justas y evolucionadas.
Las partes no compiten entre sí.
Se integran en una idea y una propuesta de acción, que sintetiza para transformar.
La competencia, debilita.
La integración, fortalece.
Años antes, y desde otro lugar social, la gran pedagoga María Montessori expresaba:
“Todo el mundo habla de la paz, pero nadie educa para la paz. La gente educa para la competencia y este es el principio de cualquier guerra. Cuando eduquemos para cooperar y ser solidarios los unos con los otros, ese día estaremos educando para la paz”.
Podemos observar en dos grandes pensadores de distintos orígenes y ubicaciones sociales, la importancia que conceden a la integración sin competencia.
A la posibilidad superadora de la solidaridad, a la potencia de la unidad, a la fuerza de la complementariedad.
Otras estructuras sociales y políticas orientadas hacia la paz, la libertad, la confraternidad y la igualdad harán posible un mundo más amable, más comprensivo, más justo y más humano.

