La Pluma con punta de fuego

Carlos Riedel1 febrero, 2013

Desde Guadalajara. México

Si dijera la verdad, debería admitir que no me gustan mucho las armas de fuego. Lo mío son los cuchillos, porque son más simples, mas livianos, muy efectivos y no requieren de tanto mantenimiento. Y disculpen si esto suena al epitafio de un viejo cazador, pero yo siento que es así.

En otro tiempo de mi vida he manipulado algunas armas. Fusiles en su mayoría, de varios tipos. Sus orígenes, muy diversos: norteamericanos, checos, belgas, armas francesas e israelíes. "Juguetes" provenientes de varios puntos del planeta.

Pero el fusil ruso Kalashnikov es diferente. ¿Alguien lo conoce?. Tal vez lo vieron muchas veces pero no saben como se llama. Es el símbolo de la guerrilla en todas las películas. Flaco y desgarbado igual que sus portadores, una mezcla de hierro y madera, aparece siempre en la tele personificando la pobreza y el hambre en Somalia, Vietnam o Camboya.

Durante una década lo encontré por todas partes, como cualquier otro soldado de mi generación: latinoamericanos, europeos, asiáticos, africanos y gente así.

Era parte del paisaje. De modo que, una vez retirado del ambiente de la guerra, quise comprarme uno por aquello de la nostalgia. Por cosas de la vida y del dinero no pude hacerlo, pero siempre quise uno.

Si tuviera uno, lo llevaría al país de los fusiles usados para que lo legalizaran e inutilizaran, y así no podría hacerle mas daño a nadie. Lo tendría en mi casa, (bueno, si tuviera una propia), entre los libros, apoyado en un rincón. Y tal vez, hasta le pondría una flor en la punta del cañón, como en esas estúpidas películas pacifistas. No lo se.

Escribiendo esta nota, recuerdo cuando lo armaba y desarmaba a oscuras, como me enseñó mi compadre David Huallpacuna en la selva del perú, en el año 2004. Me río a solas, con los ojos cerrados y las piezas desparramadas sobre la alfombra imaginaria, en un juego de escopetas como los niños...

Clic, clac. La verdad es que armarlo y desarmarlo a ciegas es como andar en bici: no se olvida, y creo que todavía me saldría de puta madre. Si un día agoto mi inspiración novelesca o me aburro de trabajar en menesteres cotidianos, podría ganarme la vida adiestrando a los de alguna guerrilla o algo así. Que tomen nota, por si acaso. Tal como viene el presente de mi economía y el futuro del mundo, quizás resulte útil.

El caso es que estaba recordando los lugares donde lo había visto antes, en vivo, no en la tele, y me acordé de haberlo visto por última vez en Bolivia, colgado del hombro de un policía antinarcóticos en Coroico, cerca de La Paz.

Admiraba su diseño siniestro, bellísimo de puro feo, me convencí una vez más de que el icono del siglo que hace algunos años dejamos atrás no es la coca-cola, ni el Che, ni la foto del miliciano de Capa, ni la aspirina Bayer, ni Marilyn Monroe atajandose el vestido...

El icono absoluto es el fusil de asalto Kalashnikov.

En 1993 alguien escribió un artículo hablando de eso: de como esa arma barata y eficaz se convirtió en símbolo de libertad y de esperanza para los parias de la tierra; para quienes creían que solo hay una forma de cambiar el mundo: arrimando plomo de punta a punta. En aquel tiempo, cuando estaba claro contra quién era preciso dispararlo, levantar en alto un AK-47 era alzar un desafío y una bandera.

Se hicieron muchas revoluciones cuerno de chivo en mano (porque acá en Mexico los llaman así), y aunque no tuve el privilegio de presenciar alguna, las vi renacer en mis viajes mochileros por los campos y las sierras de la minúscula porción de Latinoamérica que me tocó recorrer.

También ví revoluciones aplastadas o terminadas en victorias que casi siempre se convirtieron en patéticos números de circo, en rapiñas infames a cargo de antiguos héroes, reales o supuestos, que pronto demostraron ser tan sinvergüenzas como el enemigo, el dictador, el canalla que los había precedido en el palacio presidencial.

Víctimas de ayer, verdugos de mañana. Lo de siempre. La tentación del poder y el dinero. La puerca condición humana. De ese modo, el siglo XX se llevó consigo la esperanza, dejándonos a algunos la melancólica certeza de que para ese triste viaje no se necesitaban bolsas cargadas de carne picada, bosques de tumbas, ríos de sangre y miseria.

Y así, el Kalashnikov, arma de los pobres y los oprimidos, quedó como símbolo del mundo que pudo ser y no fue. De la revolución mil veces intentada y mil veces vencida, o imposible. De la dignidad y del coraje del hombre, siempre traicionados por el hombre. Del Gran Combate y la Gran Estafa.

Existen regiones del mundo donde la ley queda reducida casi exclusivamente a la justicia que imparte esta máquina de cuatro kilos y medio con once partes móviles.

El torrente de fusiles Kalashnikov de bajo presupuesto que inunda, por ejemplo, Darfur, en el Sahel africano (aquella franja de pastizales semiáridos que separa a los árabes de los negros, a los musulmanes de los cristianos, a los nómadas de los agricultores), ha devaluado la responsabilidad personal de los políticos regionales en esa guerra. Ha debilitado a las autoridades tribales. Los hombres jóvenes que antes entonaban canciones a sus vacas favoritas, ahora dan serenatas a sus armas: "el kalash trae dinero, sin un Kalash eres basura"...

En mis años de soldado, en la Infantería de Marina, nos enseñaban a cuidar y mantener bien limpio nuestro fusil, a disparar con precisión y adorar las bondades del equipamiento que el Tio Sam nos regalaba.

"La, la, la. Izquierdo, derecho, izquierdo!"... cantábamos orgullosos en el trote mientras nos creíamos verdaderos "Marines". Un sargento con voz de perro siempre ladraba la doctrina como el cura de una capilla en la homilía del domingo.

Clic, clac. La historia se repite. Armar y desarmar, engrasar y volver a armar. Desde las selvas de Colombia hasta la isla de Chipre, y desde Guatemala hasta la provincia serbia de Kosovo, fue siempre la misma historia.

Esta que nombro, es también un arma muy conocida, pero de orígen norteamericano: el M16 A2 de la fábrica Colt, que el Papá Noel de los duendes camuflados reparte en copias de plástico a los niños en sus cumpleaños y a los ejércitos "amigos" en su versión de verdad, cuando los generales llenos de estrellas y los políticos llenos de úlceras cierran el trato, apretandose fuerte las manos y tomando café.

Sin saberlo, en ese juego de color verde, fuimos jóvenes pistoleros al servicio del capitalismo, pero un capitalismo de puertas para afuera, nada productivo para nuestro propio pais. Eramos "indestructibles", bajo la bandera azul de las Naciones Unidas, como John Wayne o Rambo en las películas, ¿te acordás?.

Todo en el planeta está ubicado patas para arriba. En mi país, también.

El ingreso a cualquiera de las fuerzas armadas en la Argentina, por ejemplo, ya no requiere de vocación de servicio; tampoco de subordinación y valor. Mal puede un tipo, con semejante inspiración, ingresar a la Armada, cuando no tiene sobre que navegar. Mal puede ingresar a la Fuerza Aérea cuando no tiene aviones con que volar. Mal puede ingresar al Ejército si no tiene municiones con que entrenar.

Y los militares que se aferran al arma elegida, al arma sentida, comienzan a desertar, o son pasados a degüello.

El mundo sigue latiendo bajo un manto de impunidad, y creo que si decidiera salir a volar esta noche, la paloma de la paz tendría que usar un chaleco antibalas y unos calzones de lata.

Hoy, en el 2013, cerca de mi barrio siguen habiendo guetos, pero no de negros ni de judíos, ni de polacos, sino de hermanos latinoamericanos hondureños y guatemalatecos que esperan su ansiado viaje al norte, al "país de las maravillas".

Veo discriminación en la próxima avenida, el odio encendido en las caras de la gente, el olvido de otras partes del mundo, la permanente ilusión estéril de los desamparados en una calle cualquiera de México que se mezcla con el sonido lejano de las bombas israelíes que caen sobre un hospital en Gaza.

¿Quién escucha hablar en la CNN de Sierra Leona o de Liberia? ¿Cuantos de nosotros sabe en que lugar del mapa están ubicadas esas regiones?.

Hordas humanas saqueando supermercados en Buenos Aires contrastan con villancicos navideños cantados por niños regordetes en Austria. La sinfonía del mundo al revés.

Los mineros del Cerro Rico de Potosí, en Bolivia, siguen muriendo de silicosis a los 18 años. Me lo contó ayer mi amigo Freddy, de La Paz, porque perdió así la semana pasada a un primo suyo.

Y ahora viene la paradoja...

En este siglo XXI que comenzó con Torres Gemelas cayéndose a pedazos, e infelices degollados frente a cámaras caseras de vídeo, el Kalashnikov sigue presente como icono de la violencia y el crujir de un mundo que se tambalea. Entonces yo me pregunto: sólo el AK 47 es el símbolo de la violencia??

Este Occidente viejo, egoísta y estúpido que, incapaz de leer el destino en su propia memoria, no advierte que los bárbaros llegaron hace rato, que las horas están contadas, que todas hieren, y que la última, mata.

Pero esta vez, el fusil de asalto que sostuvo utopías y puso banda sonora a la historia de media centuria, la llave que pudo abrir puertas cerradas a la libertad y el progreso, ha pasado a otras manos.

Lo llevaban hace quince años los carniceros serbios que llenaron los Balcanes de fosas comunes. Lo empuñan hoy los narcos de México, los gangsters eslavos, las tribus enloquecidas en surrealistas matanzas tribales africanas.

Se retratan con él los fanáticos islámicos cuyo odio hemos alentado con nuestra estúpida arrogancia: los que pretenden reventar treinta siglos de cultura occidental pasando por encima de Sócrates, Martí, Shakespeare, Cervantes, Sabato o Sartre, con el manto espeso, el velo negro de la reacción y la oscuridad.

Los que irracionales, despiadados, hablan de justicia, de libertad y de futuro con la soga para atar homosexuales en una mano y la piedra para lapidar adúlteras en la otra; mientras nosotros, suicidas imbéciles, en nombre del que dirán y las malditas buenas costumbres conservadoras, sonreímos ofreciéndoles los dientes.

Lástima Kalashnikov!!!! ¿Quién te ha oído?, ¿quién te ha visto, quién te ve?...

(Inspirado en un texto de Arturo Pérez Reverte y vivencias personales)

8 comments

  • patricia

    21 febrero, 2013 at 11:55 am

    una respuesta sin desperdicio !!! solo alguien que sabe de lo que habla puede dar estos argumentos,breves pero con mucho contenido y mucho vivido detras.

  • patricia

    21 febrero, 2013 at 11:48 am

    sebastian, excelente nota.. me gusto.Y describe la violencia real del mundo, un arma no es violencia si miramos en profundidad al mundo que nos rodea. me encanto la nota.

  • Sebastian Galarza

    3 febrero, 2013 at 12:35 am

    Hola Mariano. No publico en una revista de armas porque simplemente no es el objetivo de esta nota. Simplemente es contar una realidad vista en otras regiones del mundo. Muchas gracias por tu comentario.

  • Mariano

    2 febrero, 2013 at 9:37 pm

    Hablando de conocimientos, conoces lo que es una coma? un punto? ortografía? Te incluyo entre los "aplastados mediocres" sin duda alguna.

  • Mariano

    2 febrero, 2013 at 9:33 pm

    La libertad de expresion es sin duda algo muy bueno. pero porque no publicas en una revista de armas si tanto te gustan.

  • pao

    2 febrero, 2013 at 5:06 pm

    Jajaja me encanta tus conocimientos y toda esa sabiduría•tus palabras y pensamientos con tanta verdad jaja el Señor Gonzales no entiende nada jajaja no pierdas mas tiempo en explicarle segui dándonos tus palabras tan sabias para los que en realidad entiendan jajaja te felicito sos un ejemplo para los aplastados mediocres con poco conocimiento

  • Sebastian Galarza

    2 febrero, 2013 at 4:18 pm

    jajaja, que lindo estribo me está dando para hacer pié y responder a estas palabras, señor Gonzalez...
    Saludos, mi anónimo desconocido!!!
    Entre risas y con mucha gracia leo su comentario, y me siento muy gratificado de sentir que este texto, controvertido para algunos y aceptado para otros, genera reacciones como las que usted expresa.
    Al no conocerlo personalmente, puedo hacer una lectura de lo que usted opina, como así también entrever la precaria conciencia ideológíca que posee, que, por otra parte, es inexistente. En sus tristes palabras solo puedo leer a un fascista mediocre y atrasado.
    Puedo observar que no solamente no ha comprendido absolutamente nada de lo que leyó, sino que además emite un juicio burdo, banal, irrespetuoso e ignorante, de todo lo que claramente está expuesto en mi texto. Usted es un típico personaje de los que me hacen recordar la frase: "Si los perros ladran, es señal que cabalgamos"
    Respondiendo a su primera pregunta, le digo que ya tuve la posibilidad de utilizar esa arma alguna vez, pero no empuñándola del lado de una "guerrilla", como usted lo expresa, sino del lado de las fuerzas armadas que luchaban por el ideal de "libertad", emanado naturalmente de las órdenes del "país de las maravillas", Estados Unidos De América. Durante 11 años, fui un infante de marina, de manera que alguna experiencia tengo, en este asunto de las armas.
    Tiene idea de lo que estoy hablando???. Lo dudo por sus palabras.
    He visto un mundo que tal vez usted nunca verá, y por eso mismo estoy tan tranquilo y seguro de lo que opino y escribo.
    Me gustaría saber si usted estuvo alguna vez en tales situaciones, o simplemente se ha pasado la vida aplastando su aburrida humanidad contra el asiento de una oficina, sin salir del cascarón que representa el ambiente cotidiano y seguro en el que vive.
    Al leer su burda opinión, creo poder ver su imagen de repente: veo en usted a un burócrata apoltronado eternamente detrás de un escritorio, con la luz de los ojos apagada, y que la misma monotonía del trabajo se encargó de matar. en pocas palabras, un triste tipo.
    Tal vez sea uno de esos gordos pesados de nalgas y de cráneos pelados, que transpiran agua de lavar platos y se quejan como viejas cuando intentan correr unos pocos metros, cuando les ponen una mochila, un casco y un fusil entre las manos. Yo los conozco, los he visto muchas veces. Esos gordos pesados, faltos de hombría y vigor viril, son, generalmente, los que opinan como usted, desconociendo la historia de los guerreros.
    Quiero aclararle que no solamente leí algo de historia, sino que también, en algunas ocasiones, he tomado parte de ella. Tengo una idea perfectamente clara y formada acerca de estas cuestiones porque, luego de participar durante once años en varias operaciones militares alrededor del mundo, supe realmente el precio que cuesta la paz y la libertad.
    Las películas no son sino la triste y vacía emulación de la verdad, y créame, he visto poco cine y mucha realidad.
    Por último, le comparto las palabras de un colega, publicadas alguna vez: "errar es humano, disculparse es digno, disentir es divino, opinar es magnífico, intercambiar ideas es lo mejor que podemos hacer por la democracia".
    Muchas gracias por su comentario, mi estimado desconocido.
    Ha pensado alguna vez en actuar en vez de opinar sin conocimiento??
    La aventura requiere soledad y lejanía. Para eso, primero hay que abandonar la comodidad del huevo que nos cobija...

  • miguel gonzalez

    2 febrero, 2013 at 12:07 am

    Si te gusta tanto el fusil porque no te vas a conbatir a alguna parte del mundo asi lo usás. Payaso!. Y si no proba con metertelo en el culo impresentable.
    Vos sos otro pelotudo de los que se creen "guerrillas" y viene un pendejo con una replica y se mean encima. Aparato. Vos hablas de lo que lees. No tenés idea. Lo que podes hacer es dedicarte a combatir lamierda que tenés en la cabeza. Pelotudo!. Por favor deja de mirar peliculas BABIECA!

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