Forenses argentinos entrenando a especialistas para identificar a los caídos en la Guerra de Vietnam

Carlos Riedel30 septiembre, 2012

La cercanía con Hanoi triplicó el comercio y abrió un camino de colaboración en un tema doloroso, el de ponerle nombre a medio millón de caídos en la larga guerra que yacen en tumbas NN por todo el país.

Por Raúl Kollmann desde Hanoi para Página 12

El Equipo de Antropología Forense Argentino, que juega un papel tan decisivo en la identificación de víctimas de la dictadura, está emprendiendo una de las más delicadas tareas políticas y científicas a nivel internacional: la identificación de muertos en la guerra de Vietnam.

La iniciativa fue de la Cancillería y de la embajada argentina en ese país asiático y la cuestión es de tanta importancia que fue tratado por el Buró Político del Partido Comunista de Vietnam, máxima autoridad de la nación.

Se calcula que hay 500.000 cuerpos sin identificar de la guerra en la que Vietnam derrotó a Estados Unidos y ponerles nombre y apellido a los fallecidos crea una enorme expectativa en los familiares de los caídos.

En Vietnam hay un verdadero culto a los padres, los ancianos y los antepasados, y las familias suelen enterrar a sus seres queridos en el propio campo en el que trabajan, no en cementerios. Esto muestra el impacto directo, íntimo, que provocará la identificación. En este mes de octubre se hará la primera prueba de once cuerpos.

Recorrer Vietnam no significa chocar con la epopeya de la guerra todo el tiempo: hay museos en cada ciudad, hay monumentos a los caídos, se ve todavía algún bunker y, sobre todo, cerca de la ciudad Ho Chi Minh (que todos siguen llamando Saigón), se pueden visitar el Delta del Mecong, una asombrosa telaraña de miles de canales que debieron ser imposibles para los norteamericanos.

Calor, selva, lluvia, bichos, enfermedades; un escenario en el que los vietnamitas podían vivir y los invasores no. Allí, cerca de Ho Chi Minh también están los túneles usados por la guerrilla del Vietcong para moverse de un lado al otro y hostigar a los soldados norteamericanos. Pero todo parece interesar mucho más a los visitantes que a los propios vietnamitas que prácticamente se extrañan ante las preguntas sobre la guerra.

Es cierto que pasaron 37 años desde que la resistencia vietnamita –con armas rusas y chinas– se combinara con las multitudinarias movilizaciones en las universidades y en toda la sociedad norteamericana.

Se reclamó el fin del reclutamiento y, por lo tanto, el fin de la guerra. Todo obligó a Washington a firmar los acuerdos de paz de París en 1973 y Saigón, el bastión norteamericano, cayó en 1975.

Según las cifras oficiales, murieron 2.800.000 vietnamitas del Norte y del Sur (la fuerza pronorteamericana), mientras que EE.UU. admite 58.000 muertos. Los vietnamitas dicen que las cifras norteamericanas son falsas, pero tampoco hay demasiadas polémicas sobre la cuestión.

El más grande estratega militar de la guerra, junto con Ho Chi Minh, el general Vo Nguyen Giap, vive aún: tiene 101 años. Nació en agosto de 1911. Condujo la resistencia frente a la potencia que colonizaba Vietnam, Francia, luego contra Estados Unidos y más tarde protagonizó la invasión a Camboya.

El gran vecino

Según parece, hay dos razones para que la guerra de Vietnam no esté tan presente en la vida cotidiana.

En primer lugar, porque hoy en día el país tiene buena relación con Estados Unidos.

El ciudadano común lo explica así: “Si no estamos bien con los norteamericanos, nos comen los chinos”. El temor hoy pasa por el inmenso vecino, tradicionalmente visto como el opresor.

China dominó Vietnam durante diez siglos, del I al X. Después vino una especie de independencia, de la mano de los emperadores vietnamitas, y luego el colonialismo francés. Pero el temor a China está presente en casi cualquier diálogo e incluso existe hoy una disputa por islas y petróleo.

La otra razón de la ausencia cotidiana de la guerra es que hay una fuerte presencia económica de las empresas de Estados Unidos en Vietnam.

El país viene creciendo a un ritmo espectacular, tal vez basado en un sueldo promedio de 70 dólares mensuales. Hace diez años, los 90 millones de vietnamitas se movilizaban mayoritariamente en bicicletas: hoy hay 40 millones de motos, una proporción que hace imposible hasta cruzar una calle.

En términos de densidad de población por kilómetro cuadrado, es como si en la Argentina vivieran 770 millones de personas y la mitad de ellas se movilizaran en moto.

Argentina en Vietnam

La relación entre ambos gobiernos registra una marcada buena sintonía. Argentina triplicó sus exportaciones a Vietnam en tres años, de 300 a 900 millones de dólares. Además, hay buena onda política. En 2010, muy en silencio, se empezó a tejer la posibilidad de que Argentina colabore con Vietnam en la delicadísima misión de identificar los cuerpos de la guerra.

La iniciativa partió del embajador Alberto Kaminker y fue inmediatamente respaldada por el canciller Héctor Timerman y los dos funcionarios a cargo de la cooperación internacional, Julia Levi (que ya dejó el cargo) y Sebastián Báez, responsable de Asia en la Dirección de Cooperación Internacional.

El tema fue tratado al máximo nivel del gobierno de Vietnam porque implica a 500.000 familias y un trabajo que seguramente llevará décadas.

El Buró Político dijo que sí y el Equipo de Antropología Forense, con Luis Fondebrider a la cabeza, viajó dos veces a Vietnam en 2011.

Empezó un trabajo de formación de 60 forenses, en Hanoi y en Ho Chi Minh, para que ellos encaren la tarea de comenzar con las identificaciones. En diciembre vinieron vietnamitas a Córdoba para continuar con su formación y en las reuniones e intercambios se decidió concentrarse al principio en cementerios en los que las tumbas no están identificadas, como el de Quan Tri.