El tratamiento de la inseguridad es hoy por hoy, medios mediante, un tratamiento fundamentalmente clasista. Quiero que se entienda bien este concepto, los medios nos inundan de hechos de violencia e inseguridad que ocurren en determinados sectores y solamente en esos sectores de clase media acomodada. Analizar las situaciones de inseguridad es, por lo pronto, analizar las situaciones en sí y no sus repeticiones.
Por Jorge Collado
Quiero decir un crimen o un acto de inseguridad es tratado por algunos medios a partir de la repetición y de la multiplicación del efecto desastre. Así un hecho de inseguridad es reeditado y en el psiquismo del televidente es incrustado como catastrófico y aumenta el temor, la angustia y la sensación de inseguridad.
Es decir en cada repetición se aumenta la sensación de desprotección, y el temeroso sale corriendo a comprar una alarma más, una reja más o un arma más.
Lo real es que los índices de inseguridad en la Argentina son menores que los de Estados Unidos de Norteamérica, y es uno de los menores índices en nuestra América Latina.
Pero si pudiéramos crear un índice de “sensación de inseguridad”, sería similar a la inseguridad en México.
Aquí el primer punto del análisis de la inseguridad.
Es menester decir también que: ha cambiado el tipo de robo en la Provincia de Buenos Aires, primero tenemos que decir que la Bonaerense siempre hace sus negocios y las comisarias todas tienen su valor económico, valor que hay que recaudar.
Hasta hace poco tiempo se robaban autos porque estaba el negocio de los desarmaderos, el negocio del juego, que ahora se ha blanqueado, el negocio de la nocturnidad, el negocio de la droga, el negocio de la prostitución.
En todos estos casos está comprometida la Bonaerense. El único que intento cambiar algo con respecto a esto fue Arslanian y duró muy poquito, en cambio hoy Casal mantiene los negocios de la policía intactos, entonces ahora asaltan con armas en la mano y al reboleo y son los organismos de control del estado provincial y municipal los que tienen que fiscalizar a la policía.
En Zárate un comisario no dura más de seis meses.
La conclusión no pidamos más policías pidamos mayor compromiso político para solucionar el tema de la inseguridad en nuestra ciudad. Mas fiscalización por parte del estado es lo que mejora el funcionamiento de la policía.
Si analizamos los hechos graves de inseguridad en nuestra ciudad en los últimos años, veremos que algunos tienen que ver con el gatillo fácil, con la intervención de uniformados, de algunos políticos y también con hechos que involucran a algunos funcionarios del poder judicial, que también son dignos de análisis.
Es decir la inseguridad producto del abuso de poder en una sociedad que hace síntomas.
Obviamente no quiero darle menos importancia al robo, a la violencia de género, a la trata de personas, al consumo y comercialización de drogas o a la venta de alcohol a menores, que son algunas de las situaciones de violencia a las que está sometida nuestra sociedad y los responsables no son necesariamente los uniformados sino los responsables políticos.
Tampoco quiero dejar de considerar como situaciones violentas, la problemática irresuelta por el Municipio de falta de agua potable, cloacas, basurales a cielo abierto y contaminación ambiental, que generan aun más víctimas de la inseguridad ya que son causales de desnutrición, mortalidad infantil y sometimiento a enfermedades, un sistema de salud que se cae a pedazos, con un Hospital Regional donde se mueren adolescentes por impericia en los diagnósticos. Quiero aclarar que este sometimiento a la población también es inseguridad y en este caso viene de la mano de un gobierno municipal que no invierte en saneamiento, que mal cumple con su función de policía frente a la contaminación y de un sistema de salud provincial que hace agua.
Siempre y en todos los casos, el que sufre la mayor carga de la inseguridad es el que menos tiene; es la clase que más sufre sus efectos.
Esa inseguridad muchas veces fue ejecutada por el estado y por la complicidad del sálvese quien pueda. Las políticas de obediencia a los modelos neoliberales que hemos soportado de manos de la dictadura, continuado con las políticas de ajustes de una democracia apretada por la deuda externa, finalmente llevada a su máxima expresión en los 90, han dejado en nuestro pueblo más necesitado, carencias insalvables. Cerebros irreparables, por la falta de proteínas producto del hambre y la desnutrición, flagelos increíbles como la droga, la prostitución, la trata de personas, el trabajo esclavo, la perdida de la cultura del trabajo, la falta de inclusión en las instituciones educacionales, niños que piden, viejos que no llegan a tales o viven miserablemente.
El Kirchnerismo vino a aliviar estas desigualdades.
De 2003 a la fecha se abolió el punto final y la obediencia debida; con planes asistenciales se resolvieron los problemas del consumo de proteínas per cápita; la asignación universal por hijo permitió la inclusión de muchísimos alumnos al sistema educativo, entre otras tantísimas cuestiones importantes.
Así se empieza a terminar con los problemas de la tan mentada inseguridad, ahora hay que profundizar el modelo, sintonía fina diría nuestra Presidente y ahí los dirigentes necesitan tener la creatividad suficiente para acompañar al gobierno nacional y aportar las soluciones a la medida de las necesidades de la provincia y particularmente de Zárate.
Erróneamente en nuestra ciudad se ha creado una fuerza municipal como la DPU, que ya está comprometida en un crimen y se ha implementado una tasa de seguridad para sostenerla.
Una ciudad que cambia de comisarios como se cambia de calzoncillos y todos sabemos que convivimos con una policía que, con honrosas excepciones, siempre hace sus negocios.
Es recomendable la lectura de un libro del filosofo francés Michael Foucault que se llama “Vigilar y Castigar”, que nadie que pretenda entender el tema de seguridad o policial debe ignorar.
Crear más cuerpos de uniformados de por sí, es atacar solo los síntomas, es dar un antifebril para bajar la fiebre mientras la infección nos está comiendo la vida.
Entonces, cuál es el antibiótico? El remedio se llama educación, trabajo, inclusión social.
No se trata de más policía, no se trata de más carceles, de bajar la edad de imputabilidad o más represión.
Se trata de extirpar la pobreza, esa es la única forma de garantizar una sociedad más justa para todos y como consecuencia más segura también para las clases acomodadas, lo real es que ese daño que generaron los políticas neoliberales en nuestro país tardaremos muchos años en subsanarla, hay generaciones que perdieron la cultura del trabajo y eso es lo que tenemos que recuperar.
Para solucionar estos problemas es necesario meterse en el fondo más profundo y erradicar los focos de infección, sabiendo que se trabaja para el futuro. Recuperando el espacio que generaciones de políticos perdieron, ese espacio es la militancia y el compromiso de cada uno con nuestra sociedad, este es el tiempo de lo nuevo, de lo joven y de los que puedan levantar las banderas de los sueños de igualdad e inclusión que pedían los militantes de los setenta.
Es necesario profundizar un modelo que aun necesita seguir recuperandola Ley, garantizar salud, educación, vivienda para todos, niñez sin trabajo, vejez digna. El derecho a generar y desarrollar la propia cultura. El desarrollo de los científicos y pensadores que estén alineados con el campo popular. Los medios productivos con la participación de los trabajadores. El estado como regulador de las diferencias de clases defendiendo siempre al trabajador. Los medios de difusión lejos de la oligarquía y de los monopolios y si en manos del pueblo.
Ahora aclarados estos puntos de vista, pensando en cómo mejoramos una institución plagada de sospechas como la Policía Bonaerense, que tuvo entre sus ilustres Jefes a Ramón Camps y policías como el comisario Patti, simplemente para nombrar algunos, que asesinaron, secuestraron, robaron e hicieron sus negocios sucios. Dejaron en la fuerza una contraeducación.
Cambiar la institución es necesario para que se entienda la nueva misión de las fuerzas del orden. Lo que tienen que entender es que cambio del “Orden”: significa que ya no se secuestra, ya no se roba, ya no se desarman autos y no se trafica, ni se generan negocios con la prostitución o la nocturnidad. Cambio del Orden significa, estar del lado del soberano y no en su contra, y el único soberano es el pueblo.
Quiero recuperar algunas palabras del Ministro del Interior del gobierno de Héctor Cámpora, cuando asume su mandato el 25 de mayo de 1973, luego de firmar el decreto que pusiera en libertad a los compañeros presos políticos. El Ministro de Cámpora les dijo a los jefes del a Policía Federal, nada más actual:
“Los invito a reflexionar acerca de su misión en esta nueva etapa histórica y poner en claro qué es lo que se debe y qué es lo que no se puede hacer. Existen todavía hábitos, reflejos, que inducen a actuar como si nada hubiera cambiado. Formas de comportamiento que se consideran normales simplemente porque hace muchos años que no se conocen otras.
Es habitual llamar a los policías guardianes del orden. Así seguirá siendo. Pero lo que ha cambiado, profundamente, es el orden que deben guardar. Y en consecuencia, la forma de hacerlo. Un orden injusto, un poder arbitrario impuesto por la violencia, se guarda con la misma violencia que lo originó. Un orden justo, respaldado por la voluntad masiva de la ciudadanía, se guarda con moderación y prudencia, con respeto y sensibilidad humana.
La función policial no será combatir al pueblo. Ahora nadie pretende que de sus armas deba salir la solución a los conflictos. La Policía tendrá nuevas obligaciones y quiero enumerar algunas de ellas. Tendrá la obligación de no reprimir los justos reclamos del pueblo. De respetar a todos sus conciudadanos, en cualquier ocasión y circunstancia. De considerar inocente a todo ciudadano mientras no se demuestre lo contrario. De comportarse con humanidad, inclusive frente al culpable. Nadie será sometido a castigos o humillaciones adicionales a la pena que la justicia le imponga. La sociedad debe protegerse del delito, pero será ineficiente si no comienza por comprender que sus raíces no están en la maldad individual sino en la descomposición de un sistema que no ha ofrecido garantías ni oportunidades. La violencia ha sido una constante en el país porque el mal ejemplo vino de arriba. La ilegalidad ha gobernado por mucho tiempo a la Argentina porque el poder estuvo divorciado de su única fuente de legitimidad que es la soberanía popular, manifestada a través de sus instituciones establecidas en la Carta Magna.
Cuando el gobierno del pueblo jura solemnemente que defenderá sin claudicaciones los derechos humanos, no está repitiendo una abstracción de liberalismo hipócrita. Piensa en hombres y mujeres concretos, a quienes permitirá disponer de un techo y un trabajo. De educación para sus hijos y cuidado para su salud. De bienes materiales pero también de objetivos espirituales. La Policía y las cárceles suelen ser mejores espejos de un gobierno que las palabras de los gobernantes. Queremos que en la Policía argentina también se refleje la transformación que ya vive el país.
Las reglas del juego han cambiado. Ningún atropello deberá cometerse. Ninguna vejación a un ser humano debe quedar sin castigo. El pueblo no es el enemigo, sino el gran protagonista.”
Hasta aquí las palabras de uno de los fundadores de la ideología de La Cámpora. Entonces marquemos el futuro y sepamos construir lo que falta: profundicemos los caminos históricos de nuestro movimiento, aun estamos en deuda con el tratamiento de la inseguridad, nos debemos más escuelas, más inclusión, más igualdad social, hacer de las cárceles lugares seguros y dignos, con la única intención de rehabilitar; nos debemos mayor transformación de las instituciones que guardan el orden fundamentalmente en la formación del nuevo policía.


2 comments
Cesar
30 septiembre, 2012 at 7:34 pm
Cáffaro es una gran vendedor de humo y espejitos de colores porque la ciudad es un verdadero desastre con la enorme mayoria de las obras inconclusas y con un nivel de delincuencia y marginalidad nunca antes visto , encima quienes estan encargados de la D.P.U muestran un nivel de improvisación sin precedentes.
Pablo
30 septiembre, 2012 at 3:16 pm
Estamos en manos de inútiles e incompetentes que no saben que hacer , en Zárate es más que evidente que no hay ninguna politica seria y a largo plazo en materia de seguridad.
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