VIOLENCIA “EN” LAS ESCUELAS
Por Guillermo Rivelis.
El entrecomillado de la palabra “en” se debe a que, efectivamente, asistimos a una triste y sumamente peligrosa situación de violencia en las escuelas.
Todos disponemos de esa información y no es necesario repetirla en esta nota.
Pero con lo que estoy en desacuerdo es que se hable de “violencia escolar”, como si la violencia fuera un atributo exclusivo o primordial de las escuelas.
En primer lugar, en las escuelas suceden otras cosas que nada tienen que ver con la violencia.
Actualmente, sigue siendo así.
Cosas muy hermosas, educativas, instructivas, formativas, relaciones de colaboración, cooperación, vínculos de compañerismo y amistad, fundamentales tareas de enseñanza y aprendizaje tienen lugar en las escuelas argentinas de hoy.
Por otra parte, es necesario considerar que las situaciones de violencia que ocurren en las escuelas son consecuencia y reflejo de la tremenda realidad de violencia social, política y económica.
Los niños y adolescentes no la inventan. La reproducen. Y lo hacen con las características extremas propias de la edad a lo cual se suma, muy probablemente, una condición psíquica particular de la persona que la lleva a cabo.
La violencia política está a la orden del día. Desde los más altos estratos dirigenciales, involucrando a muchos de sus actores, individualmente u organizados.
La violencia social es cotidiana y fácilmente observable.
Personas que se enfrentan verbal y corporalmente por una cuestión producto del tránsito (un choque o un raspón) entre dos autos, por ejemplo.
Personas, familias viviendo diariamente y durmiendo en las veredas ponen de manifiesto ser víctimas de una aberrante violencia.
La violencia económica se registra en la cantidad de personas desocupadas, en las vergonzosas sumas de dinero que cobran la gran mayoría de los jubilados, en los sueldos que no alcanzan para completar un mes de consumo de artículos necesarios para la vida, entre otras situaciones.
Entonces, la violencia no empieza “en” la escuela.
En la escuela explota de maneras desconcertantes y tremendas.
Se ha decidido en algunos lugares del país que los alumnos concurran sólo con una cartuchera y una carpeta para controlar que no entren armas.
Vamos a tener que tomar el toro por las astas y no ocuparnos únicamente de las consecuencias de la violencia, sino de sus orígenes y causas.
De lo contrario, puede pasar que en un futuro muy próximo los alumnos sean sometidos a un “cacheo de armas”, para ingresar a la escuela.

