Construyendo el camino a la gloria (parte II)

Carlos Riedel21 junio, 2014

“¡Quiero llorar! ¡Dios Santo, viva el fútbol! ¡Golaaaaaaazooooooo! ¡Messigoooll! ¡Messi! Es para llorar, perdónenme... Messi, con un remate memorable, en el zapatazo que elige gritar todo un país... pulga atómica... ¿de qué planeta viniste? ¡Para dejar tanta agonía iraní! ¡Para que la Argentina sea un puño cerrado, gritando por esos 23 jugadores!... Argentina 1 – Irán 0... Lioo, Lioo, Lionel Andrés Messi... Gracias Dios, por el fútbol, por Messi, por ésta emoción, por este pase a octavos de final.”

Messi gol a Irán

Pará. Sí, ya sé. No jugamos contra Inglaterra. Es cierto. El rival era Irán. De verdad. Sí, también es real que el partido fue en primera ronda y aún necesitamos mucho rodaje. Tal vez sienta mucha euforia al escribir estas palabras a las 15:43 de éste sábado, pero ¿qué querés que te diga, hermano?

Ustedes imagínense la mente de este animal feroz, de esta bestia insaciable, de esta estrella que nos puso el destino en nuestro camino. Una persona a cual tildaron de “antiargentino” por no cantar el himno, por no querer romperse con la albiceleste, por la plata que no jugaba con pasión. Él tenía una mochila en los hombros que cargaron miles de payasos durante su periodo con la Argentina. ¿Lo ven, genios? ¿Lo vieron? 90+’1. El pibe se saca un defensor de encima, impulsa la pelota hacia la escuadra y deja en ridículo al arquero iranés. Magia y efectividad. Caviar y champagne.

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La Selección no fue lo que esperaba (hace menos de una semana, todos las personas que somos Seleccionadores sabíamos que el 4-3-3 o 4-2-3-1 era para golear a toda la competencia. ¡Jaaa!) y debe mejorar muchísimo en volumen de juego. Romero, el arquero manco, sacó tres pelotitas que eran gol seguro. Sabella sabe que debe mejorar. Los jugadores también. Dejémoslos trabajar tranquilos, si están ahí es porque deben saber bastante más que nosotros. El tiempo y los resultados son los dos únicos jueces que dictarán la sentencia final.

Argentina - Irán

Vuelvo a mencionar, y hasta esbozo unas disculpas por el exitismo desarrollado, que lo estoy comentando en un momento de euforia. Pero gracias, hoy y siempre, a Leo Messi. El tipo que resignó su vida perfecta con sus amigos de España porque quería triunfar con la camiseta más linda del mundo. Y vaya que ya calló a más de uno. El camino es largo y puede ser que nos volvamos antes de lo pretendido –ojalá que no-, pero este tipo ya se ganó un lugar inmenso en mi corazón.

Una lágrima me recorre la mejilla. Qué lindo es el fútbol, la pucha digo.

Argentina - Irán