DEGENERADXS: “DE NOCHE, TODOS LOS GATOS SON PARDOS"

Carlos Riedel15 julio, 2017

Bruno cruzó la calle esquivando los autos que se agolpaban tras la luz roja del semáforo. Llevaba prisa en las piernas y frecuentemente lanzaba miradas por encima de sus gafas oscuras para diseccionar la calle. Sudaba bajo su chamarra de piel a pesar de la frescura del ambiente, producto de una lluvia que había desquiciado la ciudad.

Su elegancia natural y sus movimientos felinos lo hacían confundirse entre los destellos del cuero que lo vestía y los reflejos húmedos de la calle, mientras luchaba por mantener encendido el cigarrillo.

En el teléfono comparaba su avance con el gps y trataba de traducir la maraña de líneas coloridas en  edificios reconstruidos. Sentía, de cierto modo, que estaba haciendo algo clandestino.

Las historias de amigos le habían infundido visiones surrealistas: apretujados entre bares de mala muerte y tiendas de ropa, se encontraban lugares donde todo era posible, donde la noche se prolongaba agobiada en su eternidad improvisada que protegía a los iniciados, como sombras gatunas al fondo de un callejón oscuro. Un impulso eléctrico le recorrió la columna vertebral: siempre se había sentido atraído por el riesgo, eso que se siente al deslizar un dedo sobre el filo de una navaja sin llegar a cortarse.

Extrañaba esa sensualidad, ese pequeño instante de vacío, de caída libre, que se abría ante él y su siempre nuevo amante. Le gustaba pensar el primer encuentro (y probablemente el último) como la venida de la incertidumbre y creía en su capacidad de comenzar de cero cada vez, después de todo, el vació no es la ausencia, sino una posibilidad de lleno.

Llegó al lugar y empujó la puerta de hierro y vidrio, subió por unas empinadas escaleras y tocó timbre. Un sonido eléctrico resonó en todo el edificio y la chapa se abrió.

II

- ¿Vienes muy seguido por aquí?

-  No realmente, es la primera vez que entro a este lugar.

-  ¡Ay, sí! No te hagas pendejo…

-  ¿Por qué?

-  Pareces muy confiado. Además, eres muy bueno en lo que haces.

-  ¿Tú crees? -  Bruno hizo una pausa para limpiarse los labios y la barba - Tampoco te quedas atrás.- Le dijo mientras se separaba del muchacho,  Buscó con la mirada  la cara del chico, hasta encontrar una suerte de rostro mal dibujado por reflejos violáceos - Deja de mirarme así.

-  ¿De mirarte? No mames, no hay luz en todo el lugar.

-  Puedo sentirlo, siento tus ojos clavarse en mi nuca.

- ¿Te molesta? Porque me gusta ver cuando me… - el chico interrumpió la frase con un rosario de gemidos.

- No, realmente, pero preferiría mantener el secreto, es más excitante ¿No crees? - le dirigió una sonrisa lasciva que se iluminaba por la luz negra mientras retorcía su cuerpo en un vaivén ondulante.

- ¿No quieres que sepa quién eres en en realidad?

- Aunque me conocieras, no lo harías.

Se abalanzó sobre él empujándolo contra la pared.y se hizo un crujido que movió la estructura de los demás cubículos. Un cálido hilo húmedo brotó de su unión desesperada, como muchos antes que él, como muchos otros por venir. Luego, el silencio de la satisfacción.

- Por cierto ¿cuál era tu nombre?

LUIS MATUS: (El Espinal, Oaxaca, 1991): Lic, en Artes Visuales por la Universidad Nacional Autónoma de México. Por otro lado: arquitecto frustrado, ingeniero de imágenes, ‘macuarro’ de las artes, dibujante de perversiones y, más recientemente, escritor improvisado de lengua larga.