Recuerdos del día que murió Perón

Carlos Riedel1 julio, 2015

El 1 de julio de 1974 a las 13.15 fallecía Juan Domingo Perón. Jorge Taiana, hijo del médico del presidente se enteró de la noticia por teléfono. Ese día el legislador Dante Gullo sintió que “se quedaba solo”. María Angélica no tuvo fuerzas para ir hasta el Congreso y prendió velas por toda la casa. En esta nota de INFOnews, historias de militantes más allá de las coronas, el féretro y las largas filas del Congreso.

Por Cecilia Toledo

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Jorge Alberto Taiana le dijo a Juan Domingo Perón que no. Que no convenía que viaje a Paraguay el 6 de junio de 1974. El presidente había sido invitado a participar de un acto por la devolución de los trofeos de guerra. Taiana era su médico personal.

-No es conveniente que el General viaje-.

Eso le dijo el doctor Taiana a José López Rega.

-Sí, sí- contestó "El Brujo" ante la recomendación médica.

Perón venía con problemas de salud. El viaje a Paraguay implicaba esperas en el aeropuerto, muchas horas a la intemperie y con frío. Lo mejor, era suspender esa actividad.

El 6 de junio, Perón viajó igual.

A los 26 días y, con 78 años de edad, el presidente se estaba muriendo.

El lunes 1 de julio, a las 14.10, Estela Martínez de Perón –en ejercicio de la presidencia desde ese 29 de junio- anunció a todo el país la noticia. Había muerto El General.

“Era un militar antiguo, disciplinado y austero. De costumbres moderadas. Comía bien. Era un buen paciente. Pero no tenía buena salud. Y ese viaje al Paraguay culminó con su muerte”. El que recuerda aquellos días es Jorge Taiana, ex canciller y hoy legislador porteño. Su papá, Jorge Alberto, fue el médico de Perón.

Jorge se enteró de la muerte del general por la red de teléfonos de presidencia. Esos equipos funcionaban en los autos de los ministros. Desde allí lo llamó su papá.

-Hijo, murió Perón.

peron-murio-

La vida por Perón

El 1 de julio de 1974 en Buenos Aires no hubo diarios. Los trabajadores gráficos mantenían un conflicto con las empresas periodísticas. Para conocer los detalles del fallecimiento, los argentinos tuvieron que esperar al 2 de julio a la madrugada, cuando los periódicos volvieron circular. En sus tapas y titulares se multiplicaban dos palabras: “muerte” y “Perón”.

“La sensación fue de una gran tristeza y preocupación” recuerda Jorge Taiana, 40 años después. Los militantes y funcionarios veían que con gran dificultad Perón estaba conteniendo las tensiones de la época. Y sin él, el panorama era todavía más oscuro.

El 1º de julio, a las 10.25 Perón sufrió un paro cardíaco “del que se logró reanimarlo” informaba el comunicado médico difundido a horas de su muerte. Pero el paro volvió a repetirse al rato “sin obtener éxito todos los medios de reanimación. El teniente general Juan Domingo Perón falleció a las 13.15”, informaba el parte.

De ese día Taiana recuerda varias cosas. Una es el “ruidoso silencio del pueblo” acongojado por la muerte del General. Y dice que la tristeza no sólo se vio en las largas colas que se armaron alrededor del Congreso, donde se veló al presidente, sino en “las fábricas” y centros de traslado “como Once o Constitución” donde pudo ver a un pueblo “enormemente triste y visiblemente preocupado”.

A cuarenta años de ese 1 de julio de 1974, Jorge Taiana recuerda que ese lunes tuvo la sensación de estar viendo una película. “Para nosotros, los jóvenes de ese momento, que habíamos luchado por las consignas Perón Vuelve o La Vida por Perón fue muy duro verlo en el cajón”.

Esa escena funeraria aceleraría los tiempos del golpe cívico militar. López Rega ganaba terreno al lado de Isabelita, alejada de la vicepresidencia. Las tres A ya operaban en la caza de militantes. Aunque Perón estuviera muerto, muchos daban la vida por él.

Muerte de Perón

El viaje al Congreso

Hace 40 años los restos del presidente, vestido con uniforme militar, eran instalados en la capilla de la quinta presidencial de Olivos. Allí se lo veló hasta las 8 del día 2. Después, sus restos fueron trasladados a la Catedral Metropolitana, donde se rezó una misa de cuerpo presente.

Colocado en una cureña, el féretro, custodiado por granaderos, fue conducido al Congreso. Allí permaneció hasta las 9.30 del jueves 4. Pasaron casi 135 mil personas frente al cajón. Afuera, más de un millón de argentinos se quedaban sin poder despedirse.

El 1 de julio de 1974 Hilario Arellano tenía 30 años y trabajaba como playero en una estación de servicio de La Plata. Ese mediodía estaba en su casa cuando la noticia se trasmitió por televisión, en cadena nacional. Terminó de escuchar la información sobre el fallecimiento del presidente y llamó a su amigo Bocha, trabajador ferroviario.

-¿Vamos al Congreso?

-Vamos.

Salieron disparando. No había pasado media hora desde que se difundió la noticia cuando Hilario y su amigo viajaban a desde la estación de Tolosa, La Plata, hacia la Capital Federal.

“El tren explotaba de gente. Cuando llegamos al Congreso también había una multitud. Algunos rezaban, otros gritaban y lloraban. Fue impresionante. Y nosotros sabíamos queestábamos participando de una parte de la historia argentina. Había muerto el mejor estadista que tuvo el país”, recuerda Hilario.

Fuera en tren o en colectivo, ese día el traslado, era gratis. El transporte público también estaba de luto. Y al servicio de quienes necesitaran viajar para despedirse del tres veces presidente de los argentinos.

“Nos quedamos solos”

Mientras en Argentina miles y miles de personas se movilizaban para participar de los funerales del presidente, las miradas del mundo apuntaban a Alemania. Allí se jugaba elMundial de Fútbol. Durante varios de los partidos que se disputaron ese lunes el 1 de julio, hubo un minuto de silencio en homenaje al presidente argentino.

“Nos quedamos solos” fue lo primero que sintió Dante Gullo –hoy legislador porteño- cuando se enteró de la noticia. Por esas semanas había estado organizando un encuentro entre Ricardo Balbín (UCR) y Juan Domingo Perón, del que él también participaría. Pero la muerte frustraba todos los planes.

“Había una sensación de vacío, de dolor, algo tremendo había sucedido”, recuerda Gullo a INFOnews. No se equivocaba. Un año y nueve meses después se producía el golpe de estado más sanguinario que vivió la Argentina.

Hasta acá, la historia del funeral de Perón fue contada por quienes pudieron despedir los restos del presidente. Como toda historia, ésta tiene además otras historias. La de quienes por falta de fuerza, plata o distancias, ese día no pudieron llegar al Congreso.

Eso le sucedió a María Angélica Barrios, quien en julio del 74´andaría por los 60 años. “No eran los 60 de hoy, sino otros que le había dejado marcas en el cuerpo. Andaba siempre medio agachada y esa posición le sumaba años”, recuerda hoy su nieto, Claudio Gómez.

María Angélica nació en Verónica, un pueblo bonaerense. Y era una agradecida de Perón. “Le había dado a ella, a mi madre y a nosotros una máquina de coser y una pelota”. Por esos tiempos no sólo eran regalos sino también “respuestas” recuerda Claudio cuarenta años después.

Cuando murió Perón Claudio estaba en la escuela. “En el barrio todos parecían acongojados. Pero mi abuela estaba particularmente angustiada y demasiado callada. Creo que le faltaron monedas y fuerzas para ir hasta el velorio, pero no le faltó voluntad para encender una velas en casa”.

María Angélica veló a Perón en su casa, lejos de las largas filas del Congreso y de las enormes coronas. Fue una ceremonia íntima, austera y sentida. Una de las tantas que se sucedieron ese 1 de julio de 1974.

Muerte de Perón