En la década del cincuenta, durante los años de esplendor del primer peronismo, se conformó en la Cámara de Diputados de la Nación una comisión de investigación sobre casos de torturas en las comisarias del país; la misma fue presidida por el Diputado José Visca, de ahí se la conoció con el nombre del precitado legislador.

José Visca fue un oscuro dirigente y diputado peronista, quien comenzó su carrera política en el partido Demócrata Nacional, que en la provincia de Buenos Aires tenía como uno de sus principales referentes al ex intendente de Zárate, Luis Güerci. Precisamente esa cercanía al caudillo conservador zarateño hizo que ejerciera el periodismo en nuestra ciudad dirigiendo los diarios El Debate y La Tribuna, voceros del pensamiento del partido del fraude.
Fue en La Tribuna, un diario de poca pero “recordada” vida donde Visca desarrolló su más execrable pensamiento reaccionario y fascista.
En sus páginas se volcaba un discurso violento y netamente antisemita soliendo por ejemplo tratar al presidente de la bancada socialista, Israel Marajosvski, como el “judaico” Concejal socialista (diario La tribuna Año III, Nª 746, 9/11/1932).
Ya en la segunda mitad de la década del 40 empezó su militancia en el naciente peronismo, siendo electo diputado para el periodo 1949/1953. Desde allí no dejó de manifestar su pensamiento reaccionario y autoritario, una de sus primeras participaciones fue en ocasión de la expulsión de la cámara del diputado radical, Agustín Rodríguez Araya, quien fue sancionado por la cámara por dichos considerados injuriosos a la figura del Presidente Perón en el marco de un acto político. Años más tarde, en la década del 70, el hijo del diputado radical fue asesinado por la triple A en la ciudad de Rosario.
Paradojas de la historia que le dicen.
Pero seguramente la actuación más “destacada” de este diputado fue cuando encabezó la tristemente celebre comisión conocida como Visca. Creada por inquietud de diputados radicales, entre los que se encontraban Frondizi y Balbín, con el objeto de investigar casos de torturas en cárceles y comisarias de todo el país.
Sin embargo en poco tiempo este objetivo quedó totalmente desvirtuado y la comisión terminó investigando a los medios de prensa contrarios al gobierno, resultado de su accionar se cerraron diarios como La Nueva Provincia de Bahía Blanca, Los Andes de Mendoza, Democracia de Junín ( pertenecía al dirigente radical Moisés Lebensohn), La Opinión de Pergamino, La Capital de Rosario, entre otros tantísimos medios escritos, pero seguramente el caso más emblemático es el de La Prensa de Buenos Aires, confiscado a la familia Gainza Paz y entregado a la CGT.
Pero el accionar censurador y de persecución política de la Comisión no sólo alcanzó al periodismo grafico, también cerró Radio Belgrano, clausuró la sede y las actividades de la Liga Argentina de los derechos del hombre.
Intervino la Asociación Argentina de Abogados y prohibió el libro “América Latina: Un país” del escritor Trotskista; en ese entonces, Jorge Abelardo Ramos, quien luego fuera el creador del llamado pensamiento nacional y un aliado permanente del peronismo.
Además limitó la venta de papel de diario para afectar sobre todo al diario La Nación, como así también a La Prensa; antes de ser cerrado.
Esto favoreció al recientemente nacido diario Clarín, que en en su comienzo se apoyó en el gobierno peronista y ante la escases de papel para los diarios lideres en aquellos años, creció con el negocio de los avisos clasificados. Paradojas de la historia que le dicen.
Hablando de paradojas una de las batallas de estos tiempos peronistas kirchnerista, es la pelea con el grupo mediático Clarín, hasta ayer nomás socio del mismo gobierno.
No se ha escatimado desde el poder político cualquier método, artimaña o procedimiento para ganar esta batalla. En primer lugar se aprobó una ley de medios, necesaria por cierto, una deuda pendiente de la democracia argentina de esta época, pero hasta ahora su mayor logro es saber cuando viene un espacio publicitario.
Al respecto, es bueno recordar que a fines de los ochenta un proyecto de democratización de los medios ideado por el diputado radical, Osvaldo Álvarez Guerrero, murió por un acuerdo entre el peronismo-Carlos Grosso- y la UCEDE de María Julia Alsogaray.
Este proyecto prohibía explícitamente que quienes tienen medios gráficos puedan acceder ha medios audiovisuales, su fracaso y el triunfo del proyecto de Grosso-Alsogaray fue la antesala de la privatización de los canales y la entrega de Canal 13 al grupo Clarín y por consiguiente la consolidación de la gran corpo. Otra paradoja de la historia.
A pesar de la ley de medios, sobre la cual la justicia aún no se ha expedido sobre la constitucionalidad o no de la misma después de tres años de haber sido aprobada, el gobierno ha creado una red de medios amigos subvencionados con dineros públicos, con el único objetivo de defender el discurso oficial.
Desde el ya característico 6/7/8 en la teve pública, dedicado a la difamación de opositores y “enseñar” a la opinión publica de como se debe leer la realidad, pasando por el fútbol para todos, que con fondos público es utilizado como usina de propaganda oficial cada vez más descarada.
A esta realidad hay que sumarle la connivencia de empresarios mediáticos que en pocos años han crecidos económicamente y consolidado grupos de medios que sirven a los intereses del relato oficial, y quienes sobreviven gracias a la pauta publicitaria que emana del propio estado.
En este aspecto es importante destacar el escándalo que significa la violación de la propia ley de medios que el gobierno pergeñó, al permitir que el empresario de la timba, Cristóbal López, pudiera comprar el grupo Hadad, donde conviven la señal C5N, Radio 10, varias FM en Capital y el portal minutouno.com, entre otros medios.
Es bueno preguntarse si empresarios como Cristóbal López, o Spolski-vaciador del Banco Patricios- son el ejemplo de la burguesía nacional que el gobierno pretende tener como aliados para su proyecto “nacional y popular”. Estaría bueno preguntarse también si Tineli es el ejemplo de televisión o de cultura que se persigue desde los ámbitos oficiales, ahora que se habla de un acuerdo entre el mencionado Cristóbal López y el “zar” de la decadencia y vulgaridad televisiva.
Otro recurso de apriete y mordaza es la insólita prohibición de publicar en los medios gráficos las ofertas de los hipermercados y que algunos empresarios han aceptado mansamente seguramente por miedo a represalias.
Desde el gobierno y sus voceros, algunos con el mote de intelectuales, se sigue hablando de la democratización de la palabra y el pluralismo, a esta altura lo que se ve lamentablemente es un intento de imponer un discurso único y de un berretismo setentoso y absurdo para los tiempos que corren, utilizando el apriete y compra de voluntades; sin la brutalidad del fascista Visca, pero con la misma vulgaridad de un populismo precario y primitivo.
Paradojas que le dicen.
