Investigaciones - ArtículosLa cobertura del caso Kiara y los pecados repetidos del periodismo

Carlos Riedel19 noviembre, 2013

La beba mereció la atención de todos los medios nacionales. Su mamá, de 15 años, también menor de edad, debió soportar interrogatorios de muchos cronistas. La importancia de dejar de mostrar la foto cuando el menor aparece. “La prioridad es el bien superior de las niñas y los niños”, señaló Cynthia Ottaviano, defensora del público.

Por María Florencia Alcaraz (Infojus Noticias)
Ilustración kitsch
Las cámaras y los micrófonos apuntan con certeza. Del otro lado una chica rubia vestida con ropa deportiva y el pelo atado llega a la comisaría de San Nicolás.
Es la mamá de Kiara Romero, la nena de 18 meses que estaba desaparecida desde el viernes. La primera pregunta, lejos de aportar a la información sobre un caso policial, sienta a la chica en el banquillo de los acusados: “¿Tenés algo para reprocharte?”.
El interrogatorio continúa: “¿Por qué la dejaste a la nena?” Desde los estudios de televisión, los periodistas se quejan porque no se difunde la identidad de la chica. Su nombre no se hizo público porque la mamá de Kiara es menor de edad: tiene 15 años.
La noticia tiene como protagonistas las imágenes de dos menores: la nena perdida en una foto y su mamá en el relato audiovisual.

“Desde la Defensoría del Público se destaca el esfuerzo de los medios de comunicación en su colaboración con la búsqueda de la niña y la trascendencia que tuvo la difusión de su imagen. Sin embargo, la difusión cuando ya se ha encontrado a la niña, deja de tener el mismo efecto. De hecho, siempre hay que tener en cuenta que la prioridad es el bien superior de las niñas y los niños, entonces, si se sigue difundiendo su fotografía una vez hallada, puede producirse una vulneración de su derecho a la intimidad y a la imagen”, dijo la titular de este organismo, Cynthia Ottaviano.

Además de la foto multiplicada en todos los medios inclusive después de la aparición, las declaraciones de su madre también se reprodujeron sin fin.

La edad parece no ser un tamiz para abordar una cobertura periodística que proteja a la chica de 15 años frente al tsumani mediático. Los periodistas preguntan, la chica responde. ¿Tiene conciencia que su imagen y sus declaraciones a la prensa van a ser vistas por mucha gente? ¿Evaluaron los cronistas si la cobertura y exhibición de las imágenes pueden perjudicarla?

Cuando se trata de niños, niñas y adolescentes existen una serie de pautas y reglamentaciones que algunos profesionales del periodismo parecen olvidar.

La Autoridad de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA), la Defensoría del Público y Unicef difundieron recientemente un manual para proteger a los niños y niñas de esta exposición.

El cuadernillo sistematiza recomendaciones para respetar el derecho a la intimidad y privacidad de los niños y niñas cuando se habla de ellos en los medios. También organiza herramientas útiles a la hora de entrevistar, grabar o fotografiar cuando se escribe sobre ellos. Todas son sugerencias para mejorar la calidad informativa, no se trata de normas punitivas.

Este mediodía, cuando se conoció la noticia que la nena había aparecido en Córdoba, las cámaras abordaron a la madre sin mediación. “Pregunte a los chicos si quieren ser fotografiados y si quieren ser identificados en la foto o video”, sugiere el manual que está disponible en la web.

“Al entrevistar e informar acerca de un chico o chica tenga especialmente en cuenta su derecho a la intimidad y la confidencialidad a que sus opiniones sean escuchadas o tomar parte de las decisiones que las afectan y a ser protegidos frente al daño y las represalias reales o potenciales”, dice en otro de los puntos que el cuadernillo enumera y que los periodistas no tuvieron en cuenta.

La chica de 15 años vomitó su bronca –natural ante la desaparición de su hija– ante las cámaras que registraron y repitieron hasta el cansancio esas imágenes.

“En este caso nadie mejor que ella puede relatar su situación, pero el reportaje tiene que ser cuidado. Las preguntas tienen que tratar que no se estigmatice o se juzgue su vida a futuro”, dijo  el periodista Hugo Muleiro, uno de los redactores de este manual.

El padre de la nena, otro joven menor de edad, también habló ante los medios. Su nombre aparecía en el videograph que acompañaba su rostro detrás de lentes de sol y auriculares colgando de su remera.

El Consejo Asesor de la Comunicación Audiovisual y la Infancia (Conacai), que se creó bajo el amparo de la Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA), también elaboró una serie de criterios de calidad para una mejor comunicación audiovisual destinada a niñas, niños y adolescentes.

Una de las pautas habla de “dignidad”. Plantea que se deben evitar la transmisión de prejuicios y estereotipos. La cobertura sobre la desaparición de Kiara apuntaba a sospecha de la madre.

Hoy un presentador de noticias entrevistó al fiscal Ariel Tempo y la primera pregunta fue: “¿Sospecharon de la mamá?”. Vale la pena recordar: una chica de 15 años. A pesar de que Tempo insistía que en ningún momento habían puesto el foco en la madre, el periodista insisió: “¿Pero a la mamá ya la tomaron indagatoria?”

Las preguntas sobre su comportamiento también aportaban a la estigmatización y el caos generalizado: “¿No tenía para pagarle a alguien que le cuide a la nena?”.

Otra de las sugerencias del cuadernillo de la Conacai que quedan rebotando como una pelota que algunos eligen no agarrar dice: “Se debe contribuir a la comprensión social de niños, niñas y adolescentes como sujetos de derecho. La violencia física o simbólica no debe ser apelada como forma de entretenimiento o como vía eficaz de resolución de conflictos”

La criminalización de la familia es una forma de abordaje que aparece en otros casos policiales. Durante la explosión mediática del caso Ángeles Rawson esta también fue la perspectiva desde la que se cubrió la noticia.

Cuando las aguas se calmaron, la Defensoría del Público elaboró un informe donde cuestionó: “Respecto a la tendencia a culpabilizar a la familia, es preciso señalar que la caracterización estereotipada y discriminatoria también fue uno de los recursos más utilizados por los distintos canales para habilitar la sospecha sobre ella” dice el texto.

La propia LSCA pone la linterna sobre los niños y las niñas. En el artículo 70 de esta legislación plantea:

“La programación de los servicios previstos en esta ley deberá evitar contenidos que promuevan o inciten tratos discriminatorios basados en la raza, el color, el sexo, la orientación sexual, el idioma, la religión, las opiniones políticas o de cualquier otra índole, el origen nacional o social, la posición económica, el nacimiento, el aspecto físico, la presencia de discapacidades o que menoscaben la dignidad humana o induzcan a comportamientos perjudiciales para el ambiente o para la salud de las personas y la integridad de los niños, niñas o adolescentes”.

Aunque muchos periodistas no lo creen, la utilidad también es un criterio de noticiabilidad. Además de los cuidados pertinentes en un caso de estas características, la información que nadie aportó -y que debería estar presente- es la respuesta a un interrogante que emerge siempre en estos casos: ¿Qué hay que hacer cuando desaparece una persona?

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