Estamos en la tierra de nadie/ pero es mía/ los inocentes son los culpables/ dice su señoría/ el rey de espadas… (Canción de Alicia en el país, Charly García. 1980)
Producción y textos: Gregorio Galli/Carlos A. Riedel
Noches oscuras pobladas de fantasmas uniformados y el duro eco de camiones patrullando. Silencios absolutos prolongados en días donde el color verde oliva estaba sumado a la cotidianidad y el espanto no era una sensación revelada aún cuando algunos, solo algunos, lo presintieran. El observador común, había abandonado la sorpresa inicial para transformarla en esa inercia que provoca el miedo y el estado de sospecha permanente, que instalado en el subconsciente colectivo le hizo ver como guerrillero, zurdo o subversivo a todo aquello que actuara diferente al orden marcialmente impuesto.Los medios de comunicación, benditos órganos del objetivo relato de la realidad, no rompieron el marco y tampoco, en su mayoría, se esforzaron. En una Argentina cíclica donde las democracias eran apenas un paréntesis entre dos golpes militares temieron perder la alineación, quedar expuestos a las represalias de los que vinieran. Aunque el auténtico peligro siempre penduló sobre las cabezas de los periodistas, los que ponían el cuerpo, porque las empresas - las grandes - terminaron comulgando en las fuentes del terror. En otro extremo, una raza que generacionalmente vivió asomada a los cuarteles con la histórica concepción que las soluciones de todos los males venían al compás de fanfarrias y sones castrenses, sonrió satisfecha. El pacto estaba cerrado. Lacrado con obsecuencia, colaboracionismo y privilegios compartidos. Igual que en la Revolución Argentina (1966) y antes la Revolución Libertadora (1955), el Proceso de Reorganización Nacional gozaba de buena salud, era ley suprema en el Imperio del Rey de Espadas que esta vez llegaba con intenciones de perpetuarse.
Las comarcas del miedo y la ciudad del no me acuerdo
Y el Reino se fraccionó en comarcas bajo la tutela de dictadorzuelos disfrazados de interventores, obedientes al poder central,recibidos con loas por las elites locales; sustentado en la tenebrosa maquinaria que, desde las sombras, aseguraron la… Absoluta normalidad en la ciudad y la zona (titular del diario La Defensa Popular, Campana, 25 de Marzo de 1976). Cada región tenía suparticularidad pero en todas, el Rey reconoció un único y absoluto enemigo sin importar la investidura que llevara: obrero,estudiante, militante, profesional o simplemente ciudadano corriente con la carga de haber cometido el delito de ser familiar,cónyuge, amigo o conocido de un activista peligroso, ergo guerrillero. Todos eran una amenaza. Todos eran culpables.
Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, a sus simpatizantes, a aquellos que permanezcanindiferentes y finalmente mataremos a los tímidos (Gral. Ibérico Saint Jean, Virrey de la Provincia de Buenos Aires)
En cada territorio, las sociedades quedaron envueltas en un manto de violencia que creció hasta la desmesura, confundiendo las sensaciones, transmutando los valores, condenándolas a la sordera, la ceguera y el mutismo como un singular resultado del instintode conservación. Entonces no hubo remordimientos cuando ignoraron las primeras voces que preguntaban ¿porqué? o ¿dónde están?, el imaginario salvoconducto cumplió su cometido y hasta logró atravesar el tiempo convertido en negación y olvido, aunque soplaran nuevos aires y del imperio cayeran los últimos ladrillos. Sobretodo en aquellas comunidades donde todos se conocían y los secretos circulaban a media voz pero los nombres propios tenían tanto peso específico, que el silencio le ganó la partida a la duda. Por sobretodo, en un microcosmos que vivió y vive a la sombra majestuosa de un gigante, el gran benefactor. Motor de estabilidad y progreso zonal, el otro Reino, sospechado y sospechoso de haber jugado el juego del Rey de Espadas. Campana, polo industrial de la zona norte de la Provincia de Buenos Aires, centro neurálgico del denominado Cordón Rojo de la Ribera del Paraná, por la actividad y militancia obrera; uno de los bancos de pruebas, a partir de 1975, del accionar conjuntodel Ejército y la Triple A lopezregista, previa a la primer gran escalada de aniquilamiento en el monte tucumano (Operación Independencia). Campana que tuvo los primeros indicios y las primeras víctimas del accionar ideológico-represivo, de pronto, se quedó sin memoria. Llegó a la conclusión que aquí no había pasado nada. Fue (es) la ciudad del no me acuerdo, donde de eso….no se habla..........El interés de la sociedad campanense por ese pasado es nulo. Tal vez hay alguna inquietud en los más jóvenes, lo observo en mis alumnos del profesorado de Historia, pero tienen las limitaciones de un temor que proviene de padres, hermanos mayores o tíos, entonces les cuesta participar, involucrarse. Ser parte de este ejercicio de hacer que la memoria siga trascendiendo, señala Miguel Antonio Di Fino, historiador, periodista y docente. Convengamos que lo sucedido solo fue posible con un entramado socio-político donde convergieron el terrorismo de Estado, pensado desde las Fuerzas Armadas y el apoyo cívico-empresarial. Es difícil imaginar la represión en Campana sin ese concurso y en lo empresarial, el papel de Siderca ha sido fundamental, afirma,sosteniendo que es una de las razones primordiales para que la alarma todavía suene en las cabezas de la gente impidiéndole comentar, dar información, inclusive recordar, con el valor agregado que en el día a día, a los presuntos represores ycolaboracionistas locales, se los ve caminado tranquilamente por la calles, manifiesta, sustentado en el resultado de una investigación iniciada en 1998, junto a Ariel Núñez y Soledad Sadonio. Se empezó de la nada, porque no había nada, así que el más difícil de los pasos fue el de reunir testimonios, llegar a los auténticos actores, cuenta el historiador, reconociendo que en la apertura apareció la desconfianza, aunque algunos casos fueran conocidos. Ese arranque estuvo bajo el imperio de las leyes de impunidad del radicalismoy el enorme retroceso que, posteriormente, trajeron las políticas sobre Derechos Humanos del menemismo, apunta. Una realidadque hizo más férreo el sigilo y sobre la cual mucho se hablaba pero nadie escribía nada, continúa. Una verdad relatada a medias por militantes y sobrevivientes que comenzó a ver la luz, cuando el primer familiar se atrevió a presentar un habeas corpus. Ahí comenzó a escribirse la auténtica crónica de la zona. Carlos Theis, peronista, operario en Dálmine Siderca de 1972 a 1992, ex–delegado y miembro de la Comisión Interna en los períodos 1983/84 y 1987/1992, convalida que lo acontecido en esa época sigue siendo el gran espectro que merodea la ciudad y al que no todos se han animado a enfrentar, definiéndolo como una necesidad de dar una salomónica vuelta de página. El alma pueblerina no acompañó el crecimiento estructural que experimentó el distrito, indica y sostiene que la posición de la empresa constituida en el paraguas protector de la ciudad, granjeándose de esa forma la mayoría de la opinión pública, tuvo una influencia trascendente. Por otro parte, asevera Theis, muchas familias que tuvieron un allegado perseguido, detenido o desaparecido lo vivieron como algo vergonzante, entonces eligieron el aislamiento, muchas veces ayudado por el entorno, y el enmudecimiento. La familia de Oscar Bordisso (desaparecido el 18 de junio de 1977) por ejemplo, con la que he tenido una relación cercana, aún hoy evita hablar de lo sucedido.
Todos los caminos conducen a….
Dálmine Siderca, propiedad del grupo económico Techint, integrante actual de la alianza comercial Tenaris Siderca, se radica en Campana en 1954. A principios de 1976, su línea de producción tendría un importante incremento con la puesta en marcha de las plantas de Reducción Directa y Laminación Continúa (LACO 1), primera en el mundo, cuyo montaje había demandado una inversión de 150 millones de dólares. Mil nuevos puestos de trabajo se abrirían en la zona; mil nuevos integrantes del emporio, muchos de los cuales, igual que tantos otros, no tardarían en mostrar orgullosos por la ciudad el rasgo de su pertenencia, aún en horarios no laborales, la ropa azul con el filigrana identificatorio. Eran de Siderca. La factoría alcanzaría, de esta manera, un plantel operativo de 5000 empleados y desde las altas oficinas ya se había tomado la decisión de poner en marcha una estrategia de control al sector gremial que conspirara contra los lineamientos financieros del Grupo. Reordenar el desorden producto de la militancia y, de paso, colaborar en la eliminación de focos de activismo peligroso interno. Ya hacía tiempo que circulaban nombres en registros provenientes del cuerpo de inteligencia de Campo de Mayo y de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). Amenazas de suspensiones o despidos no parecieron suficientes, hacía falta algo más contundente para frenar a esos peronistas, marxistas o comunistas y el 24 de marzo de 1976, sería un buen día para empezar la tarea o…. ¿continuar lo subrepticiamente iniciado un año antes? El listado de secuestrados y/o desaparecidos del circuito represivo Campana-Zárate, actualizado al 29 de septiembre de 2011, registra 169 casos. En esa nómina, 50 víctimas comprobadas desde inicios de 1975 tenían vinculación con la planta siderúrgica. Un nuevo relevamiento de la Comisión de Derechos Humanos de Zona Norte, sumando nuevos testimonios, podría elevar la cifra a 75, según datos suministrados por Guillermo Betancourt, ex-operario del complejo y referente del Frente de Izquierda y de los Trabajadores.Nunca hubo una aclaración de la empresa, una toma de posición, solo existe una investigación en curso donde surgen nombres de directivos que tuvieron contacto con familiares que recurrieron a la fábrica en búsqueda de noticias sobre quién no había regresado a su casa, en la inocencia de creer que de esa manera no perdería el trabajo y a las 48 horas recibían por parte de la firma el telegrama de despido, relata Di Fino. El apellido Sartor, jefe de personal por la época, surge como recurrente entre los que intentaron encontrar una respuesta, puntualiza. La historiadora Victoria Basualdo, en su informe Complicidad patronal-militar en la última dictadura argentina, los casos Mercedes Benz, Astarsa, Siderca y Acindar, considera que el tema Siderca ha sido el menos conocido y por lo tanto el más complejo para encontrar las vinculaciones dirigenciales con el aparato coercitivo. Virtud sin dudas de la inteligencia Techint, deslindando responsabilidades en la exclusiva actividad de las fuerzas militares sobre las desapariciones de sus obreros. Habilidad para utilizar el rol de eje central de movilidad económica y social de la ciudad como concluyente método de disuasión generalizada. La inconsciente (¿consciente?) complicidad generalizada, a pesar de declaraciones posteriores que fueron confirmando que las intervenciones del ejército, con o sin uniformes, tuvieron características similares a las observadas en otras industrias. Presencia intimidatoria, infiltración, personas marcadas, detenciones y el alcance de la ley 21.400 de Seguridad Industrial, que otorgaba al Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea el poder de vigilar los ritmos de producción de los grandes centros fabriles e imponer los medios necesarios para desaparecer cualquier obstáculo que lo impidiera. La historia daría un inapelable veredicto. Los secuestros o desapariciones en la Argentina comenzaron en Córdoba en 1973 y en Campana en…. ¿1975?, aunque los contemporáneos lo negaran o…. ¿no se percataran? Atentados claro que hubo, si esto era una guerra, pero ¿gente desaparecida?, que yo me acuerde no, adujo un ex-operario consultado.
Obreros Asesinados/Desaparecidos y/o Secuestrados vinculados a empresas del Grupo Techint
1975 : Gómez, Jorge “El Oso” Rubén, 25 a./ Márquez, Alberto Federico, 31 a./ Gómez, Enzo “El indio” Raúl / Caprioli, Roberto Osvaldo / Malvicino, Lorenzo/ Cordero, Juan Carlos “Oveja”/ Amaranto, “El diablo”.
1976 : Calegerópulos, Ramón, 22 a./ Bedia, Alberto Luis, 34 a./ Moreno, Raúl Arnoldo, 27 a./ Martínez, Manuel Ignacio, 20 a./ Culzoni, Armando, 24 a./ Amarilla, Rodolfo / Amarilla, José Ramón, 25 a./ Medina, Pablo León, 27 a./ Fateche, Carlos José / Rendich, Néstor Miguel, 34 a./ Guerrero, Ricardo Héctor, 23 a./ Agnolli Nillo, “Oveja”, 28 a./ Villaverde, Antonio, 30 a./ Nebulosi Afenori, Mario Alberto, 22 a./ García, Pedro, 23 a./ Gómez, Romualdo Omar, 24 a./ Ramat Díaz, Raúl, 27 a./ Monteiro, Antonio Augusto, 41a./ Multrazzi Pugliese, José Alberto, 23 a.
1977 : Bordisso, Oscar Orlando, 40 a./ Ingenieros, Enrique Roberto, 27 a./ Giménez, Luis Fructuoso, 50 a./ Rodríguez, Carlos María, 25 a./ Fernández, Darío Ceferino, 36 a./ Harriague, Nelson Bautista, 31 a./ Tealdi, Luis Alberto, 55 a./ Dos Santos Lezcano, Ítalo/ De La Fuente, Jorge Luis, 25 a.
1978 : Puppo, Roberto José
1979: Torrente, Juan José, 35 a./ Garrido, Pascual.
Sin año ni fechas confirmadas: Riesco, José Luis/ Roldán Fabiana/ Orlando El Negro/ Luque, Horacio/ Gordillo Pascual/ López, J/ Herrera, Vicente/ Ibáñez, Valentín/ Martínez / Burian, Graciela / Brutti, Luisa.
Nómina sujeta a modificaciones
No cuentes lo que hay detrás de aquel espejo/ no tendrás poder / ni abogados / ni testigos/ Enciende los candiles que los brujos piensan en volver / a nublarnos el camino… (Canción de Alicia. Charly García. 1980)

