Primero arrancas hacia el Oeste, siempre vas hacia el oeste y nunca termina, es decir vas y vas y es como la línea del horizonte, cuanto más vas para allá, más lejos queda...

...pero es lindo cuando uno va con ese eslogan de hacer política. Empezás a caminar y las casas se van sumando de a una, y terminan siendo muchas.
El Oeste en nuestra ciudad es una experiencia increíble, es realismo mágico, un espacio entre las vías del Mitre y Panamericana, porque cada vez estamos más cerca de Panamericana. Por donde arranques, el oeste zarateño es casi todo igual, el mismo paisaje, las mismas necesidades.
Quiero decir, da lo mismo ir por España o por Rómulo Noya, por Pellegrini, por Larrea o entrar hacia el oeste por Barrio Saavedra. La ciudad se está poblando para el lado que tenía que poblarse pero sin ningún tipo de planeamiento y sin ningún tipo de servicios y lo que es peor, sin ningún tipo de preocupación por parte del estado municipal.
Así es que como siempre arrancamos algunos compañeros de militancia para el oeste, un día de semana cualquiera, con Leo, Juani y Pato, un acto que hacemos desde que militamos, en mi caso intermitentemente desde hace 40 años, Leo con 34 años hace 18 o 20, Pato y Juani que son pibes, desde que arrancaron. Lo que pasa es que cada vez queda mas allá, casi podríamos decir que hoy, hay un lejano oeste.
Cuando creemos que llegamos nos sentamos en algún patio y compartimos un mate con algunos vecinos. Los mates en los barrios son dulces y cariñosos. Dulces porque el mate con azúcar es la posibilidad de consumir algunas calorías durante el día, así que uno ruega para que no falte el azúcar; y el cariño es lo que aporta la gente cuando uno va a escuchar su problemática.
El tema es que le llevamos solo la oreja porque no tenemos mucho más, no contamos con ningún aparato que nos permita llevarle chapas o electrodomésticos o algo que necesiten.
Ideológicamente somos contrarios al clientelismo político, entonces es preferible no llevarle más que comprensión y cuando hablamos de esos temas, le decimos: “Gente agarren lo que les traigan, uds. saben que al cuarto oscuro entran solos”. Podemos llevarles algunos libros que los chicos del MUE (Movimiento por la Unidad Estudiantil) cambiaron por tortas en las campañas del tortilibro, y no mucho más. A veces conseguimos unos guardapolvos y se los acercamos a algún vecino para que los reparta.
Hace muchos años en los ´70, en una oportunidad, con unos compañeros fuimos a llevar juguetes a Villa Negri, recuerdo que fuimos con Marita Quintana y Víctor Mosquiera, con el Vasco Oyarzabal y con Miguel McCarty entre otros, tres de ellos están desaparecidos, Miguel pagó con la cárcel primero y el exilio después y otros nos escondimos en el anonimato. Pero lo que encontrábamos en los barrios era lo mismo que hoy, necesidades y afecto.
Así que hoy y siempre militancia significa estar al lado de la gente de los barrios y todo lo que llevamos es la oreja y la gente nos cuenta que les pasa, como está viviendo, que es lo que el barrio necesita. Ahí no hay agua potable, no hay cloacas, ni ropa de marca, ni objetos lindos y se necesita de todo.
Ahí casi no hay tendido eléctrico, no hay medidores comunitarios de electricidad, ni canillas comunitarias. Ahí falta el Estado. Y como falta el estado están los que venden droga, los que arman una cocina de paco o trafican, porque allí el estado no está y no está la policía y es tierra de nadie o tierra de pobres que viene a ser la misma cosa.
Por eso sostenemos que los que más sufren la inseguridad son los más humildes, porque desgraciadamente a un pibe no incluido, con una familia desintegrada, sin contención familiar o del estado, le ofrecen $200 por día para vender droga y entre el hambre y la ilegalidad, está clara la opción.

Esta semana estuvimos con Paola que es una madre más, una como muchas en tantos barrios y nos dijo: “miren yo no quiero nada para mí, porque me educaron para que me pueda procurar las cosas que necesito”.
Paola tiene 8 hijos y una dignidad a prueba de cualquier sufrimiento. La hija más grande tiene 20 años y estudia ingeniería en la UTN de Campana, todos sus hijos están escolarizados, van a la escuela más cercana o a la secundaria que más posibilidades le pueda dar, los que están en la secundaria van a escuelas técnicas del estado.
“Yo lo escuche a Néstor decir: se necesitan ingenieros, por eso mando los pibes a escuelas técnicas” nos dijo. Nos cuenta que hace 10 años que vive en ese barrio, que en los años jodidos del triunfo neoliberal tuvo a uno de sus hijos con desnutrición de grado dos.
Paola tiene el último medidor de luz del barrio pero las casitas de chapa y madera se extienden unos 200 metros más hacia el oeste. A su casa llega una manguera con muy poca presión de agua, los cables que llegan al medidor vienen de una cableada que da miedo, cables a muy baja altura de unas columnas improvisadas por los vecinos, camina cuatro cuadras para dejar la basura por donde suele pasar el basurero, tiene ocho cuadras de barro para llegar hasta el transporte público. De su casa para el oeste, nada más que soledad.
Paola es la patria que tenemos, no es un ejemplo, es el emergente de nuestro pueblo, una como muchas.
Le preguntamos, como hace para cuidar a sus hijos de los narcos. “Lo único que les puedo decir es que tienen que estudiar , le hablo todo el tiempo -nos dice- Nos juntamos todos los días alrededor de la mesa y hablamos”.
Alguien, alguna vez, me dijo que la palabra curaba y que alimentaba, creo que por eso decidí ser psicólogo, lo curioso es que el que me lo dijo fue un cura caminando hacia el oeste, y ahora ya no se suelen ver curas por estos lares. Aquellos eran los curas del obispo tercermundista Carlos Ponce de León, asesinado en un simulacro de accidente automovilístico por la dictadura.
Puedo entender lo que me cuentan porque veo en Paola a mi madre que insistía como ella con el mismo martillo: “hay que estudiar”. “Estudiar es la forma de sacar la cabeza del barro”, me decía la vieja y hoy en el barrio Paola sigue repitiendo las mismas palabras.
Mi vieja trabajaba doblando el lomo sobre la máquina de coser y le planchaba las camisas a Josesito, el hijo del carnicero del barrio, para que sus hijos estudiaran y hoy Paola hace lo mismo.
La ayuda, por suerte, el estado con sus asignaciones para cada chico, un estado que le da esa bendita contención. Lamentablemente el estado municipal está ausente y prefiere hacer una costanera como la que tenemos y no obras de infraestructura necesaria en los barrios periféricos.
Paola nos cuenta que se cruzó con Cáffaro en un acto y fue a saludarlo y le dijo: “Sr. Intendente gracias por la costanera… Y gracias por olvidarse de mí y de mis hijos”.
Ahora…, ¿por qué motivos uno va a recorrer los barrios como si fuera un vendedor de biblias?
Y la verdad es que vamos desde siempre porque tenemos miedo a los malos, miedo a la derecha, miedo a lo establecido y a lo que se va a establecer, miedo a la burocratización de la política y al poder que corrompe. Es decir, en mi caso, voy al barrio para no olvidarme y no fracasar si alguna vez nos toca formar parte de algún gobierno. Porque definitivamente conozco muchos que fracasan al triunfar.
De hecho, el intendente viene del socialismo, habrá tenido en sus orígenes minimamente los sueños de Alfredo Palacios, pero hoy en el poder es la derecha, que deja de pensar en las bases y piensa en el negocio y en el dinero. El poder corrompe.
Néstor Kirchner decía que había que construir el contrapoder. Entonces la pregunta es ¿cómo se construye ese poder alternativo?.
El poder alternativo es la gente. Que esa gente, que las bases se puedan manifestar democráticamente y que los dirigentes salgan de los barrios, es la posibilidad de construir ese contrapoder.
Perón construyó su poder con una enorme masa de inmigrantes a los cuales les dio bienestar, después vino Eva Duarte y le dió más. Después vino la Libertadora de la mano de los asesinos de siempre y nos quitó todo, menos la lucha y la dignidad. Entonces luchamos y nos cagaron a tiros y la pasamos muy mal y vino el 2001 y desde la derrota más cruda surgió el hermoso grito de la multitud, entonces vino Néstor y empezamos a caminar para el oeste ganando y dándole fe a la gente para que recupere su dignidad.
Entonces, por miedo vamos al oeste, vamos porque le tememos a la derecha que siempre amenaza con desembarcar. La derecha del poder instituido, la de Macri, la de la burocracia Sindical, la del gobernador Scioli, la derecha de Cáffaro.
Vamos porque, como decía Néstor, el poder no se toma, el poder se crea y para crear ese poder tenemos que ser muchos de los nuestros, muchos humildes juntos, porque los humildes, los pobres, los marginados, los no incluidos son la izquierda que piensa y actúa solidariamente.
Pero para ser coherentes, no debemos crear ningún aparato, digo no crear orgánicas burocráticas, porque el aparato de poder, la máquina de poder te termina burocratizando y morfando.
El peronismo en un movimiento, amplio y solidario; el partido justicialista es un aparato. El movimiento está ahí para ser multitud, el partido, para armar una orgánica de poder.
El aparato está totalizado para siempre, el aparato debe ser desarticulado, para cambiarlo hay que destruirlo o de lo contario te morfa y “guay” de no crear desde el contra poder otro “aparato - poder establecido” porque terminamos siendo Cáffaro.
Paola dice: “Yo no quiero nada para mi”, y eso es maravilloso porque es como decir quiero todo para todos. En esa enunciación no hay aparatos, no hay orgánicas.


2 comments
pablo castelli
3 febrero, 2013 at 3:04 pm
De terror !!!. !!! Que cabecita !!!. Por ser ultra-livianito, esto es solo obra de un comentarista antiperonista perteneciente a un espacio "político", sobre la triste realidad, que termina en este razonamiento plano porque todos en ese lugar, pertenecen desde hace años más a la generación de grandes problemas, que al análisis de las posibles soluciones.
C. Zarzycki
1 febrero, 2013 at 10:48 am
Los felicito , brillante ...
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