Cacerolas y democracia

Carlos Riedel10 junio, 2012

A mi me encantan los cacerolazos. Hay algo bizarro en esas manifestaciones en que una señorona lleva a su uniformada doméstica a cacerolear mientras ella cuida que nadie le saque los dòlares del sobaco.

Por Oscar José Trujillo

A mi me encantan los cacerolazos.

Hay algo bizarro en esas manifestaciones en que una señorona lleva a su uniformada doméstica a cacerolear mientras ella cuida que nadie le saque los dòlares del sobaco.

Más aún, hay algo simpático en los jovencitos de la UCA que, enfundados en Fiorucci, recorren la ciudad puteando a un gobierno que reparte netbooks entre "negros" que no se la merecen.
Una plaza cuyo objeto es reclamar dólares.
Juro que, aún cuando esas blondísimas representantes de lo más granado de la nata (no hablo de Lanata, que ese es un actor de varieté. Le falta el plumero en la retaguardia para pelearle el premio a Pamela David) me reconcilian con el principio superador de cualquier mal humor: daría mi vida para que ellos pudieran expresarse.
Festejo que puedan llegar a los cientos (o decenas) de manifestantes en la Plaza de Mayo.
Así la clase media -medio pelo- puede reclamar lo que más le duele: comprar divisas estadounidenses.
Está bien. Que lo hagan: "El campo somos todos", dicen con bombachas y boinas. Pero mis ahorros en moneda yanqui, y que a la Patria se la lleve el Zonda!.
Que pataleen y que fortalezcan un partido político -una alianza- que los lleve al poder cual Unión Democrática: No erá Braden o Perón: será Magnetto o Cristina.
Está bien.
Es saludable.
Ya no golpean cuarteles...
Pero tampoco chupamos clavos desde este lado.
Si quieren debatir, deberán hacerlo con una población que está dispuesta a disputarles el monopolio de la verdad.
No les faltarán socios: la izquierda caviar, los gauchitos de 4x4, y las multinacionales.
Los esperamos...
Gracias Oscar por esta mirada de la realidad