Las andanzas de un gángster catalán

Carlos Riedel4 agosto, 2012

Delirio y redención es la dialéctica que ilustra con cierta precisión la deriva existencial de "Dani, el Rojo", el gángster catalán amigo del músico argentino Andrés Calamaro que acaba de publicar sus memorias en un libro al mismo tiempo cómico y dramático.

Por Pablo E. Chacón para Telam

"Confesiones de un gánster", recién publicado por las Ediciones B, es una historia ambientada en la España del posfranquismo, donde un jovencito, cultor de la "mala vida", vive su momento de gloria hasta que el paso de los años y el hartazgo lo alejan de esa forma de vivir pero deja intacto su inconformismo.

Desde Barcelona, Dani contó que "había que estar en España durante los últimos años de Franco... Si tenías algo de sangre, te rebelabas de alguna manera. Este no era un país muy agradable", dice el protagonista del libro.

El periodista Liuc Oliveras nació en 1977 y conoció a Dani, el Rojo a raíz de la grabación del documental "Profesionales. Los atracadores más peligrosos de los 80", para el que contrataron al gángster como asesor.

Con unos meses de tratarse, el también productor y director se dio cuenta que "Dani, el Rojo" era una cantera de anécdotas y un representante cabal de la llamada transición española hacia la democracia. Así nació este libro.

 "Mi nombre es Miguel Angel Soto Martín, pero casi todos me conocen como Soto o el Millonario. Por mi corpulencia y porque siempre le he echado un par de cojones a la vida, muchos se han referido a mí como el Verraco, pero si algo tengo claro, es que después de todo, sólo me queda una única reflexión a tener en cuenta: dar gracias cada día por seguir vivo", abre su confesión.

Los personajes que enroscados en una historia de confusión, delincuencia, drogas y demás que logran volver de su infierno personal, son un clásico de la literatura y el cine aunque son pocos los que sobreviven para contarlo, y menos con tanto humor y éxito como ha tenido nuestro personaje, que habla maravillas de Calamaro, para quien ha trabajado como guardaespaldas.

En el prólogo, Calamaro escribe que: "De un tiempo a esta parte mis mejores amigos son gánsters, chorros y piratas... No tenemos un universo en común como mis compañeros de oficio, pero encontré en mis queridos bandidos un profundo entender".

Y agrega que "los dos somos asilvestrados padres de familia, tenemos las mismas dificultades para dormir de noche y las mismas soluciones, los dos sobrevivimos a las complicaciones derivadas de los infiernos tóxicos aunque, conociendo la vida de Dani, adivino que sus infiernos fueron más profundos, más calientes y más peligrosos".

"Fueron" es el verbo adecuado. "Es que yo empecé a robar de muy pequeño, 8, 9 años, sólo por la adrenalina que generaba la cosa, no porque lo necesitara. Y después llegaron las bandas, las chicas, el sexo, las drogas y los atracos grandes a bancos", cuenta Dani.

 "Pocas cosas más excitantes que preparar un asalto, organizar un robo con un grupo de profesionales. Y que salga bien. Es como escuchar, cuando todo ha terminado, el sonido de una banda bien ajustada y potente".

En el proceso de reconversión a hombre "normal", este sosías de Cohn-Bendit (el auténtico Dany el Rojo del Mayo Francés), Dani también trabajó como guardaespaldas de Lionel Messi y de los músicos españoles Enrique Bunbury y Loquillo".

Dice Dani que fue "Loquillo quien lo metió en el ambiente del rock, que no era igual al que frecuentaba, salvo en algunos aspectos: las drogas, por ejemplo. A mí me costó mucho bajarme del `caballo` (la heroína) que consumí mucho en los 80".

"Si te inyectas heroína y cocaína juntas (El speedball que liquidó al saxofonista Chet Baker, entre otros), es complicado salirte de ese mundo, pero España, en esa época, era un disparate y todos estábamos metidos en esa marmita. Algunos perdieron. Otros nos salvamos por milagro", asegura este sobreviviente de una época bien movida.

 "Hoy mi vida es otra. Me ocupo de la familia, los niños, los amigos, tengo trabajo, conozco muchas cosas y a mucha gente, no me faltan grandes amigos", precisa.

El ritmo de "Confesiones..." es tributario de las mejores novelas de acción, y el lector no puede terminar de creer que alguien haya soportado tantos vaivenes sin haber volcado de manera terminal.

 "Bueno, tío, siempre he sido grandote, me he alimentado bien y no consumí basura. Y aunque eso no sea garantía de nada, lo que creo me ha salvado es cierto instinto de supervivencia y el amor de los amigos y de los seres queridos, que es lo más importante", concluye este gamberro a quien pocos dudan que le ofrezcan pronto un papel en algún filme que podría tratar de su propia vida.