Por los caminos invisibles de América Latina. La ruta del Che Guevara...

Carlos Riedel13 abril, 2019

De Argentina hacia el norte. La cordillera y los llanos. La rebeldía mansa y el espectro gigante que todavía ronda en las noches entre el caserío pobre y la selva enigmática.Un cigarro, una boina y una barba descuidada y esos ojos penetrantes esperando la emboscada.

Por Sebastián Galarza desde Guadalajara. México

Los-caminos-del-Che-Guevara

Saliendo de Santa Cruz ,al sur y al occidente,llego al pueblo de Samaipata,es la yunga boliviana.

El calor agobia, la camisa se pega al cuello, enrojecido y lastimado. Mas al sur, en Vallegrande, se escucha el parloteo de un río, que ruge en sus aguas marrones y brilla en el verde de sus margenes de selva.

El sol cae como plomo sobre mi cabeza, y aqui voy, sentado sobre bolsas con comida, mi mochila entre las piernas y la botella plastica de agua, hierve en el calor sofocante de este viejo Camion Bedford.

A mi lado, la realidad. Mujeres con trenzas mascan maíz y charlan en quechua, llevan niños pequeños aferrados a sus espaldas encorvadas.

Mastico hojas de coca para aliviar el viaje y sigo, aguantando el polvo que inunda mi boca reseca.

Llego a un caserío pequeño, casi inaccesible, que me recibe con una sensacion de soledad y abandono.

La topografía es agreste y montañosa, con sierras bajas y monte cerrado. Estoy en la Higuera.

Una anciana esta sentada en el portal de madera de su rancho de adobe, y mira despreocupada a los viajeros con sus enormes mochilas.

Un burro mastica el pasto, amarrado al poste de la despensa. Casitas de adobe y techo de paja, tranquilidad sumergida en las nubes.

Aquí murió él en 1967, regando con su sangre la tierra de estas callecitas pequeñas.

Su figura se enaltece cuando observo su estatua, desde abajo. Pareciera que investiga el horizonte con su vista clavada en el frente, como si quisiera salir corriendo, de su tumba de cemento.

Me pregunto que habrá pensado cuando marchaba por estos parajes, cuando salia de patrulla junto a los otros, en busca de la emboscada.

Mi mente intenta recrear el combate en la Quebrada del Yuro, donde cayó herido en una pierna luchando junto a Simeon y Juan Pablo, sus últimos guerreros.

Veo la escuelita, pobre y abandonada, donde fue torturado y asesinado, cumpliendo su conviccion de libertad y justicia.

Me pregunto que habra pensado él, cuando el Ejército y la CIA  se le vinieron encima.

Se lo que piensa un soldado cuando vive a la intemperie...

Se lo que pasa en la mente  cuando se aferra el fusil contra el pecho...

Sentir el fierro en las manos, la culata contra el hombro. pensar en la familia, los amigos lejanos. El dedo que acaricia el gatillo, el músculo tenso esperando al enemigo.

Pensar en el amor, en esa última caricia que quizas jamás regrese...

La traspiración inunda la cara pero uno no se mueve, los insectos devoran la carne pero el hombre no los quiere sentir, el cuerpo se resiste al sufrimiento...

Y en un instante, mínimo, cortito; el mundo vuela en pedazos frente a los ojos. La barbarie, la muerte, el miedo...

El miedo, ese fiel compañero que sigue como un perro lastimero. La adrenalina que ayuda a luchar.

Él fue un soldado, valiente y decidido.  Más allá de las ideologías, murió luchando con sus brazos, sus piernas y sus tripas, por una causa que creía noble.

Llevaba consigo sus marcas personales. un ícono tan popular que inunda las calles y las remeras de los jóvenes...

Un cigarro, una boina, la barba descuidada por la vida de campaña y la mirada altiva y desafiante que inspira libertad.

Él combatió aquí, donde yo me siento ahora y me parece escuchar el sonido seco de su tos cargada de asma en sus pulmones enfermos.

Pareciera que él me habla, sobre esa piedra sorda y muda.

¿ sera porque compartimos la pasion de ser soldados??. ¿ tal vez porque  naci en argentina, bajo el mismo cielo y sobre la misma tierra que cobijo a este grande alguna vez ??

¿ Serán las convicciones y la pasión de jugarse a todo o nada ??

Hay algo que me une a este grande. Todavía no encuentro las respuestas.

Solo me siento sobre la piedra y me conmuevo con su imagen altiva y misteriosa.

El fue un guerrero de la estirpe de los valientes. Mandaba poco y hacía mucho.

Era el primero en ir de explorador cuando el combate embrutecía a la patrulla.

Aquí cayó el 9 de octubre de 1967, la tumba de barro y selva de este bravo que supo perseguir un ideal hasta el final.

Arrastrando mi mochila, ahora marcho hacia el este, mÁs alla del Río Grande.

La frontera de mi patria me espera con los brazos abiertos. Todavía me queda pasar  Paraguay.

Fue un viaje por las entrañas del sur de América Latina, que cambió mi vida.

Ahora entiendo porque un hombre como él, intentó la revolución.

La opresión de los pueblos es silenciosa y violenta. Pero estos pueblos no se quejan.

Se someten y sufren con los dientes apretados. Se especializaron, sistemáticamente, en aguantar.Él intento liberarlos.

Tenía razón Eduardo Galeano, al describir magistralmente el sufrimiento y la opresión de los pueblos latinoamericanos.

Recorriendo intensamente como le hice, pueblos y ciudades, donde comprobé la dura realidad del contraste que sigue existiendo entre el pequeño nucleo de opulencia y la gran mayoría en  extrema miseria.

Me di cuenta que la lucha del gran pueblo trabajador, campesino y obrero; sigue firme para emanciparse del yugo burgués y latifundista.

Entonces puedo decir, tras haber experimentado el contacto directo con los mas pobres entre los pobres, que "las venas abiertas de america latina" , siguen sin cicatrizar.

Mientras un burrito pasa a mi lado, doblado y escualido bajo el peso de su carga, lanzo una última mirada hacia atrás, sobre mí hombro izquierdo y la estrella de su boina encandila, mis ojos de aventurero...