DestacadosMiradas hacia el pasado ZarateñoY llegaron los inmigrantes… (Segunda parte)

Carlos Riedel2 agosto, 2020

Por Arq. Silvia I. Baccino… Esta MIRADA HACIA EL PASADO ZARATEÑO les acerca un fragmento de la investigación denominada Y LLEGARON LOS INMIGRANTES…, realizada por Sergio D. Robles (INMIGRACIÓN Y PARTICIPACIÓN POLÍTICA) y Silvia I. Baccino (ARQUITECTURA E INMIGRACIÓN), enmarcada en el proyecto denominado: COLECCIÓN NUESTRA HISTORIA – Publicaciones del Museo Histórico Quinta Jovita y el Archivo Histórico de la Municipalidad del Partido de Zárate / Estudios sobre la Historia de Zárate. En su versión completa, que fue publicada en junio de 2008 por la Editorial de los Cuatro Vientos, se destacan los relatos denominados HISTORIAS DE INMIGRANTES que fueron realizados por Abel Poletti.

La colectividad italiana y su influencia en la política local

Hacia 1908 existían en la ciudad de Zárate siete sociedades extranjeras de socorros mutuos que nucleaban a 1333 asociados como lo expresa el siguiente cuadro:

Observando el mismo se desprende que la colectividad italiana estaba representada por tres instituciones que sumaban 714 individuos, es decir el 54% del total de asociados de las instituciones antes citadas. (11)

Pero el 2 de agosto de 1908, la “Operai Italiana” e “Italia” se fusionaron constituyendo la sociedad “Unione Italiana XX Settembre” dando así “unidad y amplitud de acción a la obra cooperativa y de mutualismo que condicionaba su razón de ser”. (12)

La fuerte presencia de la colectividad italiana puede ser observaba en la órbita de las decisiones políticas, a través de la imposición del nombre de “Mazzini” (fines del Siglo XIX), “Humberto I” (1919) y “Garibaldi” a tres calles de la ciudad e “Italia” (1901) a una de las dos plazas (no la principal) del casco urbano. Lo descripto pone en evidencia dos aspectos: por un lado, las tensiones internas y la división de la comunidad italiana según las líneas de segregación política y regional de su país de origen y por otro la fuerte influencia que ejerció en el poder político municipal.

La entidad que llegó a representar a buena parte de la colectividad italiana “Unione Italiana XX Settembre” duplicó la cantidad de asociados en veinte años, ya que hacia la década de 1920 llegó a contar 1400 personas. Aunque los gastos del funcionamiento de la misma eran importantes, dado los servicios que brindaba a sus integrantes (médico, farmacéutico, radiográfico, maternidad y sepelio), en 1927 se dio inició a un viejo y ambicioso proyecto, como fue la construcción de la sede social y teatro lírico, para lo cual se realizó una asamblea de la que participaron 236 personas. En ella, tras una agitada sesión, se decidió suscribir un empréstito interno en acciones de $ 50 cada una y otro hipotecario de $ 70.000 pesos. (13)

El edificio total compuesto de planta baja, entrepiso y palcos y una planta alta que hacía un total de 1780 m2 fue finalizado en un año, siendo inaugurado el 12 de octubre de 1928. Era probablemente la demostración de “poder” de la comunidad italiana, que había quedado expuesta en las palabras del presidente de la institución al decir que “la tradición consagra en el soplo de la historia, la inteligente audacia de los valores de la estirpe y dice a las claras cuanto realizaron los fundadores de la itálica nación, porque queriendo, sabían lo que querían y por ello triunfaron en todas las empresas”. (14)

-Fachada del edificio de la Sociedad Italiana en la calle Castelli, entre las de Justa Lima de Atucha y Brown, más tarde Cine Unión y actualmente sede de la Asociación Coordinadora de Jubilados-

El diario Los Debates, órgano oficial del Partido Conservador, señalaba en septiembre de 1929, que: “La marcha sorprendente en el camino del progreso de la Sociedad Italiana ha contado con la cooperación del vecindario, sin exceptuar nacionalidades, y de las autoridades conservadoras del año 1927 y 1928. Los “pioneers” de esa lucha, sin descanso, para llevar a la sociedad a la altura en que se encuentra merecieron el respeto y la simpatía de los hombres de bien, de trabajo, de los humildes… Llegó el radicalismo al poder y con ello obtuvo la colectividad italiana un enemigo declarado y sin consideración. Aún están hiriendo los sentimientos de la nacionalidad las palabras del actual intendente en el seno del Concejo juzgando a quienes tienen el honor y la responsabilidad de ser los directores de la Sociedad XX Settembre”. (15)

Estas palabras parecen señalar cierto grado de politización de esta institución o al menos de algunos de sus cuadros dirigentes. Así puede desprenderse de la nómina de los integrantes de la Comisión Directiva de 1931, en tiempos de la revolución setembrista, encontrándose Ernesto De Michelis, como presidente, Clemente Roggero como consejero y Jacinto V. Cavenaghi como presidente del consejo jurídico. Cavenaghi se desempeñaría como comisionado municipal desde septiembre de 1930 y parte de 1931, mientras que De Michelis y Roggero asumirían en febrero de 1932 sus cargos de presidente del Consejo Escolar y concejal municipal respectivamente por el Partido Demócrata Nacional. (16)

Esta participación política de los integrantes de la sociedad italiana estuvo presente desde principios del siglo XX, cuando uno de sus miembros más conspicuos, Santiago Filippone, un importante comerciante del lugar, ocupó una banca como concejal y llegó a presidir interinamente el Cuerpo Deliberativo por varios meses. (17)

-Librería Filippone en la esquina de 19 de Marzo e Independencia, frente al Teatro Coliseo-

Pero no fue la única colectividad extranjera con representación política. De un relevamiento de quienes fueron electos municipales durante las primeras cuatro décadas del siglo pasado, encontramos, un español y un ruso que integraron las filas de los partidos radical y socialista, respectivamente.

Esta situación no refleja la real participación política de extranjeros, al quedar excluidos de nuestro análisis aquellos inmigrantes que figurando en las listas de las formaciones políticas o siendo militantes, no llegaron a ocupar un cargo público. Sirvan como ejemplos dos casos: el de Moisés Lintridis, un griego nacido en Carrá (Asia Menor) el 24 de septiembre de 1906. Arribó a Argentina a bordo del buque Principessa Mafalda en diciembre de 1924, luego de la muerte de su madre (1922) y después del traslado a Estambul de griegos que vivían en territorio turco. Su padre, que residía en Zárate desde 1910, trabajaba en el ferryboat. Aquí Lintridis se dedicó al oficio de colchonero, que había aprendido durante su estadía en Estambul, a la vez que se integró con entusiasmo a la sociedad de recepción, siendo miembro fundador junto con sus primos Antoniadis de la Biblioteca “José Ingenieros” (1933); del Partido Concentración Obrera, del que fue secretario de actas, y del Partido Socialista Democrático.

En marzo de 1975 fue detenido junto a un centenar de vecinos y puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, permaneciendo en prisión durante más de un año, sin haberse abierto, causa judicial alguna. Luego de su muerte, se impuso su nombre a una calle de la ciudad de Zárate (18); el otro caso de referencia es el de Basilio Teodoro Kiriakus (rebautizado Ciriaco) también griego, nacido en Makri, el 15 de enero de 1895, por entonces provincia del imperio turco. Llegó a Zárate hacia 1912 cuando tenía 17 años de edad.

Trabajó en el frigorífico “Anglo”, a la vez que ejerció su oficio de sastre. Participó como miembro de comisión directiva de varias instituciones de bien público: fue miembro fundador y luego vicepresidente de la Cooperativa Eléctrica (1950/1955) y presidente de la Liga de Propietarios de Bienes Raíces (1939) y del Centro de Comercio (1945). En 1932 integró la lista de concejales por el Partido Socialista. Un barrio periférico de la ciudad fue bautizado popularmente con su nombre, por ser el poseedor de las tierras donde se levantó el mismo. (19)

A continuación, presentamos un cuadro con la nómina de los extranjeros que ocuparon cargos públicos, incluyendo su lugar de nacimiento, la adscripción partidaria, ocupación y participación institucional en la ciudad de Zárate.

A pesar de destacar la participación institucional y política de éstos inmigrantes, es oportuno tener en cuenta lo señalado por Hilda Sábato en cuanto a que “se fueron definiendo así los contornos de una colonia o colectividad, conjunto concebido como unitario y articulado en torno de las instituciones y de una élite que actuaba en nombre de la inmigración y aspiraba a representarla. Los trabajos recientes que toman como objeto de estudio a la colectividad italiana en general comienzan por reconocer el recorte que esta elección implica. Sin embargo, con frecuencia se produce en su interior un deslizamiento, pues terminan analizando la inmigración toda a partir de una óptica que coloca en el centro mismo de la problemática a las instituciones de la colectividad y a sus dirigentes. Esto llega a bloquear todas aquellas dimensiones de la vida de los inmigrantes que no tienen relación con el funcionamiento institucionalizado de la colectividad, a la vez que ignora la presencia de quienes no se integraban a ella”. (20)

La notable trayectoria política de un inmigrante

La participación del inmigrante en la política argentina reconoció -como lo han señalado diversos autores- un límite: la falta de interés en la mayoría de ellos en adoptar la nacionalidad argentina. Sin embargo, como ya se ha señalado, la política no fue -y no lo es- la preocupación fundamental en la vida cotidiana de las personas. De todas maneras, para aquellos que mostraron una verdadera vocación en ese sentido, tal restricción se desvaneció en el momento de adoptar la nacionalidad legal, como en el caso que presentamos en este trabajo, que permitió a Luis Guerci desplegar una trayectoria política realmente notable.

Sin duda que se trata de un caso de excepción, pero nos permite apreciar que aquellos límites que mencionáramos más arriba, eran tanto más flexibles y posibles en situaciones determinadas.

Luis Guerci nació en Bobbio, Provincia de Piacenza (Italia) el 10 de junio de 1868, siendo hijo de Giusseppe Guerci y María Malacalza. Llegó al país con sus padres a los pocos meses de nacer, creciendo en la zona rural de Zárate, donde sus padres se dedicaron a actividades agrícolas, probablemente como arrendatarios. Con veintidós años de edad, participó junto a otros jóvenes zarateños, de la revolución de 1890.

El diario “La Nación” en su edición de agosto de 1890 comentaba que “La Unión Cívica, que cada vez es más numerosa aquí, debe estar satisfecha en razón de que, a pesar de ser Zárate, una población relativamente pequeña ha sido el primer pueblo de la provincia de Buenos Aires donde la juventud se hizo eco de los principios proclamados en esta Capital por el gran meeting del 1º de setiembre”. (21)

Probablemente tuvo intervención en la revolución de 1893 en Zárate, pero, poco después, fue puesto en prisión durante un año como coautor del asesinato del comisario Ballesteros. Según lo justificó el propio Guerci muchos años después, este acto sangriento “fue aceptado y festejado por toda la población verdaderamente amordazada y vilipendiada por el sujeto que pagó con su vida su temeridad delincuente”. (22)

Por aquella época tenía un billar y café asociado con Ruperto Collado. Salido de prisión en julio de 1895, nuestro personaje pasó a desempeñarse como secretario del Concejo Deliberante, pero un segundo asesinato, el del oficial de policía Gastón Reusens en marzo de 1898, lo llevó nuevamente a la cárcel.

Estas muertes, en lugar de obstaculizar sus aspiraciones políticas, la afirmaron. El 8 de octubre de 1900, adoptó la nacionalidad argentina. Al año siguiente (1901) fue elegido intendente municipal por el radicalismo, cargo del que debió pedir licencia por un tiempo, para aclarar su situación judicial ante un nuevo hecho de violencia que lo contó como protagonista. Por aquel tiempo se inició, probablemente, su vinculación con el ugartismo, pues ante la abstención electoral del radicalismo, Guerci, apoyó la fórmula Marcelino Ugarte-Adolfo Saldías, que se enfrentó al roquismo.

Fue el primer paso de su distanciamiento de Yrigoyen. En 1905, mientras ejercía la presidencia del Comité de Distrito, fue electo nuevamente intendente municipal.

Por su parte su pariente político, Domingo Palacios -primo de su esposa Rosa Palacios, integrante de una tradicional familia de terratenientes locales- ocupaba la presidencia del Concejo Deliberante. Cuando Guerci dejó su cargo de intendente, se produjo una suerte de enroque político: Palacios pasó a ocupar el ejecutivo y aquel lo reemplazó como presidente del Cuerpo Deliberativo, al mismo tiempo que era elegido diputado provincial (1906/10).

En el seguimiento de sus actividades particulares, vemos que, durante los primeros años del siglo XX, Guerci consolidaba su posición económica y política. Ejercía su profesión de martillero, era propietario de una casa de pompas fúnebres (que posteriormente vendió) y editaba un periódico, “El Debate”, que fue su instrumento de propaganda partidaria.

En 1910, Guerci rompió con el radicalismo, para integrar las filas del conservadorismo, encabezando la única lista que se presentó en las elecciones locales del 29 de noviembre de 1910, siendo elegido intendente (1911-1916) y diputado provincial (1910-14), cargos que desempeñó simultáneamente. Luego, entre 1914 y 1920, ocupó una banca como senador provincial y, entre 1920 y 1928 otra, como diputado nacional por dos períodos consecutivos. En ese último año fue elegido por tercera vez intendente municipal.

Secundó al movimiento uriburista y en 1932 volvió a la legislatura de la provincia (1932-1940), siendo autor del proyecto que modificó el nombre de Zárate por el de Teniente General José F. Uriburu. Su carrera política terminó con su muerte, ocurrida durante un enfrentamiento con radicales cuando intentaba dispersar a simpatizantes radicales que pretendían votar durante las elecciones para legisladores nacionales el 3 de marzo de 1940.

La muerte de Guerci, como figura de gravitación dentro de la política bonaerense, provocó conmoción en Zárate, y tuvo derivaciones de alcance nacional, cuando el presidente Ortiz, que se había comprometido en dar elecciones limpias, se decidió finalmente a intervenir la provincia el 7 de marzo.

El diario capitalino “La Nación” se hizo eco de la violencia electoral al decir “Mientras los dirigentes demócratas nacionales y la policía dicen que la agresión partió de un numeroso grupo de radicales que estaba estacionado frente a los comicios hasta donde llegó el senador Guerci en su última recorrida de inspección, los radicales sostienen que los primeros tiros partieron del oficial Volcart y el agente Fuentes, incitados a esta acción por el Sr. Guerci. Asimismo, mientras los demócratas nacionales y la policía afirman que el acto electoral se había desarrollado hasta ese momento en el mayor orden, los radicales sostienen que han documentado en numerosas denuncias dirigidas al ministro del interior constante infracción a la ley electoral y atropellos a la dignidad del ciudadano y votante”. (23)

-Don Luis Guerci-

Ante la muerte del senador Guerci, el gobierno de la provincia de Buenos Aires estableció en señal de duelo, el izado de la bandera a media asta en todos los edificios públicos durante tres días considerando que “con la desaparición del extinto, víctima de una cobarde agresión, pierde la provincia un ciudadano distinguido, de larga y destacada actuación política, a la que aportara excepcionales dotes de inteligencia, patriotismo y valiosa hidalguía”. (24)

Los restos de Guerci fueron velados en la planta alta del Palacio Municipal de Zárate, hasta donde llegaron los miembros de la Junta Central del Partido Demócrata Nacional de Buenos Aires, encabezada por el Dr. Gabino Salas, ministro de gobierno provincial, e integrada por el senador Antonio Santamarina, presidente del Partido Demócrata, los candidatos a gobernador y vice Alberto Barceló y Edgardo Míguez, el senador nacional Matías Sánchez Sorondo, Ernesto de las Carreras, Julio Avellaneda Santamarina y José Emilio Visca.

Las redes familiares y sociales en la construcción política guercista

Las redes familiares y sociales cumplieron un papel de gran importancia en la construcción y mantenimiento del poder político de Guerci.

Como lo señala Marcela Ferrari, el poder guercista: “se nutría de rasgos paternalistas que no omitían la dádiva de dinero al paisano… La influencia de la red no era sólo vertical o individualizada, sino que también llegaban a instituciones tales como la comunidad italiana -Sociedad Italiana XX de Settembre- y a través de la figura de su hermano Pedro, al Círculo Social Argentino…Las posibilidades de influencia que la familia ejercía sobre la comunidad se completaban con la dirección del órgano periodístico local de su propiedad, El Debate…”. (25)
Resulta sumamente ilustrativo como la parentela, tanto sanguínea como política, desempeñó un papel de control, como se desprende de las páginas de “El Debate” en noviembre de 1934, al dar información sobre las principales reparticiones públicas: Intendente: Pedro H. Guerci, Secretario del Juzgado de Paz: Horacio Juan José Guerci, Presidente del Consejo Escolar: Dr. José María Guerci, Comisario de Policía: Felipe Palacios, Delegado Municipal: José Guerci. (26).

En efecto, la participación de la familia en diversas funciones públicas fue destacable durante la primera mitad del siglo XX. Su hermano José, fue delegado municipal en Lima, su otro hermano, Pedro, fue jefe de registro civil, presidente del Consejo Escolar (1916/1917), diputado provincial 1919/22, intendente municipal (1934/40) y 1942/43); su sobrino José María Guerci fue diputado provincial (1932/36; 1942/43), diputado nacional (1938/42) y Presidente del Consejo Escolar 1934/38. Finalmente, su cuñado Felipe Palacios, fue comisario.

Guerci y el nacionalismo conservador

Aunque Guerci contó con el apoyo de los dirigentes de la Sociedad Italiana, en ocasiones observó una actitud chauvinista. Cuando el país atravesaba un clima de agitación social, a poco de haberse desatado la cruenta represión oficial de la Semana Trágica, integrantes de la Liga Patriótica de Zárate, incendiaron (24 de mayo de 1919) el local que ocupaba la biblioteca socialista “Juan B. Alberdi”.

Este episodio dio motivo a una declaración de Guerci publicada en “El Debate”, y reproducida muchos años después, en la que decía: “La Liga Patriótica Argentina se ha constituido para enfrentar a los delincuentes, nacionales o extranjeros, que de hecho o de palabra inciten al crimen, se extralimiten o produzcan hechos que vayan contra la moral y la tranquilidad del país y de sus habitantes, esa es su verdadera misión, franca y lealmente aplicada”. (27)

Más de una década después, el periódico “La Tribuna”, dirigido por el diputado guercista José Emilio Visca, (28) en vísperas de los comicios de 1932, se realizó el siguiente comentario contra el concejal socialista Marajovsky que era ruso-judío: “Tal lo habíamos previsto, resultó la parodia preelectoral del socialismo local, resolviendo una democrática asamblea de 31 concurrentes -por el voto de 22 contra 9- la concurrencia del partido a los próximos comicios. Esto no tendría ninguna importancia, si en esa asamblea por boca del judaico concejal (se refiere a Israel Marajovsky) que no gritará más en el Concejo no se hubiera planteado en forma que el Partido Socialista se presentará a la elección, respondiendo a un plan de obstrucción y escándalo que tienen que llevar a cabo en la toda la provincia… Como se ve el socialismo rojo sigue en su trayectoria del partido, mistificados y negativo. Conglomerado de analfabetos con desplantes de sabios, no tiene otra finalidad en la vida política que perturbar los actos electorales, las sesiones del Concejo, la moral administrativa y hasta el tráfico, con sus conferencias circenses en las esquinas más concurridas de la ciudad.” (29)

La respuesta desde la publicación socialista, “La Voz del Pueblo” no se hizo esperar. El concejal Marajovsky respondió en una especie de carta abierta: “Al senador Luis Guerci y al diputado José Emilio Visca -Es públicamente sabido que la sesión última del Concejo Deliberante (sin que Uds. formen parte del Cuerpo) se han permitido en plena sesión expresar palabras injuriosas contra mí… Creo que es una redundancia decir que los hombres que actúan en el Partido Socialista no usaron nunca ni usarán tales procederes que denigran y corrompen la conciencia… Los que se empeñan en enredarme en la baja política, pierden deplorablemente el tiempo. En mi vida privada, y en mi actuación pública, tan breve como modesta, sigo siempre la línea recta, honesta y disciplinadamente.
Ahora, aparte, algunas palabras al diputado Visca: Ante todo debo decirle que no tomo como una ofensa eso de que en su diario me llame “judío”, si Ud. cree que con ello me insulta, está en gran error…”. (30)

En el mismo periódico, se señalaba más adelante el chauvinismo con que estaba impregnado el partido oficial: “La tribuna de sandeces del oficialismo local, ha comenzado una campaña escabrosa contra las ideas liberales e izquierdistas. El chauvinismo con que llena sus páginas, el odio que vomita contra todo lo que sea contrario al régimen “de facto” preponderante, nos refleja la falta de recursos ideológicos en que se hallan sumidos los “vacunos” de esta ciudad… “Sea patriota, mate un ruso”, esta frase parece más el titular de los salvajes que escritas por argentinos que deben enorgullecerse con la liberal constitución del 53. Ridículo y hasta vergonzoso, es que la bandera de los fascistas criollos sea tan indigna e ignominiosa…Desde el motín del 6 de septiembre, la clase más reaccionaria del país, encaramada en el gobierno, trata por todos los medios de encender la guerra civil entre los argentinos, pues si esta gente llegara a cumplir con sus planes, todos los opositores serian rusos o comunistas y de esta manera podrían cumplir con sus regresivos planes de exterminio social. El odio de clases y la persecución de los obreros están a la orden del día con el gobierno conservador…” (31)

El 15 de enero de 1933, “La Voz del Pueblo” apuntaba nuevamente su artillería reproduciendo un artículo aparecido en “La Vanguardia” en la que decía respecto a la posición “argentinista” de Guerci: “Exponente de Argentinismo. Los senadores Guerci y Roncoroni – El senado de la Provincia de Buenos Aires, compuesto en su totalidad por caudillejos conservadores de poco recomendable historia, ha resucitado las cómodas prácticas del “unicato” juarista”.

Los debates, si de tal puede llamarse lo que se dice en sus reuniones no suelen ser muy complicados ni asumen mucha vehemencia…
Hace pocos días el súbdito italiano senador, de criollazo apellido, Guerci que se ha identificado con todos los colores del iris político, presentó una minuta que fundó en estas textuales palabras: “Voy a pedir al H. Senado un voto de aplauso para el secretario general del Partido Demócrata Nacional de Buenos Aires, diputado nacional Dr. Manuel A. Fresco por su actitud última, en el Congreso de la Nación, en ocasión en que pronunció un discurso, con motivo de las tentativas que se pueden llamar izquierdistas, “colosal” que es necesario tenerlo en cuenta para fomentar la conducta de un diputado que se ha puesto en esas condiciones. Nada más”

En este tren de alabanzas se le despertó la fibra patriótica al senador Roncoroni, argentino de primera agua: quien asoció al proyecto de su colega Guerci porque tenía, dijo “una íntima convicción de argentinidad” y porque se “sentía antes que nada argentino”. Y después de otros lugares comunes, el señor Roncoroni, descendiente de …¿gauchos? declaró con la mayor indignación que “era una vergüenza que nuestro parlamento nacional esté constituido en su mayoría o en una parte apreciable por extranjeros que hieren los sentimientos de los criollos” Tras de tanta explosión de patrioterismo, el presidente levantó la sesión por no haber asunto en discusión”. (32)

La posición francamente chauvinista y antisemita del editor del periódico “La Tribuna” se expresaba abiertamente en el contenido de las notas que aparecían en forma permanente. Así por ejemplo, en el número aparecido el 5 de agosto de 1933 se comentaban las palabras pronunciadas por el director del periódico, diputado Visca, en ocasión del banquete celebrado el 2 de agosto al conmemorarse el 25 aniversario de la creación de la Sociedad Italiana, quien había destacado “la necesidad de considerar a nuestro país bajo el punto de vista patriótico e ideológico de la Italia ya que nuestros padres y abuelos elaboraron la actual grandeza nacional, sin haber dejado de ser italianos y luchando como argentinos. Se refirió luego a la pujanza italiana y a la necesidad de ser definida tomando para ello la personalidad de Mussolini al que reconoció como el más grande hombre de la edad actual”. (33)

En otra nota aparecida el 28 de abril de 1934 decía: “Cuando el gobierno del general Uriburu inició su limpieza ejemplar de maleantes y tenebrosos deportándolos a sus países de origen, todos los demagogos de la farsa izquierdista, en general, y el órgano oficial del hampa en particular, hicieron un verdadero “grand guigno”, “los deportados”, “el buque trágico” … Nosotros no negamos que los judíos sean esto o lo otro, lo único que vemos, lo que observamos en la realidad pura es que siempre son judíos los elementos que viven contraviniendo todas las leyes y toda la moral. Para cada diez rufianes judíos hay otro de cualquier nacionalidad. Pero a pesar de eso, no faltan aun los que se emperran en repetir esas estupideces de las grandes condiciones espirituales, asimilatorias, etc., del israelita. En el barco que el gobierno acaba de llenar de deportados tienen una prueba bien clara”. (34)

La prédica “nacionalista” que se difundía en el país y la actitud hostil de algunos sectores ante la participación política de los extranjeros fue advertida por “La Voz del Pueblo” al sostener en un artículo titulado “Electores naturalizados” que: Acaba de darse a publicidad el movimiento general del registro cívico de la nación.

De los datos suministrados por la oficina de estadística del fichero de enrolados, resulta que a fines de junio del año en curso el número de electores argentinos en toda la república en alcanzaba a 2.570.103.

Pero el cuadro que registra el total de electores argentinos y naturalizados corresponde al 31 de diciembre de 1932. Según los datos que consigna, había en esa fecha, descontando los fallecidos, 2.519.677 inscriptos, de los cuales sólo 171.109 corresponden a extranjeros naturalizados, representando estos últimos un 6,79% por ciento sobre el total.

Desde hace algún tiempo, los elementos reaccionarios han venido realizando una campaña marcadamente xenófoba, encubierta de nacionalismo y encaminada sobre todo contra las fuerzas democráticas. Mediante ella se pretende dar la sensación del peligro que según los mismos implica la participación en la política de los extranjeros naturalizados.

“Es evidente que se trata de una farsa vulgar que no engaña a nadie, pues los verdaderos móviles de semejante actitud son bien distintos y conocidos. El temor que domina a los reaccionarios no es la participación de los extranjeros en la política del país, sino el convencimiento de que son repudiados por la inmensa mayoría del electorado y en especial por los nativos”. (35)

La trayectoria de Luis Guerci en el campo de la política nacional es un caso notable. Aunque excepcional, nos muestra que el inmigrante, dada determinadas circunstancias favorables, bien pudo, no solamente participar en la vida política de partidos, sino que además le permitió desarrollar una trayectoria política destacada, con la única condición de adoptar la ciudadanía argentina.

El éxito de Guerci consistió en aprovechar todos los instrumentos posibles (redes familiares, pertenencia étnica, relaciones institucionales, clientelismo, etc.) para construir y mantener un poder hegemónico dentro de la sociedad local, que a su vez sirvió para catapultarlo a niveles provinciales y nacionales de la política.

Paradójicamente, este inmigrante, se convirtió en uno de los defensores de esa “argentinidad” que pretendió excluir de la participación pública a los extranjeros.

CITAS

(11) MUNICIPALIDAD DE ZÁRATE, ob. Cit. pg. 43
(12) SOCIEDAD ITALIANA XX SETTEMBRE. Registro de socios.
(13) LIBRO DE ACTAS DE ASAMBLEAS de la Sociedad Italiana XX Settembre del 29 de mayo de 1927.
(14) Ob.cit. pg.67
(15) LOS DEBATES, 21 de septiembre de 1929 Año I Nº 51
(16) ARCHIVO HISTÓRICO DE LA MUNICIPALIDAD DE ZÁRATE. (en adelante A.H.M.Z.) Libro de Actas de Sesiones del Concejo Deliberante de Zárate. Enero de 1932.
(17) A.H.M.Z. Libro de actas… ob. Cit. sesión de febrero de 1901. Por aquella época, los extranjeros que querían ocupar una banca como concejal requerían 5 años de residencia en el distrito y debían reunir las condiciones que la ley exigía para ser elector. El número de municipales extranjeros no podía pasar la tercera parte del total de los miembros del Cuerpo deliberativo.
(18) A.H.M.Z Libro de actas del H. Concejo Deliberante. Ordenanza Nº 2585 del 7 de diciembre de 1989.
(19) TESTIMONIO de su sobrina Magdalena Amaxópulos al autor (junio de 2007)
(20) SABATO, HILDA: citado en El pluralismo cultural en la Argentina. (Cibotti, 1988). Un balance crítico P. 357
(21) LA NACIÓN, 20 de agosto de 1890. Año XXI Nº 6053
(22) EL DEBATE, 11 de enero de 1935.
(23) LA NACIÓN, 4 de marzo de 1940
(24) LA NACION, ob. cit.
(25) FERRARI, Marcela: “Triunfos electorales conservadores en tiempos del oficialismo radical: ¿Condicionamiento estructural o influencia política? Provincia de Buenos Aires 1918-1930, en Los caminos de la democracia. Alternativas y prácticas políticas 1900-1943. Universidad Nacional e Mar del Plata, Mar del Plata. Editorial Biblio., 1999, pg. 152.
(26) EL DEBATE, 10 de noviembre de 1934. Año XXX. Nº 3258
(27) EL DEBATE, 23 de mayo de 1935
(28) José Emilio Visca fue uno de los conservadores que adhirió luego al peronismo, llegando a presidir como diputado nacional una comisión bicameral desde la cual, y junto con Rodolfo A. Decker llevó adelante una política de persecución de la prensa opositora, clausurando diarios y radios en todo el país.
(29) LA TRIBUNA, 11 de noviembre de 1932. Año III Nº 750 pg. 1.
(30) LA VOZ DEL PUEBLO, 25 de noviembre de 1932. Año I Nº 11, pg. 3
(31) LA VOZ DEL PUEBLO, ob. cit, pg. 9
(32) LA VOZ DEL PUEBLO, 15 de enero de 1933. Año I Nº 16, pg.4
(33) LA TRIBUNA, 5 de agosto de 1933. Año II Nº 43, pg.5

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