"Vos dejá nomás que algún chabón chamuye al cuete y sacudile tú firulete" por Guillermo Rivelis

Carlos Riedel15 julio, 2023

Estamos viviendo en esta época cuestiones graves.

Graves no significa terminales.

Y no es la primera vez que vivimos situaciones graves.

En el mundo y en nuestro país.

Este año vamos a definir quiénes nos gobernarán los próximos años.

Los precandidatos suelen aparecer sonrientes.

Tienen un discurso apocalíptico acerca de lo que sucede.

Y un luminoso y esperanzador discurso respecto de lo que nos espera en caso que los elijamos.

Las prioridades varían según quién habla.

La pobreza, la educación, la inseguridad…

Hablen de lo que hablen (todos problemas reales) tengo la impresión de que no alcanzan a sintetizar los problemas.

No alcanzan a ver que todo eso que mencionan como problemas (y muchos más) constituyen un problema de convivencia.

Dentro de una jurisdicción, municipio, departamento, provincia, nación, convivimos.

Aunque nunca nos crucemos algunos con algunos.

Y la forma social y política en la que convivimos produce la cantidad de personas pobres que produce, abre espacio para el narcotráfico y el perjudicial consumo, habilita a que una persona apunte con un arma en la cabeza a otra para robarle algo, permite (luego sanciona) que agentes de la seguridad con armas del Estado asesinen a un joven ciudadano deportista, y tantas otras cosas que vivimos - con diariamente.

Quienes se proponen como solución acomodan a las circunstancias actuales discursos añejos.

Cierto es que, como dice una estrella de la televisión, "el público se renueva".

Pero el público tiene padres, abuelos, libros…

No aparece ingenuamente en la escena.

Y si no tiene en cuenta historia, contexto, causas, consecuencias, efectos, estados de ánimo, la estrella se estrella.

Un importante problema es que suele estrellarse cuando está gobernando, con muchas, muchas, muchas personas a bordo.

Es momento de posicionarnos cuando están hablando y prometiendo.

Nos (a nosotros) están hablando y prometiendo.

Aunque, por alguna razón (o razones), no nos sintamos representados.

Elegirá cada uno de nosotros a quién votar.

Está muy bien hacerlo.

Y tener que votar y poder ejercer el derecho a hacerlo es infinitamente mejor que la cancelación de ese deber y derecho.

Pero… incluso a quienes votemos no les compremos ni la sonrisa, ni la adjudicación a otros de toda la culpa, ni el discurso apocalíptico, ni la promesa de salvarnos del apocalipsis inventado.

Por eso:

"Dejá nomás que algún chabón…"

No hace falta en esta ocasión que "le sacudas"...

Hace falta que si el firulete representa una identidad, una forma de ser, una pertenencia, una ética, una irrenunciable dignidad, sepamos y pensemos que sólo un raro bicho puede creer que se le pasó el tiempo.