“Un tipo de Manía. Descalificaciones. Insultos” por Guillermo Rivelis

Redaccion General2 julio, 2025

Se define a un tipo de “manía” (existen otros) como un conjunto de sensaciones, pensamientos y acciones, que devienen de una determinada posición psíquica y que se activan en determinadas circunstancias.

Estas sensaciones, pensamientos y acciones se dirigen a un “otro” habitualmente considerado rival o, más aún, enemigo.

Ese “otro” puede ser alguien querido hasta hace instantes o permanentemente odiado.

Esa manía consiste en un estado de ánimo eufórico, desde el cual se siente, se piensa y se actúa.

Conlleva una fuerte carga de agresividad que suele manifestarse en insultos, improperios, descalificaciones e, incluso, en actos de suma crueldad.

Tres mecanismos sostienen este funcionamiento: control, triunfo y desprecio.

A la persona en tal estado maníaco le subyace un importante elemento paranoide (persecutorio) que lo lleva a pensar que el “otro” quiere, de una u otras maneras, dañarlo, perjudicarlo, acusarlo, acosarlo.

El “otro” puede, también ser un “otros”, un grupo informal o formalizado de personas, una agrupación vinculada a una corriente de pensamiento.

La fantasía de “control” hace creer a la persona en ese tipo de estado maníaco que ha conseguido limitar totalmente los movimientos del “enemigo”.

La fantasía de “triunfo” le hace pensar que ha quedado demostrada su superioridad sobre ese enemigo y que ha quedado de manifiesto su mejor ubicación respecto de la de ese enemigo.

La fantasía de “desprecio” le hace creer que nada necesita del “otro” u “otros”, que este “otro” u “otros” es/son de inferioridad manifiesta respecto de él, de una ignorancia supina, de indudable ineptitud, de total inutilidad, entre otras cosas de parecido calibre.

Estos tres mecanismos, y muy especialmente el último, son generadores de insultos, burlas lamentables, burdos intentos de desprestigio, y otros inadecuados procedimientos.

La persona en el estado maníaco referido es una persona descontrolada, indiscriminadamente verborrágica, de posicionamiento infantil.

Subyace miedo.

Subyace desconfianza en sí mismo.

Subyace baja autoestima.

Subyace sentimiento de inferioridad disfrazado de forzada expresión de superioridad.

A la risa, le subyace llanto.

Se trata, en el despliegue de euforia, de una persona triste.