Una antigua historia hindú;
Amni dice a su hijo: “Tráeme un fruto de ese árbol y ábrele. ¿Qué hay dentro?
-Varias semillas- contesta el hijo.
-Abre una de ellas y mira lo que tiene dentro. ¿Qué hay?
-Nada, señor- responde el hijo.
-Hijo mío, donde tú no ves nada, existe un grande y corpulento árbol.
Podemos decir, como el zorro del Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos”.
Y también podemos decir que lo esencial es lo que contiene la posibilidad futura.
Allí donde no se ve nada o, tal vez, lo que se ve puede sentirse como irrelevante, suele residir la fuerza y la grandeza del porvenir.
Maravillosas realidades actuales nacieron de una pequeñísima unidad, quizá pensada en su momento como insignificante y carente de proyección.
Y también probablemente de la “cabecita” de una sola persona calificada de idealista o ingenua, portadora de una idea utópica.
Suele usarse la palabra utópica como sinónimo de “imposible”.
Es un error. Utópico es u - topos. Lo que aún no es un lugar, pero puede llegar a serlo.
Alguien alguna vez se animó a decir que es la tierra la que gira alrededor del sol.
Semejante “locura”, tal desafío a la autoridad moral instituida, resultó ser verdad.
En lo que no era visto por la mayoría estaba contenida una afirmación futura.
También alguna vez alguien pudo ver la secuencia evolutiva que hizo a los seres humanos.
Es posible pensar en la potencia transformadora que puede contener lo que hoy es silencio.
“De la nada, nada viene”, pensaban los griegos.
“De la nada, la creación”, piensa el Judeo - Cristianismo.
No importa si lo pensamos como “nada” o como “invisible a los ojos”.
Lo cierto es que en lo que hoy guarda silencio, o habla en voz muy baja, vive la bella y potente transformación que es futuro.

