¿Seres humanos perdidos? por Guillermo Rivelis

Carlos Riedel23 enero, 2022

Soy Maestro Normal Nacional. Egresado en 1968 de la Escuela Normal Nacional de San Justo (Provincia de Buenos Aires).

En aquella época, si como opción de estudios secundarios, elegíamos el Magisterio nos recibíamos de Maestros de Grado.

Fue la penúltima promoción. La de 1969 fue la última. Después, quienes querían ser Maestros de Grado tenían que cursar dos años más una vez terminado el colegio secundario. Con el correr de los años fueron tres y posteriormente cuatro para recibirse de Profesores de Enseñanza Primaria.

Ejercí diez años como Maestro de Grado. Y la docencia, en diferentes modalidades, durante cincuenta.

Días pasados, una compañera y amiga de la Escuela Normal publicó en las redes:

"Los educadores y educadoras jamás damos por "perdido" a nadie, ni pensamos que los sueños de las personas tengan fecha de vencimiento.

Ningún maestro o maestra diría que no hay tiempo para buscar a los y las que se fueron; eso sería traicionar nuestras convicciones.

Los iremos a buscar y persistiremos una y otra vez, hasta lograr que todos y todas estén en la escuela aprendiendo".

Ambos, lo mismo que muchos otros de mis compañeros y compañeras de entonces, Maestros/as de Grado, Profesores/as de Enseñanza Media y Superior, Maestras/os Jardineras/os (hoy Profesores/as de Educación Inicial) como tantísimos docentes de la República Argentina, sabemos de la dificultad y el compromiso de ir a buscar niños, niñas y adolescentes que no estaban asistiendo a la escuela. Y sabemos de la emoción al verlos al día siguiente o a los pocos días sentados en el aula participando de las clases.

No siempre se conseguía el objetivo. Causas varias, complejas y entrelazadas entre sí lo impedían. La frustración del docente era muy grande y el perjuicio para esos niños, niñas y adolescentes, enormes.

Este gravísimo problema existe en nuestro país mucho antes de la pandemia.

Probablemente, la pandemia lo haya agravado. Pero también lo ha agravado la inmensa cantidad de personas que viven en la pobreza y la indigencia, tal vez como nunca antes.

La Ley de Educación Común, Ley 1420, sancionada en 1884, expresó la preocupación y el interés por construir una Nación con rasgos de homogeneidad en un Estado ya constituido.

Valorable intento (parcialmente logrado) de hacer que todos los niños y todas las niñas concurrieran a la escuela y completaran los estudios primarios.

Ocurre que los propósitos de la ley (como también sucede con otras) no modifican de hecho las condiciones sociales y económicas que impiden su total vigencia en la práctica.

Los docentes argentinos, desde siempre, han hecho mucho más por hacer que niños, niñas y adolescentes permanezcan en las escuelas que quienes han sido los encargados "macro" del sistema educativo.

El amor a los hijos e hijas no es exclusivo de sectores sociales más acomodados. En personas que viven en la pobreza y la indigencia, la falta de alimentación mínimamente adecuada, la tremenda dificultad para acceder a la salud, las condiciones mórbidas de hábitat y vivienda y la imposibilidad o severa dificultad de acceder a la escolaridad constituyen desgarradores dolores de padres y madres respecto de sus hijos e hijas que aman.

Sé que muchas personas piensan que "esas personas" no conocen el amor, que son "irremediablemente así" y que nada les importa de los hijos e hijas. Simplemente, o no tan simplemente, las personas que así piensan y yo, no compartimos el criterio.

Las (lamentablemente) siempre muy frecuentes en niños, niñas y adolescentes, y concienzudamente estudiadas por especialistas, hace ya varios años, "patologías del desamparo y el desvalimiento" tienen lugar en todo el espectro social.

Claramente, el narcotráfico es un delito.

Y es uno de los más grandes "negocios" a nivel internacional.

Quienes lo manejan son personas escolarizadas y muy probablemente con estudios secundarios y superiores. De ninguno de ellos, muy probablemente, pueda decirse que estuvo en los pasillos de una "villa". Al menos, no viviendo o perdido. Tal vez sí, reclutando "mano de obra barata".

Porque la desesperación frente a la falta de lo elemental para vivir y ante la falta de un horizonte racional y factible de posibilidades nos lleva ("nos", a todos o la inmensa mayoría) a realizar acciones que no realizaríamos si estuviéramos en mejores condiciones.

Lo explican la psicología, la psicología social y la sociología situacionales (es decir, considerando el poder de la situación que se está viviendo) y lo ejemplifican con acciones aberrantes cometidas por integrantes del Ejército de Estados Unidos en Irán. Personas que, antes de esas acciones (y, probablemente, después en caso de poder reponerse) eran muy buenas personas.

Muchas, muchas empresas contaminan el medio ambiente, las aguas y el aire.

Son personas muy "educadas" desde el punto de vista de la formalidad del sistema educativo quienes son sus dueños y/o las dirigen.

Ponen en serio riesgo la salud de la población.

De esas empresas se dice que "dan" trabajo. Considero esto un error. Esas empresas generan puestos de trabajo de acuerdo a sus objetivos de producción y de ganancias. Y esto es muy útil en el sistema económico que nos rige.

Quien "da" trabajo es quien trabaja. "Da" lo que tiene, que es su capacidad y voluntad de trabajar.

Se emplean en esas empresas jóvenes y adultos en distintas posiciones laborales. En general, con estudios secundarios. Muchos con estudios terciarios o universitarios. Másteres, doctorados, post doctorados.

Es muy difícil (imposible, tal vez) comparar daños. En este caso, el daño del "negocio de la drogadicción" y el daño del "negocio empresarial contaminante" que afecta la salud de la población.

Claro es que el "negocio" de la drogadicción sólo produce daños. Y el "negocio de la empresa contaminante" que afecta a la salud de la población también produce "bienes".

Ambos "negocios" necesitan mano de obra. El de drogadicción, en muy buena medida, pauperizada. El de la "empresa contaminante", calificada.

En una oportunidad, una excelente Profesora me contaba muy contenta que había ido con sus alumnos de modalidad técnica a visitar una empresa. Me decía muy entusiasmada que en esa empresa (eventual lugar futuro de trabajo para los alumnos), en la estupenda visita didáctica, "les habían mostrado todo, todo, todo". Le pregunté si les habían mostrado cómo contaminaban. Me contestó: "No. Eso no". Le dije: "Entonces, no les mostraron TODO".

Por supuesto, todos tenemos necesidad de trabajar.

Estamos en alerta como consecuencia de un posible conflicto bélico entre Rusia y Rumania. Es, en realidad, un conflicto por el dominio del mundo y no es sólo entre Rusia y Rumania, sino entre "potencias". Rusia, la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte).

La OTAN (que integra Estados Unidos), Rusia, las potencias que dirimen el control del mundo suponen que tienen el "derecho" de tener a la humanidad en vilo y de generar baños de sangre. En lo personal, creo que deberíamos estar ideológicamente al margen de esas disputas, es decir, sin tomar partido por uno u otro, ya sea que nos parezca menos malo o coyunturalmente "aliado". Y no repetir la fórmula usada en la guerra fría (o no tan fría) entre Estados Unidos y la Unión Soviética de "el enemigo de mi enemigo es mi amigo".

Quienes dirigen y operan estas organizaciones, ¿son adultos que siendo niños, niñas, adolescentes, dejaron de concurrir a la escuela y se perdieron en los pasillos de una "villa" (o el nombre que adquieran estos lugares en otras partes del mundo y donde viven o sobreviven tantos seres humanos)? No creo.

Pensemos, por favor. Pensemos seriamente. Y tratemos de no estigmatizar.

En cualquier área de la vida, ya sea la medicina, la psicología, el arreglo de artefactos hogareños y no hogareños, la kinesiología, la odontología, la reparación de máquinas, la sociología, la política, la puesta en funcionamiento de un motor dañado de un automóvil...no es posible hacer un buen tratamiento si no se hace un buen diagnóstico.

Probablemente, con un buen diagnóstico y un tratamiento difícil, pero posible, en el que la gran mayoría de la Humanidad esté comprometida, podamos construir un mundo más acogedor.