"Rechazo Social" por Guillermo Rivelis

Carlos Riedel20 agosto, 2022

Asistimos, al principio de la pandemia, a discursos, expresiones, manifestaciones que hablaban de lo que la misma nos estaba poniendo en evidencia.

Que no existen las fronteras, que el mundo es uno, que universalmente somos hermanos y que el virus ingresa en las personas sin diferenciar etnias, nacionalidades, lugar en la estructura social demostrando que los seres humanos somos semejantes unos con otros.

No duró mucho.

Pronto, empezaron a tener lugar discursos y acciones discriminatorias.

Comenzaron a circular frases acusatorias acerca de las personas que vivían (y viven) en lo que en esas frases se refería como "villa".

Y sus habitantes los "negros".

Decían: "Los negros andan paseando por la villa como si nada".

Frases pronunciadas por personas que, aun sabiéndolo, no decían que las personas que allí vivían no fueron precisamente quienes "importaron" el virus porque nunca viajaron a Europa.

Más bien, fueron receptores pasivos de algo que, por la situación económica que padecen, jamás hubieran podido originar.

Las personas que pronunciaban esas frases ignoraban, tal vez, que suele suceder en esos lugares que haya una sola canilla para más de una familia.

Y que a sus habitantes les resultaba imposible comprar lavandina y alcohol.

En un momento, se autorizó a que en el mismo día cobraran en los cajeros jubilados y beneficiarios de planes sociales.

Seguramente, constituyó un error.

Decían: "Vienen a los mismos cajeros que nosotros, los contaminan y nosotros nos contagiamos".

Hay sabemos que esa no es una vía de contagio.

La ofensa está hecha.

"Ellos" nos contagian a "nosotros".

Obviamente, no es ese el "Nosotros" (siempre entrecomillado y con mayúscula) al que me vengo refiriendo en los últimos artículos.

El "ellos" y el "nosotros" es anterior a la pandemia y continúa.

"Ellos" y "nosotros" constituye una discriminación recíproca.

¿Dónde empieza?

Queda librada esa respuesta al razonamiento de cada uno.

Eso sí, queda establecida una situación que conlleva la fantasía de la amenaza.

Y, muchas veces, la realidad de la agresión.

Situación de contenido psíquico persecutorio (paranoide).

Parece que "nosotros" no entendemos que algunas personas que configuran ese artificial "ellos" suministran la mano de obra al delito.

Pero que la "cabeza" del delito está entre ese también artificial "nosotros".

No es la única discriminación.

Discriminación que supone rechazo social.

Discriminación y rechazo social (a veces encubierto como conmiseración) a personas con discapacidades.

En otras épocas más que ahora (afortunadamente), pero también aún ahora, rechazo social a personas homosexuales.

Discriminación y rechazo social a las mujeres.

Patriarcado, machismo.

Femicidios.

Violencia sexual.

Golpes.

Distinto salario a igual trabajo.

Todo esto en Argentina aún después del encomiable y activo trabajo de Alicia Moreau de Justo, Julieta Lanteri, Florentina Gómez Miranda, María Eva Duarte de Perón.

Artificiales "grietas" políticas sostenidas más por intereses personales, grupales y sectoriales que por diferencias ideológicas.

Las diferencias ideológicas no tendrían por qué dar por resultado discriminación y rechazo social.

Discriminación y rechazo social en las escuelas.

Bullying a la orden del día.

Adolescentes agredidos y lastimados por sus compañeros o por adolescentes de años más adelantados de la misma escuela.

Rechazo social a personas que no verifican los estándares aprobados de belleza, poder, dinero, éxito.

Nos estamos haciendo daño.

La escritora Rosa Montero en el libro "El peligro de estar cuerda" cita al neurocientífico David Eagleman: "Para el cerebro, el rechazo social es tan importante que literalmente duele; activa la misma matriz neuronal que el dolor".

Pensemos y decidamos.

O participamos de la producción de rechazo y dolor siguiendo los paradigmas del odio.

O nos entregamos a los múltiples y deliciosos formatos del amor.