Para leer con atención...Terapias intensivas en primera persona: desde la trinchera

Carlos Riedel5 septiembre, 2020

Los médicos de las terapias intensivas cuentan los que les toca vivir en este momento de la pandemia. Se sienten cansados, con bronca. Advierten que al tiempo que aumenta la circulación de personas se incrementa la cantidad de contagios y de pacientes. Y destacan que ese agotamiento mental que sufren los puede llevar a cometer graves errores.

Lejos, muy lejos, quedaron los aplausos de las 21 horas en homenaje a los médicos. Como señala el mismísimo presidente de la Nación, ya no hay cuarentena, y la circulación en las grandes ciudades (y en las no tan grandes también) es casi normal. Y a más circulación, más contagios. Y a más contagios, más pacientes internados en terapia intensiva, sitios estos en los que los profesionales de la medicina, esos mismos que ya no son aplaudidos y por consecuencia tampoco homenajeados, no dan más, no aguantan más. Están cansados. Hartos. Enojados.

“Yo les pondría el trajecito durante toda la sesión a los legisladores que estuvieron en el Congreso que quieren presencial a ver qué opinan. Que se pongan el traje de protección personal para cuidarse porque no puede haber tanta gente en un lugar cerrado, pero que se pongan todos el trajecito que usan los médicos terapistas y se aguanten una sesión de 8 a 10 horas con eso. Con el barbijo, con la máscara, con el overol. Que estén todo el día sin tomar agua a ver si lo bancan”.

La frase pertenece al ministro de Salud provincial, Daniel Gollán, que se apoyó en el cansancio, en el hartazgo y en el enojo de los terapistas (o intensivistas) para pegarle no sólo a los diputados nacionales de Juntos por el Cambio que reclaman por las sesiones presenciales, sino también a todos y cada uno de los bonaerenses (y argentinos) que piden por más “libertad” y que entre otras cosas no respetan las normas ni de distanciamiento e higiene por considerar que el coronavirus es simplemente una gripecita o gripeciña.

“Los intensivistas, además de extremadamente cansados, también estamos un tanto enojados. Nos parece un poco desconsiderado el hecho de que la gente se reúna, salga y no respete mínimamente las normas. Hace un par de semanas, por ejemplo, estaba todo el mundo hablando de las vacaciones, de lo qué iba a pasar en enero. Y lo cierto es que para enero falta una eternidad. Uno siente que la población está en otra cosa”, señala la Jefa de la Terapia Intensiva del Hospital San Martín de La Plata, Elisa Estenssoro.

Agrega que “cuando uno salea la calle y ve gente sin barbijo y amontonada, y se entera de que hay grandes reuniones y fiestas, se siente una sensación de estar viviendo en dos mundos paralelos. Por un lado, el nuestro, el de la terapia intensiva, donde todo es trabajo, estar encima de los pacientes, muchos complicados, con situaciones estresantes para los familiares que no los pueden ver; y por el otro la gente que no respeta las normas, que intenta volver presurosamente a la normalidad. Eso genera enojo y una sensación de incomprensión”, remata la profesional.

Los recursos no dan abasto. Y no los técnicos ni tecnológicos, que fueron duplicados y hasta triplicados (por caso, en la Provincia, según informó el gobernador Axel Kicillof, hubo un aumento del 240 por ciento de las camas de terapia intensiva).

El principal problema está en los recursos humanos. Sucede en el Conurbano, en la Ciudad de Buenos Aires y en la mayoría de los distritos en los que el Covid avanza sin pausa: faltan médicos de terapia intensiva.

"Yo puedo tener mil camas de cuidados intensivos, pero si no tengo el personal adecuado, entrenado, en cantidad y calidad, no voy a poder atender las mil camas. Gracias a Dios no nos faltan camas, nos falta recurso humano, es el punto crítico en este momento, es lo que nos asusta a nosotros", afirmó Ralph Vargas Martínez, Jefe de Sala de Servicio de Terapia Intensiva del HIGA, Doctor Oscar Alende, de Mar del Plata, que vale decir atraviesa el momento más complicado desde el inicio de la pandemia.

"No sabemos cuánto aguanta el sistema Por eso queremos parar un poco, pedirle a los marplatenses que nos ayuden para poder seguir brindándole la calidad de atención que se merece. Al tener pluriempleo, no es problema de una institución, es en varias. Hace que se resienta más el sistema, que se sobrecargue a la gente que todavía no se infectó, y es una cadena que no se puede romper. Nosotros antes de médicos somos personas. Estamos angustiados, estresados, tenemos a nuestras familias sufriendo con nosotros”, sumó el médico.

Ese miedo y ese sufrimiento de Vargas Martínez se vieron claramente reflejado en la carta de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva, tan dura como real. “Sentimos que no podemos más, que nos vamos quedando solos, que nos están dejando solos; encerrados en la Unidades de Terapias Intensivas con nuestros equipos de protección personal y con nuestros pacientes, sólo alentándonos entre nosotros. Observamos en las calles cada vez más gente que quiere disfrutar, que reclama sus derechos, la gente que se siente bien por ahora”, se indica en la misiva.

“Terminamos una guardia en una Unidad de Terapia Intensiva y salimos apresuradamente para otro trabajo. Necesitamos trabajar en más de un lugar para llegar a fin de mes. Por horas y horas de trabajo estresante, agotador, pese a ser profesionales altamente calificados y entrenados, ganamos sueldos increíblemente bajos, que dejan estupefactos a quienes escuchan cual es nuestro salario. También nos entrenamos para lidiar con la muerte todos los días y le ganamos muchas veces. Aprendimos a ser resilientes”, se añade en otro tramo.

Acá, allá y también un poco más allá. La situación es compleja a lo largo y ancho del país. En Mendoza, por ejemplo. “Algunos de nosotros hemos tenido que irnos de casa, ante el peligro de poder contagiar a nuestras familias. Hay un elemento común de angustia, porque no vemos un horizonte en todo esto y el nivel de carga es muy grande. Estamos trabajando más de 80 horas semanales”, cuenta Fernando Kurban, presidente de la Asociación Mendocina de Terapia Intensiva Cuidados Críticos (AMTI).

Y va todavía un poco más allá. Deja en claro que el malestar de los médicos, enfermeros y demás integrantes de las terapias intensivas también puede repercutir en el nivel de letalidad, que vale señalar, es por ahora de los más bajos del mundo. “He llegado a pasar tres días y medio en guardias de 24 horas. Todo el personal sanitario se encuentra en la misma situación, lo que produce un gran agotamiento. Eso aumenta la posibilidad del número de errores y, por ende, incrementa la mortalidad del paciente”, exclamó el profesional de la tierra del buen vino.

En el mismo sentido se expresó Arnaldo Dubin, Jefe de Terapia Intensiva del Sanatorio Otamendi (CABA). "Estamos agotados físicamente, exhaustos en lo psicológico. Cometemos errores, nos enfermamos. Hay compañeros que fallecieron. El resultado, entonces, no es el mismo. Hay índices que nos preocupan. La letalidad, que es el número de fallecidos dividido por la cantidad de contagios, está aumentando”, afirmó el también miembro de la SATI.

Pasan las horas, los días, los meses, y la situación lejos de mejorar, empeora. ¿Qué será de los terapistas en el futuro? ¿Será este un antes y un después? Por qué no. Podría ser. Lo que es seguro es que el ahora es paupérrimo, triste, tanto que lleva a los ya no aplaudidos ni homenajeados profesionales repensar el mañana, en algunos casos a arrepentirse del camino elegido.

“La del terapista es una especialidad muy ingrata en términos de estrés y del desgaste que genera. Y está mal paga, por lo que el médico llega a los 60 años y debe seguir haciendo guardias para vivir. Si el Estado no toma cartas en el asunto para cambiar estar realidad, en algunos años no va a haber gente que haga terapia intensiva”, alertó sin vueltas Jorge Montiel, neumonólogo, terapista del Hospital Centenario de Gualeguaychú, Entre Ríos.