Nunca se sabe. Relatos de a dos

Carlos Riedel25 marzo, 2023

Por Osvaldo Croce y Armando Borgeaud

Ilustración: pintura sin título, de Ernesto Deira

Capítulo dos: Un día de estos

No solamente la fragilidad de nuestro cuerpo puede hacernos despertar del sueño ingenuo de creer que todo depende de nosotros. También lo inesperado, lo imprevisto en la telaraña de la rutina, con su ineluctable sentencia, tiene el poder de hacernos felices o desdichados en un abrir y cerrar de ojos, o mostrarnos para siempre un costado inadvertido de nuestra realidad. Nos viene a recordar, una vez más, el ínfimo lugar que ocupamos en la existencia. Estas historias juegan con esos súbitos vientos que preferiríamos evitar, aún en sueños, en nombre de la cómoda calma chicha donde nunca nos pasa nada.

Durante muchos años

Durante muchos años, los hermanos Furriel eran solamente una referencia de Ana María y Horacio, sus padres, verdaderos protagonistas de la ciudad. Ella, desde la Sociedad Mutual y Horacio al mando de la Banda Municipal de Música.

Cuando murieron, primero Don Horacio y dos agostos más tarde su esposa, los hermanos Vicente y Bernardo repartieron bienes sin complicaciones.

Vicente continuó viviendo en la casa de Villa Angus que había levantado Luis Furriel emigrante de Gijón. Bernardo por su parte mantenía la casa que ambos hermanos planearon desde un terreno en Villa Fox, y trajeron a la realidad gracias al Banco Hipotecario aportando plata durante años.

Resumiendo, pareció que una llanura de años en calma iba a extenderse como dulce de leche en tostada.

Siete años más adelante, ambos hermanos casados, dos hijos a la mesa del primogénito y tres en órbita alrededor de Bernardo., ya habían vendido algunos muebles pesados, el cochazo negro, pesado, de los progenitores. La realidad llegó una tarde en abril. Había que alquilar una o dos de las grandes habitaciones que daban a la calle. Vaciaron a las dos y acumularon los muebles en lo de Bernardo hasta que la venta les llegó a todos.

Fue entonces que el hijo menor, a solas y en viernes lluvioso, descubrió un mazo de cartas con estampillas de San Martin, atadas con un hilo amarillado por los almanaques.

Después hubo un desatar temblando, el desplegar las hojas manuscritas, el asombro de la firma final. Cartas de amor que Horacio recibía en secreto, que no eran de su madre Ana María. ¿Desconocía ella tan tremenda pasión?

A medida que leyó las cartas, Bernardo decidió guardarse el secreto. Y pensando en las consecuencias que demolían al matrimonio perfecto de Ana María y Horacio, frotó el fósforo

El diablo está en los detalles

Tres de marzo

Querida hermana

Te escribo a después de tanto tiempo que te fuiste a vivir lejos, ya sabemos cómo nos entrampa esa idea de ir dejando para mañana lo que no hacemos hoy. Cuando la termines de leer, vas a pensar por qué no busqué un teléfono público, (como sabés, la oficina de la Telefónica funciona a una cuadra de aquí, aunque el costo de la llamada a Canadá con todo lo que tengo para contarte saldría un ojo de la cara, pero no creas que no lo he pensado), para comunicarte la emoción que estoy viviendo y que entiendo vos, también te asistirá la razón en eso, podrías dudar si no me he vuelto loco definitivamente al sacar tus conclusiones con la calma que merece un tema de semejante gravedad.

Corriendo ese riesgo, me aventuro a sintetizar en estas líneas, de la manera más transparente posible, los acontecimientos que desde hace unas semanas han trastocado mi vida de una manera extraordinaria. Desde ese domingo a la madrugada en que papá apareció frente a la puerta de calle a tocar el timbre vestido igual que cuando vos y yo lo preparamos en la cochería para el velorio. Así como te lo cuento. ¿Te acordás que fue un martes frío y lluvioso y vos estabas con una gripe que volabas cuando mamá nos encomendó la tarea?

Si, hermana, sé que resulta increíble y hasta absurdo y no puedo dejar de llorar cada vez que lo pienso, lo digo en soledad, o ahora mismo cuando lo estoy escribiendo, mientras papá duerme en la que era la habitación de su nieto Ernestito hasta que se fue de casa. Te imaginarás que es impensable compartir este suceso con alguien más que vos, al menos por ahora y hasta que sepa, o sepamos qué hacer, para lo cual cuento con tu sabio criterio de siempre.

El viejo y yo no dejamos de emocionarnos como dos nenes desde el momento en que nos dimos el primer abrazo de reencuentro después de cuarenta años y luego cada vez que nos quedamos mateando bajo la parra horas y horas recordando nuestra feliz vida familiar que compartimos mamá, él, vos y yo, en esta casa que hemos venido reformando desde que él murió, no me animo a decir todavía “ se fue de viaje “ como hace todo el mundo cuando alguien fallece, aunque en este caso resulte así, por lo que parece su regreso de una larguísima travesía.

Debo confesarte que el viejo observa no sin desagrado las transformaciones de su propiedad, su ex propiedad en realidad ya que la escritura está a mi nombre luego de que vos y yo llegamos a un acuerdo, hace algunos pocos años. Se le nota en la mirada por más que no diga ni mu, y a pesar de que le expliqué que se trató de modificaciones imprescindibles para nuestra mayor comodidad, ( no quise herirlo recién llegado, recordándole que era él, justamente, quien se había opuesto de manera tajante sin escuchar razones a estos cambios que tan bien resultaron para todos ), te acordarás hermana que papá tenía un carácter difícil y que nuestra madre, que en paz descanse, sufría horrores después de cada discusión y hasta que dejó de dirigirle la palabra luego de una en la que se tiraron con vasos y platos durante una cena. Inclusive cuando lo tuvimos que internar de urgencia, poco antes del final, ambos se comunicaban a través nuestro. Cómo para olvidarlo.

Pero todo eso, parece, no le ha importado al Jesús Misericordioso al que le pedí tanto este milagro de volver a verlo, porque no puede ser menos que un milagro esta aparición de papá, ( desde la estampita pegada en la heladera Jesús parece sonreírme satisfecho desde su regreso )
Hermana, creo que con lo dicho hasta acá es suficiente para esta misiva que supongo te emocionará tanto cómo a mí y seguramente, cuando pase un tiempo prudencial, te darán ganar de venir a la Argentina a encontrarte con tu padre que te envía muchos besos desde ya. Apenas tenga novedades volveré a escribirte, no lo dudes.

Nota: he preferido no enviar fotografías por el momento. Tu entenderás la razón.

Te quiere, tu hermano

Ocho de Mayo

Querida hermana

No tenés idea lo que he dudado en escribir esta carta hasta finalmente predisponerme por fin a hacerlo, especialmente después de la anterior, donde la intensidad del milagro de la vuelta de papá todavía iluminaba mi vida como a un paraíso infinito de bondad

Voy a ir al grano para describirte los problemas que se han ido sucediendo en los últimos meses, porque las cosas por acá han ido de mal en peor en los últimos tiempos. Espero que puedas entender, comprender, mejor dicho, el sentido de mis palabras, muy lejos de estar impregnadas de desagradecimiento, como dudo por momentos que podrían interpretarse de mí explicación.

La verdad es que comencé a sopesar las consecuencias prácticas de la vuelta de papá recién cuando descubrí que los gastos de la casa se multiplicaban por dos y hasta por tres luego de su arribo. Es claro que ahora somos dos bocas las que debemos alimentarnos con mi jubilación mínima, la suya, obviamente, fue dada de baja con el certificado de defunción del doctor Antunez, y por lo tanto todos los gastos, desde los más pequeños a los grandes, y menos mal que con mamá decidimos en su momento no donar la ropa del viejo y guardarla cuidadosamente como recuerdo, gracias a lo cual, y a que gracias a Dios él no ha cambiado de talle, podemos prescindir de gastos en indumentaria y calzado por el momento.

No obstante, y por más que hemos tenido una fuerte discusión por el tema, te cuento que papá ha vuelto a fumar. Con todo lo que ello implica, te imaginarás, para su salud, que al momento está tan delicada como poco antes del sufrir el ataque que provocó su desaparición.

Con toda la seguridad y la displicencia que le brinda su actual estado de gracia, me ha dicho que está dispuesto a disfrutar de los placeres que debió reprimir en su “primera etapa “. Lo que más me preocupa de este punto, además de que la casa se ha convertido en un ambiente humoso, es el costo diario de cada paquete, porque, además, cuando se sienta frente al televisor, la mayor parte del día, enciende uno con la colilla del otro.

Cuando le hice el comentario, cuidadosamente para evitar que se ofendiera, me respondió que estaba dispuesto a colaborar con la economía familiar, haciendo changas por el barrio: cortando el pasto o haciendo reparaciones varias y que no es culpa suya que los precios sean más altos ahora que hace cuarenta años cuando él murió. Si bien es cierto que siempre fue muy hábil para esas cosas, no quiero ni pensar lo que puede ocurrir cuando los vecinos que quedan en la cuadra descubran que el viejo ha resucitado con una bordeadora entre las manos y cuando la noticia corra por toda la ciudad. Imaginate

Para peor, la semana pasada sufrió un pico de presión, ( no te he contado todavía que todas las noches se toma dos whiskies sin hielo como si fuera agua ), y tuve que llamar a la clínica privada que me cobró una fortuna para venir a revisarlo por arriba y aconsejarle que lleve una vida más sana. A vos te parece.

Pero lo peor no te lo he dicho todavía y creo que se trata de una noticia terrible, a esta altura.

Antes de ayer a la mañana muy temprano tocaron el timbre y al espiar con la persiana baja, papá y yo descubrimos, los dos congelados por la sorpresa y te diría por el terror, que abuela Francisca, vestida con el sombrero del retrato del dormitorio, esperaba ansiosamente dando golpecitos en el suelo con el pie izquierdo, igualito a como la imitaba el tío Luis todas las navidades. Observaba con disgusto el frente de la casa, quizá por las celosías que cambiamos hace ya no me acuerdo cuándo.

Papá y yo coincidimos, sin mirarnos, en que lo mejor sería no abrir la puerta y retirarnos hacia el fondo en puntas de pie. No es conveniente actuar cuando no se está seguro de hacer lo correcto, fue su consejo cuando al fin logramos relajarnos un poco. Hasta el momento, abuela no ha regresado.

Hermana, ignoro cómo continuará esta extraña historia.

Aguardo con ansiedad tus palabras que, nunca como ahora, nos ayudarán a pensar con claridad

Te abraza, tu hermano del alma