Decía Pierre Leroux de la sociedad que habitaba, la sociedad del siglo XIX, que recibía los cuestionamientos de los filósofos del siglo XVIII a todas las creencias que se habían mantenido durante siglos, pero que no construía aún su propia síntesis:
“Así es la época, ahí ha caído; y de ahí debe salir para elevarse a la más alta forma de asociación y de comunión que haya reinado entre los hombres y merecido el nombre de sociedad”.
Sociedad que había caído en la continua duda e incertidumbre y en la cual todo ser humano estaba “solo en espíritu sobre la tierra” (Pierre Leroux).
Sociedad hoy del siglo XXI.
Sociedad que ha desarrollado, especialmente en el siglo XX, importantes desarrollos en sociología, política, psicoanálisis, estructuralismo, psicología social y muchas otros temas y disciplinas.
Y ha construido ricos conceptos como, por ejemplo, el concepto de grupo y dinámica grupal.
Aún así, sociedad que se muestra desordenada, caótica por momentos, confusa, desorientada.
El siglo XVIII, por medio de la Revolución Francesa, proclamó los principios de libertad, de igualdad y de fraternidad.
En el siglo XXI, tres siglos después de que Jean - Jacques Rousseau escribiera: “El hombre nace libre pero en todas partes se encuentra encadenado”, el ser humano no es libre y se encuentra encadenado.
Cuando un ser humano (como tantos, en nuestro país por ejemplo) carece de lo básico que necesita para vivir, no puede ser libre.
Cuando un ser humano en edad adulta (como tantos en nuestro país, por ejemplo) está encadenado a la desocupación, a la desesperación, a una vida restringida, a la angustia, no puede ser libre.
En “Pedagogía del oprimido”, Paulo Freire escribió: “Nadie se libera solo, nadie libera a nadie, los hombres se liberan en comunión”.
Liberación, libertad.
Libertad material que consiste en poder trabajar y cubrir todas las necesidades.
Libertad espiritual para sentir, pensar, creer lo que cada persona elija o adopte.
Igualdad.
Las desigualdades actuales (en nuestro país, por ejemplo) son inmensas y vergonzantes.
Rousseau, en su obra, probablemente, más importante, formuló la necesidad del “contrato social” para regular las relaciones entre las personas y que puedan, entonces, encaminarse hacia la igualdad.
Fraternidad.
Presente entre muchas personas. Pero ausente en otras y en la sociedad, como principio.
Tomando palabras de Pierre Leroux, creo que, lamentablemente, hoy la sociedad ha caído en esta situación.
Y, tal como planteara Pierre Leroux para el siglo XIX, es desde tal lugar que nuestra sociedad del siglo XXI debe elevarse para construir asociación.
La cualidad de la asociación, opino, ha de permitirnos salir de las miserias sociales y elevarnos hacia una sociedad mejor.
Para que esto ocurra, los seres humanos hemos de renunciar al egoísmo, a la competencia feroz, a la voracidad de dinero y poder, a la costumbre de no mirar lo que nos incomoda ver (la pobreza, la falta de trabajo, las personas desamparadas en muchas ocasiones por los Estados, los seres humanos viviendo en la calle), a la indiferencia, a la despreocupación por los otros, a la falta de participación, a la violencia.
Tal vez, así, podamos constituir “asociación” como forma posible y exquisita de sociedad.

