Cuando escribí las líneas que Enlace Crítico tuvo a bien publicar ayer, no sabía aún lo que ocurría en Gaza.
Las líneas llevaban por título "¿Es atractiva la violencia?".
A medida que me fui enterando acerca de lo que estaba ocurriendo en Gaza, fuertes escalofríos me recorrieron el cuerpo.
La concreción brutal de lo planteado en las líneas supera los intentos de alguien que escribe y deposita de manera contundentemente dolorosa una realidad impiadosa.
La realidad impiadosa es consecuencia del accionar de seres humanos impiadosos.
La psique humana tiene la posibilidad de actuar de esa manera.
Y también tiene la posibilidad de controlarla.
Para recurrir a la posibilidad de controlarla es condición de necesidad la voluntad de controlarla.
No es lo que ocurre en Gaza.
¿Quién tiene la culpa?
Es como preguntarse quién "empezó".
El el libro "Teoría de la comunicación humana", Paul Watzlawick y otros, exponen un clarísimo ejemplo.
Una señora siempre regaña al marido y él siempre se retrae.
Ella dice que lo regaña porque él se retrae.
Él dice que se retrae porque ella lo regaña.
Los autores plantean que para que eso suceda es necesario que se den esas dos acciones complementarias.
La comunicación, explican, es un fenómeno circular.
No empieza en ninguna parte.
Siempre se le podría encontrar un origen a lo que se supone origen.
La guerra es una terrible, espantosa, brutal forma de comunicación.
Niños muertos.
Israelíes, palestinos.
Niños que jamás hubieran elegido la guerra.
Porque los niños eligen jugar.
Podemos pensar que eso pasa en Gaza.
Muy lejos de nosotros.
Y que nunca ocurrirá en nuestra tierra.
En nuestra tierra han muerto niños y adolescentes asesinados.
Micro guerras que no tienen la dimensión, pero sí la lógica insensible de las guerras declaradas.
En lo que a mí respecta, Gaza no está lejos.
Está en el escozor de mí piel, en el frío inexplicado, en la sensación de pecho cerrado, en imágenes atormentadoras.
En la conciencia abrumada por el dolor.
Es necesario que nos propongamos, con las herramientas que tengamos, hacer lo que esté a nuestro alcance para que en el mundo haya paz.

