Ni Una Menos: marchas en todo el país para exigir el fin de los femicidios

"MARCHAS EN TODO EL PAÍS"
Por Guillermo Daniel Rivelis
Marchas con mucha indignación.
Convocadas por el colectivo feminista y apoyadas por la amplia mayoría de la población.
La consigna "NI UNA MENOS" no encuentra correlación con la realidad.
En escasísimo tiempo han ocurrido tres femicidios aberrantes.
Todo femicidio lo es.
¿Esto quiere decir que debe cambiarse la consigna "NI UNA MENOS"?
De ninguna manera. Esto significa que hay que cambiar la realidad.
Una realidad que desprecia la vida de la mujer.
El Observatorio de Femicidios de Argentina "Adriana Marisel Zambrano" perteneciente a la Casa del Encuentro, registra, antes de los últimos y terribles femicidios, 87 femicidios en lo que va del año.
La organización MuMuLá, Mujeres de la Matria Latinoamericana, registra 90.
87 ó 90, cifras aberrantes y aterradoras.
Cada uno de los femicidios tiene una historia particular.
Circuló estos días una frase conmovedora: "No aparecemos muertas. Nos matan'.
Penetrar en la historia particular de cada situación nos conmueve y nos afecta en todo nuestro ser en tanto somos personas sensibles y que podemos acercarnos al dolor de otros seres humanos.
Y, al mismo tiempo, esa situación y ese dolor, nos resultan inimaginables.
Cada femicidio es un corte, un desgarro, una herida irrecuperable.
Un daño a personas con nombre y apellido y un daño irreparable para la sociedad.
El principio básico de la medicina es "primun non nocere", "primero no hacer daño". El médico no tiene obligación de curar siempre. De hecho, hay enfermedades incurables.
Tiene la obligación de no dañar y de no aumentar el daño ya producido.
Una sociedad que valore  la solidaridad entre seres humanos debería plantearse que las personas vivamos con este objetivo como móvil fundamental en la cotidianidad: "no dañar".
En todo femicidio hay un fondo común de desprecio a la vida de la mujer. Desprecio que lleva implícitos el desprecio a la mujer y el desprecio a la vida.
Nuestra sociedad arrastra un marcado paternalismo, vulgarizado en la práctica como "machismo", que tiene su origen en organizaciones sociales muy antiguas y que subsiste también en las actuales.
No es fácil cambiar esta realidad.
Pero esto no quiere decir que sea imposible.
Claro es que para que sea posible es fundamental una actitud decidida de los gobiernos.
Una actitud que ponga de manifiesto su preocupación y ocupación por la vida de los seres humanos y, en particular, por esta tremenda realidad que es el femicidio.