"MOMENTOS DIFÍCILES Y CONTROVERTIDOS" por Guillermo Rivelis

Carlos Riedel20 febrero, 2024

Escribió Sigmund Freud en “El malestar en la cultura”:

“La palabra cultura designa toda la serie de operaciones y normas que distancian nuestra vida de la de nuestros pasados animales y que sirven a dos fines: la protección del ser humano frente a la naturaleza y la regulación de los vínculos entre los hombres”.

En “El Porvenir de una Ilusión” expresó:

“La cultura humana -me refiero a todo aquello en lo cual la vida humana se ha elevado por encima de sus condiciones animales y se distingue de la vida animal- (...) muestra al observador según es notorio dos aspectos. Por un lado abarca todo el saber y poder hacer que los hombres han adquirido para gobernar las fuerzas de la naturaleza y arrancarle bienes que satisfagan sus necesidades; por otro comprende todas las normas necesarias para regular los vínculos recíprocos entre los hombres y, en particular, la distribución de los bienes asequibles”.

Es decir, que el creador del Psicoanálisis reconoce como funciones fundamentales de la cultura, proteger a los seres humanos frente a la naturaleza y regular los vínculos recíprocos entre las personas.

Una no demasiado aguda observación puede hacer notar un fracaso, al menos relativo, en lo que respecta a ambos propósitos.

Los seres humanos no nos hemos conformado con protegernos de la naturaleza y nutrirnos de la misma desde diferentes aspectos para la satisfacción de distintas necesidades.

Hemos avanzado agresivamente sobre la naturaleza, haciendo, más que uso, abuso de la misma y disputando sectores para transformarlos en propiedades.

El resultado es un desequilibrio de la naturaleza y sus regularidades, una intervención contaminante, un apoderamiento desmedido.

Tal abuso, lejos de constituir dominio y protección, pone al ser humano en serio riesgo de recibir como bumeran lo que ha producido.

Bumeran involuntario como acción que vuelve contra quien lo realiza comprometiendo la salud y la vida de los seres humanos.

Respecto de los vínculos recíprocos entre los seres humanos y la distribución de bienes, caben interpretaciones ideológicas.

En lo personal y tomando términos generales, creo que la cultura está fracasando en ambas funciones.

La explotación laboral, la pobreza, la indigencia, la delincuencia, la agresión y violencia cotidianas entre personas o grupos de personas y, muy especialmente, las guerras constituyen evidencias de ese fracaso.

Este fracaso no tiene porqué ser considerado una fatalidad y podría ser tomado como punto de partida, con visión crítica, para la construcción de relaciones con la naturaleza y entre los seres humanos, más acordes con los fines originales.

Muy probablemente, sin tener conocimiento el uno del otro, Alfredo Palacios, en Argentina, en 1922, escribió en su libro “El nuevo derecho” que la libertad individual no podía asegurar por sí sola la armonía colectiva y que el respeto al bienestar y los deseos del prójimo nace de la conciencia de igualdad en el valor de las fuerzas en lucha.

De donde se deduce que semejante convicción no queda formada sino allí donde la equivalencia existe; y donde falta, la libertad es por fatal resultado la usurpación del más débil por el más fuerte.

Se requieren, entonces, condiciones para armónicos y dinámicos vínculos recíprocos entre seres humanos que incluyan una adecuada distribución de bienes.

En “Por qué la guerra”, carta dirigida por Sigmund Freud a Albert Einstein, Freud plantea la oposición entre derecho y violencia.

En un pasaje expresa:

“... la comunidad incluye desde el comienzo elementos de poder desiguales, varones y mujeres, padres e hijos, y pronto, a consecuencia de la guerra y el sometimiento, vencedores y vencidos que se transforman en amos y esclavos. Entonces el derecho de la comunidad se convierte en la difusión de desiguales relaciones de poder que importan en su seno; las leyes son hechas por los dominadores y para ellos y son escasos los derechos concedidos a los sometidos”.

Sobre el final de la carta:

“Entre los caracteres psicológicos de la cultura, dos parecen los más importantes: el fortalecimiento del intelecto que comienza a gobernar la vida pulsional y la interiorización de la inclinación a agredir, con todas sus consecuencias ventajosas y peligrosas. Ahora bien, la guerra contradice de la manera más flagrante las actitudes psíquicas que impone el proceso cultural y por eso nos sublevamos contra ella; lisa y llanamente no la soportamos más. La nuestra no es una mera repulsa intelectual y afectiva; es, en nosotros, los pacifistas, una instancia constitucional, una idiosincrasia extrema, por así decir, (...) llevan derecho a decirles: todo lo que promueve el desarrollo de la cultura trabaja contra la guerra”.

Dos grandes hombres, en la misma época, con formaciones y profesiones distintas, en dos continentes distintos.

La distribución de bienes, las equitativas relaciones entre los seres humanos, el uso respetuoso y medido y no desmedido y destructor de la naturaleza, el intento de articular diferencias, de lograr una dinámica justa y creativa entre fuerzas existentes, la búsqueda de la regulación de los vínculos recíprocos entre los seres humanos, la condena a la guerra, el pacifismo, la afirmación de la paz en condiciones de sana convivencia.

Asuntos que están vigentes en el mundo.

Muy particularmente, en nuestro país se han puesto en movimiento fuerzas, ideas y acciones que ponen en tela de juicio algunos aspectos que parecían consolidados y que evidentemente no lo estaban.

Aparecen intervenciones que pocas veces parecen ofrecer un ámbito para el diálogo y la búsqueda de intersecciones.

Las más de las veces se presentan como únicas e inobjetables.

Acá, con estas cosas que pueden contribuir a pensar y con muchas más, estamos insertos en este desconcertante y violento momento.

De una u otra manera, todo esto nos conmueve y nos compromete a opinar y a ubicar las formas de intervención que cada uno pueda y que considere apropiadas.

Otro grande, George Steiner, planteó con claridad:

“Somos cómplices de lo que nos deja indiferentes”.