La Placita de la Cooperativa, por Ivo Marinich

Carlos Riedel4 septiembre, 2023

Ubicada en la esquina entre Belgrano y 25 de Mayo de la ciudad de Zárate, la Placita de la Cooperativa, como popularmente se le llama, tiene la particularidad de ser ajena al tiempo. Los toboganes, columpios, trepadoras y subibajas permanecen, impasibles, en el mismo lugar desde hace décadas, de manera que la plaza, como el brillo arcaico de las estrellas, le permite, al que la mira y frecuenta, hacer una incursión al pasado.

Los niños que allí jugaron y rieron y corretearon son los adultos que hoy llevan a sus hijos a experimentar la adrenalina elemental de una diversión basada en los principios gravitatorios. Y, a su vez, los pequeños que lloriquean cuando llega la hora de ir a casa, serán los padres y abuelos que mañana, no sin nostalgia, llevarán su descendencia a ocupar sus mismas huellas invisibles.

Si uno pasa por las calles aledañas durante la somnolencia nocturna, se oye, agudizando un poco el oído, el eco de las exclamaciones felices de todos los niños que alguna vez pasaron por allí. Una plaza que también cumple un rol de rebeldía y resistencia en una época de obnubilados digitales y constructoras que se relamen con los espacios públicos.

La Placita de la Cooperativa seguirá allí cuando nosotros ya no estemos. Será, como la luna, testigo de las generaciones por venir, rincón resguardado del tiempo y la hostilidad del mundo.