La pluma cucharita.
Los bancos de madera "para dos" en la escuela con el tintero en el medio.
Tantas veces, los guardapolvos blancos manchados de tinta.
Después, y también mientras tanto, las "lapiceras de tinta".
Los dedos enchastrados.
Era difícil tomarlas por el medio para escribir. Las "agarrábamos" de la punta.
Las biromes no se usaban.
En el "cuaderno de clase", con tinta.
Y manchones.
Para eso estaba la goma de borrar mitad para lápiz y mitad para tinta.
Y… agujeros en los cuadernos.
En el "cuaderno borrador", con lápiz.
Y algún "adelantado" con birome.
Después, la "lapicera" ya fue "birome".
Más fácil para escribir.
Más difícil de borrar.
Las maestras y maestros (había algunos, muy pocos) corregían con el lápiz rojo.
Después con birome roja.
Después, con birome verde, según aconsejaba la incipiente psicología educacional.
Escribe Rosa Montero en "El peligro de estar cuerda" que más de trescientos millones de personas sufren depresión en el planeta.
El número ha aumentado más aún.
Y, seguramente, muchísimas personas que sufren depresión no están "registradas".
¿No es mucho para considerar causas puramente personales, familiares o, incluso, biológicas?
¿No tenemos que formularnos un interrogante respecto de "este" mundo?
En Argentina tenemos una impresionante cantidad de personas pobres.
Una inflación descontrolada.
Gobernantes que parecen desorientados.
Opositores "al acecho".
Especuladores políticos, económicos, de todo tipo.
Y, entre los ciudadanos, mucho mucho temor, desconcierto, estupor, por momentos sensación de lo "ya sabido porque es siempre igual" y, por otros, sensación de irrealidad.
Y son muchas las personas deprimidas.
Porque la depresión está habitualmente asociada a una pérdida o a una sensación de pérdida.
No es hora de juegos de esgrima con la lapicera.
No es hora de especuladores a la expectativa.
Es hora de tomarnos las cosas muy en serio.
Porque eso es lo que puede renovar optimismo.
Mientras tanto "Nosotros", este ""Nosotros", "Esas personas que se ignoran, están salvando el mundo", que no especulamos ni pretendemos sacar ventaja de los errores de otros, sin dejar de lado las nuevas maneras y recursos tecnológicos para escribir, sigamos usando la lapicera para los más hermosos y altruistas fines que podamos y sigamos amando esa entrañable historia.

