“La apuesta es trabajar con la vida”

Carlos Riedel12 noviembre, 2017

Por Florencia Aguilar ((Estudiante de la Tecnicatura Superior en Comunicación Social – ISFDyT Nº 15 – Práctica Profesional a cargo de la Lic. Luciana Fernández)

Ana Perdomo es Licenciada en Psicología. Trabaja como Orientadora Educacional en dos escuelas de Campana y participó en el abordaje de casos de suicidio adolescente en esta ciudad.

-¿Cuáles son las principales causas que llevan a un adolescente a tomar la decisión de quitarse la vida? ¿Cuáles de esas causas se relacionan con la etapa adolescente?

-Hablar de causas en el suicidio es muy difícil, porque causas hay tantas como personas en el mundo. Lo que uno puede decir es que el suicidio es multicausal,
que no hay una causa que provoque esa decisión, sino que es una situación que involucra muchas cuestiones que llevan a que un individuo tome esa decisión en la
adolescencia, en la adultez, en cualquier etapa de la vida. Creo que la adolescencia misma es un condimento importante. Sabemos que la adolescencia es un momento complicado. Todos los que pasamos por ella sabemos que no es fácil transitar la adolescencia, porque es una etapa en que uno plantea toda su vida, empieza a consolidar su identidad. Aparecen muchas preguntas y, a veces, pocas respuestas, sobre todo en este mundo de la inmediatez, donde las cosas tienen que ser ya. La adolescencia supone un contexto de vulnerabilidad por excelencia. A eso hay que sumarle los distintos contextos sociales, familiares, socioeconómicos.
Son cosas que, lejos de generar espacios o momentos de algún tipo de certezas o seguridades, los argentinos nos enfrentamos a muchas más incertidumbres que lo
que uno puede pensar normalmente. Los chicos se enfrentan a padres sin trabajo, a una perspectiva de vida un tanto compleja y, en el medio de todo esto, uno en la
adolescencia, repensando sus ideales, sus modelos de referencia, sus gustos, sus maneras de pensar, de ser. Entonces, todo esto es un combo importante, pero uno
no podría hablar de una causa.

-¿Qué incidencia tienen las redes sociales?

-Las redes sociales tienen incidencia en nuestras vidas: en las relaciones, en las no relaciones, en nuestras familias, en todos nuestros vínculos. La decisión del suicidio
tiene que ver un poco con esto de algunas cuestiones vinculares. Las redes sociales tienen la misma incidencia que cualquier otra manifestación humana, los que nos
pasa es que todavía no lo sabemos manejar muy bien. Lo cierto es que los chicos, en las redes sociales, vuelcan todo. Y, sobre todo, me parece que la red social es un
vehículo para cuando la expresión no está a la mano. Nosotros, desde las escuelas, lo vemos mucho. Cuando te encontrás con chicos a los que les cuesta expresar sus
sentimientos, sus padeceres, sus inquietudes, lo hacen a través del Facebook, por ejemplo, o de su estado de Whatsapp. En eso va el mundo del adolescente también. Esto puede ser una incidencia. Pero no creo que tenga una influencia en cuanto al suicidio mismo. Sí como cualquier manifestación, pero las redes sociales no hacen que una persona se suicide.

-¿Existen medidas de prevención del suicidio?

-Creo que sí. Creo que los lazos solidarios entre las personas son una prevención inespecífica Esto quiere decir: laburar proyectos de vida con los adolescentes ¿cómo podemos proyectarnos para un futuro cercano o no tan cercano? Esto previene. Los lazos solidarios previenen. Que la persona, el pibe, la piba, sepan que pueden contar con determinado adulto o con determinado adolescente, pero que este adolescente sepa dónde recurrir. La presencia del mundo adulto, no desde una mirada juzgadora, sino comprensiva y atenta, actúa como un recurso preventivo. Insisto: no es que yo te pueda decir “si vos hacés esto, esto y esto la gente no se suicida”, y eso no sucede, precisamente, por la multicausalidad. Como también su causa es inespecífica, la prevención debe ser inespecífica. Pero si pensamos en el suicidio como “la decisión de quitarse la vida”, uno tiene que hacer algo para que esa vida no quiera ser quitada. Hay un psicólogo de Zárate (Jorge Collado) que lo que plantea es que no es que los chicos no quieran vivir, sino que quieren vivir distinto. A mí me pareció magnífico, porque, entonces, los adultos tenemos el desafío de modificar la realidad en que vivimos. Creo fuertemente en los lazos, y siempre tenemos que tener en cuenta que los adultos somos responsables de los adolescentes. Entonces, somos un poco responsables de  acompañar el proceso de la adolescencia. Entonces creo que sí, que hay medidas preventivas que tienen que ver con la vida, siempre con la vida.

-Trabajaste en algunos casos de suicidios de adolescentes en Campana, ¿cómo fue esta experiencia?

-Sí, trabajé, porque soy psicóloga y trabajo como Orientadora Educacional en dos escuelas y he participado de algunos “dispositivos”, que son abordajes de estas
situaciones en las escuelas. Es una situación complicada, no sólo de abordar, sino para uno. Muchas veces, si a nosotros adultos nos cuesta procesar la idea del
suicidio, imaginemos a un adolescente que ve la muerte muy lejana. El adolescente que todo lo puede y que no le va a pasar nada, que parece que fuera inmune a
todo, de repente se encuentra con que un par amigo o conocido, decidió quitarse la vida. Entonces la pregunta del “¿Por qué?” es muy fuerte en esos momentos y,
la verdad, es que no hay respuesta para eso: por qué decidió eso y no otra cosa, qué era lo que le pasaba que lo llevó a eso. Entonces ahí es donde uno tiene que
trabajar la prevención inespecífica, ahí es donde uno tiene que hacer foco en los factores protectores, en la familia que pueda acompañar. Si no hay familia que
acompaña, tratar de que el adolescente pueda pensar en qué otros adultos de referencia hay. La escuela, muchas veces, funciona como este lugar de referencia.
No por nada, la escuela es el lugar donde explotan estas situaciones, muchas veces. A veces, hay docentes que pueden generar muy buen vínculo con sus
alumnos. Hay gente que está muy comprometida con su tarea, con su rol y que puede alojar, escuchar y dar algún tipo de respuesta a algún pibe o piba que esté
pasando por una situación compleja. No es fácil trabajar con suicidio, pero la apuesta es trabajar con la vida, no tener miedo a que los pibes decidan. En primera
instancia, se intenta contener a los chicos. Eso es fundamental, porque los chicos están movilizados. Hay chicos que han perdido más de un amigo en esta situación.
Es complicado: la muerte empieza a jugar un lugar importante en sus vidas. Entonces, primero siempre es contener, y después trabajar en los proyectos que
nos permitan valorar la vida y no tener como opción la muerte.

-¿Qué tratamiento realizan los familiares de las víctimas?

-Se trabaja en red con otros organismos estatales, por ejemplo de salud, para dar respuesta también a las cuestiones familiares. Nosotros hacemos abordajes
domiciliarios, trabajamos con hermanos, parientes, amigos. También nos acercamos a la familia, en la medida de lo posible. Es difícil también, por lo
acotado del trabajo estatal. Uno siempre piensa que faltan recursos, pero intentamos establecer los lazos para que la persona llegue al tratamiento, si es que
lo necesita. Acompañamos a la familia en todo ese proceso, para que los adultos puedan acompañar a los hermanos de ese adolescente que se quitó la vida. Lo
recomendable es que, en una situación así, la familia pueda acceder a un tratamiento psicológico, que le permita elaborar algo de esta pérdida tan trágica.
Pero eso ya tiene que ver con una decisión muy particular de la familia, de los adultos. Es una decisión muy personal, pero, por supuesto, que nosotros
orientamos a que puedan hacer esos tratamientos.