Infeccioso por Guillermo Rivelis

Carlos Riedel21 julio, 2022

Dólar, dólar blue, grieta, grietas dentro de la grieta, inflación desenfrenada, Corte Suprema, reclamos multiplicados en discursos y en las calles (sin analizar en esta nota las razones de los mismos), nuevamente expresiones que refieren a la posibilidad de "sangre en las calles" si fuera necesario, intervenciones de políticos y editoriales periodísticos en los que abundan y sobreabundan palabras como "guerra a", "combate a", "batalla contra", situaciones en simultáneo contradictorias entre sí que dan lugar a mensajes imposibles de conciliar y que ya no producen solo sensación (y realidad) de fragmentación discursiva (lo cual es en sí mismo perjudicial), sino, y fundamentalmente, de fragmentación social y de fragmentación psíquica.

Guerra (y guerras) en el mundo que agrava la decepción respecto de nuestra propia especie humana, profundiza objetivamente los problemas en los países y es usada hábil o torpemente para justificar situaciones que ya existían.

Mientras tanto, pasó bastante desapercibido el 18 de julio, aniversario del monstruoso atentado a la AMIA.

No se trata de dirigentes de las instituciones que pueden tener posiciones más cercanas a unas u otras de las agrupaciones políticas argentinas.

Se trata de personas muertas, judías y no judías, que no esperan justicia para poder descansar en paz. Porque ya están muertos y porque seguramente no tienen motivos personales para no descansar en paz en tanto fueron personas de bien.

¿Esperarán justicia sus doloridos familiares? ¿Seguirán esperándola y buscándola? Claro que sí, con acciones y manifestaciones. No sé si esto será así en el desconsuelo del fuero íntimo. Porque nunca les ha llegado una señal esperanzadora en ese sentido.

¿Qué piensa al respecto el Presidente de la Nación? Muy crítico en su momento, con documentos escritos al alcance de quien quiera leerlos, haciendo alianza posteriormente con la persona sobre la que principalmente ejerció su crítica, accediendo de esa manera a la Presidencia, a través de un acuerdo que parece resquebrajarse.

Los discursos de crecimiento y de prosperidad económica (basados, a veces, en que Argentina tiene lo que el mundo necesita, criterio que no estaría de más analizar éticamente) parecen darse de patadas con la experiencia cotidiana de las personas cuando tenemos que comprar en supermercados, almacenes, verdulerías, carnicerías, panaderías…

Épocas ya vividas me vuelven a la memoria.

Seguramente estamos lejos, desde un punto de vista objetivo, de esas situaciones.

Pero es la sensación.

La sensación de ver y escuchar al Presidente alegre hablando del crecimiento de la economía y la entrega de posibilidades concretas de vivienda.

Y simultáneamente, los zócalos en la televisión (no en un canal opositor) anunciando el valor del dólar blue, el caos con los medios de transporte y los cincuenta cortes en todo el país.

¿Cuál es el común denominador entre las situaciones recordadas y esta?

La vivencia esquizofrenizante.

Escuchamos todo el tiempo decir que estamos "viviendo una crisis".

A esta altura, creo que no estamos viviendo una crisis.

Creo que tenemos un problema crónico.

Tengo setenta años. Desde que recuerdo escucho decir que estamos viviendo una crisis.

Grietas, sub grietas, oficialismo, oposición, internas en unos y otros, discordias, faltas de acuerdos, personalismos.

Todo eso oculta una única y verdadera grieta, que no es vertical.

Es una línea divisoria horizontal.

Una línea divisoria horizontal que deja por arriba de la misma a las personas que pueden cubrir diariamente sus necesidades básicas.

Y que deja por debajo de la misma a quienes no pueden cubrir necesidades elementales, como nada menos que la de alimentación.

Ausencia de los más directos y primordiales derechos humanos.

Y, con cierta independencia de las diferencias cuantitativas, estadísticas y de manejo orientado de la información, es imposible no ver una población, personas, muchísimas, debajo de la línea horizontal.

La cronicidad del problema implica, de algún modo, una ventaja.

"Nosotros" sabemos cómo manejarnos.

Podríamos dar conferencias en otros países.

Países sorprendidos por la alta inflación.

Inflación récord interanual similar en número a nuestra inflación mensual.

"Nosotros" tenemos que seguir haciendo en las unidades de alcance que nos permitan observar los resultados de nuestra acción.

Tenemos que seguir siendo "Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo".

Seguir comprendiendo el dolor.

Seguir reconociendo a personas que gritan porque tal vez de esa manera tienen una mayor (aunque probablemente, pequeña) probabilidad de ser escuchadas que cuando hablan.

Y tenemos que seguir creyendo en "Nosotros" más que en palabras que pretenden "convencernos".

Las infecciones suelen requerir antibióticos.

No nos escatimemos antibióticos sociales y psíquicos para atravesar una vez más lo que la imprudencia e irresponsabilidad de algunos nos pone en el camino.

Escuché en una oportunidad a una persona que estaba viviendo situaciones confusas y difíciles decir: "Yo estoy tranquila porque creo en Dios y Dios no se mueve".

Desde entonces pienso en la importancia de tener en la vida algo (Dios o en lo que cada uno crea, o en lo que se sienta representado, o en lo que se sienta siendo "yo", o en lo que cada uno decida) que no se mueva.

Que no se mueva "nuestra" conciencia, que no se mueva "nuestra" dignidad, que no se mueva "nuestra" convicción de la posibilidad de una Humanidad mejor que construya un mundo mejor, que no se mueva "nuestro" afán de justicia, de equidad, que no se mueva "nuestro" deseo de felicidad para "Nosotros" y para "nuestro" prójimo.