Por Ana Karina Van Dick
(Instituto Superior de Formación Docente y Técnica Nº 15 - Tecnicatura Superior en Comunicación Social - Asignatura: Práctica Profesional. Periodismo Escrito - Docente: Lic. Luciana Fernández)...

Ismael Adrián Cominguez, “Pino” para los amigos, tiene una historia de vida marcada por uno de los momentos más oscuros de nuestro país, la dictadura cívico-militar de 1976. Su madre, Olga Mercedes Etchegoyen, fue una de las primeras madres en dar la vuelta a la Plaza de Mayo, dando inicio a las históricas marchas de los jueves. Su hermano, Adalberto Luján González, fue desaparecido por la dictadura el 16 de noviembre de 1976, a los 23 años de edad. Criado y rodeado por mujeres que cambiaron la historia con sus pañuelos blancos, él siempre ha trabajado en la defensa y promoción de los derechos humanos.
Actualmente trabaja en el Centro de Estudios Azucena Villaflor. Es además referente en la ciudad de Zárate del partido político Nuevo Encuentro y uno de los dueños de la radio FM Genoma, en el dial 102.5 de nuestra ciudad.

Karina: Has trabajado siempre en relación a los derechos humanos. ¿Me podrías contar un poco acerca de tu trabajo? ¿En qué consistió?
Ismael: Trabajé en los equipos de lesa humanidad armados por Néstor Kirchner en el año 2004. En lo que fue circuito Camps, trabajamos desde el 2004 hasta el 2010 que se cerró con el juicio. A partir del 2011, por un decreto-ley de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, se arma el Observatorio de Derechos de las Personas con Discapacidad, dónde formé parte del directorio. Venía trabajando, articulando el observatorio que depende del Senado de la Nación que es el Observatorio de Derechos Humanos y cuando sale este decreto-ley, que se pone en funciones en el 2013, desde Jefatura de Gabinete, automáticamente, paso a trabajar ahí, junto a Pedro Ávalos, María José Lubertino y en su momento Milton Capitanich, que era quien dirigía desde Jefatura de Gabinete. Pero mi trabajo más fuerte siempre fue lesa humanidad. Armando los equipo de trabajo, investigación, recopilación de pruebas con H.I.J.O.S. y familiares de víctimas de delitos de lesa humanidad. Ahí empezamos a articular con las distintas políticas sociales que venía implementando el gobierno anterior, como por ejemplo la Comisaría de la mujer.
K: Tu cercanía hacia todo lo que es tu trabajo en derechos humanos se debe en parte a tu historia personal.
I: Sí bueno, mi mamá es una de las primeras Madres de Plaza de Mayo, de aquellas Madres de la Iglesia de Santa Cruz. Empiezan a juntarse las madres en 1977, en realidad en el ‘76 empezaban a movilizar y se reencontraban en los mismos lugares presentando habeas corpus y buscando y yendo a las comisarías y todo eso. Yo en ese momento tenía 7, 8 años y andaba de la mano de mi vieja en la búsqueda de mi hermano. Mi hermano desaparece el 16 de noviembre 1976 y las madres arrancan a trabajar en conjunto, digamos en 1977 las primeras rondas.
K: ¿Tu mamá estuvo desde las primeras rondas?
I: Sí, porque se empezaban a organizar. Si bien soy de Lanús, yo nací en Zárate pero me fui a vivir a Lanús al año. Y Azucena (Azucena Villaflor) la madre emblema, la que empieza a aglomerar a todos, era de Avellaneda. Entonces mi mamá pasaba de Lanús a buscarla a Azucena, de Azucena a Berta (Braverman), Berta buscaba a Ballestrino (Esther Ballestrino) y así se juntaban las madres y muchas veces se reunían en lo que era los derechos del hombre, así se llamaba y así se llama (se refiere a la Liga Argentina por los Derechos del Hombre), era donde se podían juntar para armar lo que eran los hábeas corpus. Porque era muy difícil en su momento tratar de armar un hábeas corpus y presentarlo, de hecho había muy pocos abogados que se animaban a hacerlo. A partir de ahí las madres aprendieron a hacer los hábeas corpus ellas e ir a presentarlos ellas. Después se fueron juntando cada día más, las rondas empezaron los miércoles y después fueron los viernes y después quedó el jueves.
Ellas se empezaron a reunir en distintas plazas, de distintas ciudades. De hecho Hebe (Hebe de Bonafini) viene de La Plata, ya venía de hacer rondas en La Plata y no se visibilizaba. Eran muy pocas las madres que giraban en la Plaza de Mayo, eran dieciséis, dieciocho madres nada más, necesitaban visibilización. Entonces las madres empezaron a venir de todos lados. Para que se hiciera visible el reclamo, que era aparición con vida. Después en los ’90 estábamos armando junto a Patricia Walsh, Eduardo de Pedro, Pisoni (Carlos Pisoni), el movimiento H.I.J.O.S., aunque en realidad yo era hermano. Empezamos a hacer los escraches por la Obediencia Debida, fue la ley que en junio del 2004 derogó Néstor Kirchner y dio paso a volver a trabajar con los juicios y fuimos convocados los organismos para empezar a trabajar y conseguir pruebas. Encontramos la posibilidad de armar un equipo de trabajo muy lindo, trabajamos en La Plata, en lo que fue el Pozo de Banfield, el infierno de Avellaneda. Toda la zona sur.
K: ¿Qué pensás respecto de lo que se dio el año pasado, en relación a las prisiones domiciliarias que se les han brindado a militares?
I: Es indignante, para nosotros es un cachetazo, un retroceso importante.
K: Después de tanta lucha, de tanta pelea…
I: Sí, después de lucha sin revanchismo. Porque nosotros, si algo nos enseñaron las madres y las abuelas, es a no buscar revancha sino justicia. Memoria verdad y justicia, tres cosa que hay que mantener siempre con la llama encendida. Tener memoria, porque se diezmó una generación entera, de gente pensante. Mi hermano fue el primer campeón sudamericano de defensa personal en 1975.
K: ¿Qué hacía tu hermano?
I: Mi hermano enseñaba Kung Fu, pero aparte era chapista y enseñaba guitarra. Él enseñaba guitarra en lo que hoy se llaman comedores, en lo que se podía pensar como un centro cultural. Donde los chicos iban y aprendían a pintar. Él enseñaba guitarra, defensa personal a los chicos y grandes. Y tenía una cabeza importante y junto con él unos cuantos compañeros, que estaban estudiando medicina, abogacía, psicología, sociología. No eran tipos que les pasaba por arriba la sociedad y pensaran “todo me chupa un huevo”.
K: ¿Siempre trabajaba en la comunidad tu hermano?
I: Sí, era un tipo que estaba muy compenetrado con la idea de que había que inculcar a los pibes una buena educación. Se juntaban tres o cuatro muchachos e iba a los clubes y comedores y hacían un trabajo comunitario muy importante. Con él desaparecieron dos compañeros más también que trabajaban en Molinos Río de la Plata en ese momento. Uno estaba estudiando literatura y trabajaba y el otro daba apoyo escolar. Siempre desde el lado solidario desde el lado de la inclusión. Y sí, obviamente estaban disconformes con el gobierno de turno porque ellos veían que había un vaciamiento cultural, social, económico, ideológico.
K: ¿Cómo ves, por parte del gobierno actual, el tratamiento de los derechos humanos?
I: No, no tiene ningún tipo de tratamiento directamente. Está a la vista. Cuando ves que sacan las vacunas, que no entregan más libros en las escuelas, que vuelan por los aires un directivo y un auxiliar, que los pibes están comiendo en las escuelas; cuando en la escuela lo que tienen que comer es sabiduría y aprender y educarse académicamente. Ahí te das cuenta de que las políticas públicas que tiene que garantizar el Estado no las está garantizando. Eso obviamente, inevitablemente, te lleva a entender que mucho no les interesa los derechos. Así de simple. No hay política. Hay un plan sistemático de enriquecimiento ilícito.
K: Retomando acerca de tu trabajo en derechos humanos. ¿En qué estás trabajando ahora?
I: Ahora estamos trabajando con el Centro de Estudios Sociales y Culturales Azucena Villaflor. Formo parte del directorio, soy encargado de la zona norte. Estamos realizando distintas charlas, ya articulamos una charla junto con el Instituto 15 de Campana, trajimos a Taty Almeida para que presentara el libro de poemas de su hijo, Alejandro. Después habrá una serie más de charlas que seguramente articularemos de nuevo con el Instituto 15. Siempre abiertas al público, gratuitas, libres de cualquier marco ideológico, siempre mirándolo desde la cultura.
K: Cambiando de tema. Tenés un medio de comunicación ¿cuál es?
I: Sí, tengo una radio. FM Genoma, 102.5
K: ¿Cómo te fue posible armarla?
I: Militando y apoyando la ley de medios junto a Gabriel Mariotto. Tuve el inmenso honor de trabajar con Graciana Peñafort y el que fue director de Télam, Martín García. Trabajamos la ley de medios y lo que significaba abrir cabezas para que se puedan escuchar distintas voces. En ese interín, en la radio en la que estaba, que ya hacía cinco años que estábamos, no les gustó mucho. Dijeron que no podíamos hablar de los cuarenta y dos puntos de la ley y yo estaba militándolo, no estaba trabajando, lo estaba militando.
K: ¿En qué radio estabas en ese momento?
I: Estaba en radio Alfa, 97.1. Nos dijeron que no podíamos seguir hablando de la ley de medios porque ellos no adherían, porque estaban adentro de ARLIBA (Asociación de Radios Licenciatarias Independientes de Buenos Aires) y que perjudicaba a los trabajadores de la radio y a los dueños y para nosotros en realidad no perjudicaba, lo que hacía era dar la posibilidad de que haya más voces. Nos dijeron que no había más lugar: “este es el último programa y se tienen que ir”. Y ahí, en ese último programa, uno de mis compañeros preguntó que teníamos que hacer para poner una radio y empezamos a investigar. Compramos una antena repetidora y empezamos a tramitar la licencia. Hoy la radio tiene ya nueve años.
K: ¿Cómo es la programación?
I: La programación es variada. Nosotros cuando la soñamos lo hicimos tipo Horizonte, donde había un locutor que hablaba muy poco y tenía mucha música. La soñamos así, muy setentosa, ochentosa. Le empezamos a dar esa impronta y después terminamos siendo muy variado, pasamos por todos los géneros musicales. Y hemos anexado algunos programas políticos, noticieros y de interés general. Pero muy amplios, nosotros les decimos siempre a los que hablan que son dueños de sus programas y dueños de lo que dicen. Su palabra tiene que tener un peso pero también tiene que tener una espalda. Siempre respetando al otro y siempre dando la posibilidad de que el otro venga y tenga su lugar para poder decir si es o no verdad lo que se dice. Nuestra radio nació de la censura, así que nosotros no queremos la censura, no trabajamos así. La radio es nuestra hija.
