La historia de Sísifo y la reflexión de Albert Camus sobre el absurdo presentan una profunda conexión filosófica. En la mitología griega, Sísifo es castigado a una tarea eternamente inútil, empujando una roca que siempre vuelve a caer. Esta imagen se convierte, en la obra del filósofo francés, en un símbolo del esfuerzo humano en un mundo que carece de significado inherente. Camus describe el "hombre absurdo" como alguien que, consciente de la inutilidad de su existencia, sigue adelante con sus tareas diarias sin buscar un propósito trascendental. La vida, para el hombre absurdo, es una lucha continua, una serie de acciones sin fin ni objetivo último.
-El mito de Sísifo por Tiziano-
A la vista de todos que es lo peor, porque se trata de la zona más céntrica de la ciudad, por la que muchísima gente transita diariamente para realizar trámites, hacer compras o simplemente pasear un rato sin apuro. A la vista de todos, como si se empeñaran en demostrar de que son capaces de tropezar una y otra vez con la misma piedra, justamente, la piedra que Sísifo debía cargar una y otra vez hasta la cima y al soltarla volverla a subir, la administración municipal insiste en reparar una y otra vez las defectuosas piedras que el gobierno anterior supo disponer demostrando un alto grado de incapacidad. Las piedras que componen la calle Justa Lima en el tramo peatonal que en realidad es peatonal únicamente los fines de semana a pesar de que se diseñó para ser peatonal permanente.
Porque si no fue esa la intención, para qué se realizó semejante inversión en el nivelado de la calle con las veredas y las obras complementarias.
De otro modo: si las piedras no soportan el paso de los vehículos, ¿por qué insistir ?
Mejor, no seguir preguntando.
Si no fuera dramático por el costo y los recursos que se escurren, merecería la pena realizar una graciosa película en blanco y negro en las que se mostraría a varias cuadrillas de hombrecitos, siempre numerosas, filmados en cámara rápida, munidos de picos, palas y baldes con cemento, reparar una y otra vez la calle que, al reabrirse al tránsito volvería a romperse siempre más o menos en los mismos lugares.
Nuevamente entonces los hombrecitos reaparecerían, en cámara cada vez más rápida, a encarar, con esa voluntad inquebrantable que caracteriza a quienes emprenden acciones absurdas, la tarea de levantar las piedras, volverlas a pegar y esperar el fraguado que, por largas semanas, inhabilita o entorpece el movimiento no solamente por Justa Lima, sino también por las calles transversales para lo que se debe disponer personal de vigilancia para el corte del tránsito que seguramente se retacea en otras áreas de la ciudad.
Un experimentado analista solía aconsejar a sus pacientes que reincidían una y otra vez en cometer los mismos errores en sus vidas, como los hombrecitos de la película de la peatonal, que dejaran de empujar las paredes con tanto ahínco y dedicaran su energía en buscar alguna puerta por donde pasar al otro lado de sus realidades.

