Participo de la idea de algo que ES y de algo que existe independientemente de los seres humanos.
Una fuerza creadora y un producto de creación.
Pensados, sentidos y nombrados de diferentes maneras.
Cuando el ser humano nace como especie, ya "hay" una existencia.
Esa existencia sigue operando contemporáneamente al desarrollo humano.
Y de manera independiente al mismo.
La Humanidad, especie particularmente dotada, irá haciendo, luego, lo suyo.
Sobre esa existencia original el ser humano "crea".
"Crea" a partir de lo creado.
Entonces, cuando "crea", "re - crea".
Cada historia humana agrega lo propio a lo que ya existe.
Lo modifica.
También lo hace la vida de cada generación.
Cuando un ser humano nace y crece se encuentra con las transformaciones que las sucesivas generaciones han ido haciendo en lo primeramente dado.
Algunas de esas transformaciones han sido novedosas, originales, beneficiosas.
Otras, han sido destructivas.
Solo a las primeras considero "creativas", "re - creativas".
En el "Arte de amar", Erich Fromm escribe:
"El poder del miedo a ser diferente, a estar solo unos pocos pasos alejado del rebaño, resulta evidente si se piensa cuán profunda es la necesidad de no estar separado".
Considero que en los seres humanos existe una tensión entre la tendencia aludida por Erich Fromm y otra que impulsa a generar diferencias y articularlas en el sentido del progreso psíquico personal y social.
La "conformidad como conducta recurrente y a - crítica" es también una manera de opinar.
E, incluso, de influir en las decisiones de los grupos de pertenencia y de la sociedad.
Es una manera pasiva de hacerlo.
Pero la pasividad es, también, una decisión y, por lo tanto, una acción.
Por ejemplo, manifestar en la calle junto con otros es una acción.
No hacerlo también es una acción.
Hacerlo por convicción acerca de la justicia y necesidad de lo que se reclama es una acción saludable.
Hacerlo por miedo a quedar señalado como diferente en un grupo es una decisión no saludable.
No hacerlo por estar en desacuerdo con esa manifestación o con el hecho de manifestar en general es una acción saludable.
No hacerlo por miedo a las consecuencias posibles no es una acción saludable.
La decisión personal, la acción con contenido positivo respecto de lo que se piensa y siente no son compatibles con el miedo a la diferencia.
Requieren convicción, compromiso, aceptación de efectos posibles de la evidencia de la diferencia.
Aceptar e intentar superar el miedo al cual se refiere Erich Fromm no es sencillo.
Al mismo tiempo, es condición de necesidad para producir acciones originales, innovadoras, creativas.
Ante un mundo que nos envía mensajes acerca de lo inservible que será todo lo que hagamos para mejorarlo, podemos inventar acciones que nos aproximen a otros.
Para actuar en beneficio de ellos o con ellos en beneficio de otros.
Podemos hacer lo que nunca hicimos y siempre quisimos.
O lo que ni siquiera imaginamos hacer.
No estamos obligados a seguir libretos ni guiones preestablecidos que nos transformen, aún sin saberlo, en personajes que ocultan la persona que somos.
La originalidad, la innovación, la creación que es re - creación no son en contra de nadie.
No suponen desprecio a lo anterior.
Suponen reconocimiento de la necesidad de lo anterior porque sobre ello se puede construir la diferencia.
Reconocimiento respetuoso y crítico.
La humanidad no habría inventado la rueda si no se hubiera animado a producir diferencias.
Lo que hoy nos resulta obvio y dado también fue producto de procesos de análisis crítico, reconocimiento de necesidades y trabajo creativo.
En grandes o pequeños espacios, somos cada vez más humanos cuanto más originales, innovadores y creativos nos proponemos ser.

