(Gentileza Área 18)... El zarateño Gonzalo “Martillo” Acosta corrió en octubre de este año su primer Ironman en Hawai. Cuenta en primera persona las sensaciones que vivió al correr esta mítica competencia que reúne a los mejores (y un poco locos) triatletas del mundo. Tranquilo, para leer la crónica no necesitás estar entrenado…
Por Gonzalo Acosta

Cuando uno no escribe de inmediato todo lo que ha experimentado en un viaje comienza a olvidar o confundir recuerdos y no es esto lo que quiero que pase.
Si comienzo a detallar todo lo que viví desde que salí de mi casa, esto se vuelve eterno. Por eso, quiero dejar asentado dos tipos de puntos de vista. El primero, el deportivo, desde el rendimiento. El segundo, lo que viví desde adentro en mi primer Hawai, por qué la gente se enamora de esta carrera y por qué lo considero un mundial para nosotros, los amateur.
Lo que he vivido desde adentro no lo voy a olvidar nunca y es menos probable que el recuerdo se diluya. Viví experiencias fantásticas, de compañerismo, camaradería y amistad. Que también quiero contar y acentuar, acá es donde me doy cuenta que existe la mística de la isla.
Días previos / sábado 3 de octubre
Llegamos a la isla con un jet lag de 7 hs, desde Argentina hacia Hawai viajamos del este hacia el oeste. El huso horario cambia, pero no el reloj interno de la persona que viaja. En este sentido de viaje prolongamos el día, pero no el reloj interno, el día parece más largo, es como aguantar más tiempo despierto.
Llegamos con 7 días de anticipación, los primeros días de descanso fueron raros, no solo por el jet lag, sino porque el ritmo de vida hawaiano es muy distinto al ritmo de vida argentino. En Hawai los días terminan, en lo que respecta a actividad, entre las 17 y 18 hs. Un ejemplo claro: si alguien te invita a cenar a la casa te cita es 17:30 18:00 para cenar 19 o antes, en Argentina a esta hora estamos poniendo la pava para el mate.
Estos dos aspectos, hacen que los primeros días te sientas un raro, desubicado en tiempo de actividad y sueño. La cena y merienda se juntan, te apagan la luz de la calle a las 19 hs.
Llegando al séptimo día de estadía el cuerpo ya agarró el ritmo de la isla, intento dormir de manera regular.
Domingo 4 de octubre
El jet lag se diluye a medida que pasan los días. El ritmo de vida, eso de comer a las 18:00, se vuelve peculiar. Los días siguientes fueron días de Expo y chirimbolo triatlético. La verdad, el ir y venir cansa bastante. Vas de acá para allá tratando de no perderte nada, comes a destiempo. Cuando deberías comer, no tenés hambre, porque estuviste toda la tarde probando las gratificaciones que te dan en los stands.
Lunes 5 y martes 6 de octubre
Lunes, nado tranquilo en Pier y nada más. Los días siguientes no modificamos el cronograma y seguimos la rutina de argentina. Pedaleamos el martes. Costaba sostener la potencia por los sacudones que pegaba la bici gracias a las ráfagas de viento, sin exagerar. No recuerdo rodar tan incómodo como ahí en esa ruta. Ya sé, hay lugares peores, pero no suelo frecuentarlos. De la fuerza que haces para mantener derecha la bici, terminás más cansado de los músculos superiores (trapecio, deltoides y cuello) que de las piernas.
Lindas las rodadas por los campos de lava, ¡lo digo de verdad!. El día lo terminamos con un nado en Pier.
Miércoles 7 de octubre
El miércoles rodé, aunque no tenía que hacerlo, muy fácil. Para probar la pilcha de carrera y acompañar a Damián. Fueron 1h 20min, al 50%. Después, el trote que tenía que hacer.
El trote era el entrenamiento del día por plan y último trote en vista a la carrera. El correr bien los días previos a la carrera me dan una buena perspectiva y motivación para hacerlo bien en carrera.
Por la tarde nadamos un poco en Pier.
Jueves 8 de octubre
Último día de actividad planificada. Nado fácil, corto y unas sacudidas de bici. El reloj biológico comenzaba a acomodarse, dormía medianamente bien y de un tirón.
Viernes 9 de octubre
Descanso total, pero la verdad no es tan tranquilo, cansa. Hay que armar la bici, ir a dejarla, volver, comer temprano y acostarse. Todo este ida y vuelta no es un trámite menor y te deja fusil. La bici la tenía que dejar, después de las 14:30 hs, por tener número de competidor alto (1477). Fuimos a eso de las 15:30 a dejar la bici con Damián y Paola. A las 17 hs ya estábamos de vuelta.
Recuerdo no tener la sensación de hambre que suelo tener antes de las carreras, pero comimos bien, sabíamos que todo lo que comiéramos este día, el sábado lo íbamos a usar. Nos fuimos a descansar temprano e intentar dormir, ¡y dormí!.
Sábado Race Day 10 de octubre
Despertamos 4:30 hs, las horas que dormí, las hice bien. Me levanto, primero café, luego existo. Desayunamos lo de siempre, arroz blanco, 2 bananas y miel. Una buena compotera de este manjar y un tazón de café de Kona (que no está demás decir que es riquísimo). Toilete, nos cambiamos y salimos en busca del día largo.
Antes de entrar al parque cerrado te marcan con el número que vas a llevar todo el día. Como lo tienen muy organizado, ni te diste cuenta y ya estás en el parque. Este año había una campaña de mochila cero, solamente las bolsas que proveía la organización podías tener el día de la carrera. La cola para entrar al parque avanzaba rápido, acá todo avanza.
En el parque chequeas que tu bici esté con todo lo que la dejaste, no falte nada y los geles que llevas en el cuadro estén pegados. Esto fue lo que hice y así estaba. Solamente tuve que inflar las gomas, los zapatos y el casco estaban en su lugar. En cada hilera de bici hay un inflador que provee la organización, en caso de que necesites ayuda mecánica, mecánicos de Bikes Works – Kona (bicicletaría), están a tu disposición por cualquier cosa.
Una cosa muy piola, en caso de que la rueda explote o se pinche antes de la carrera, los muchachos te dan cámara y la reemplazan. En caso de que ellos la vean sobre la noche que tu goma está baja, te cambian el butyl. Un lujo.
Dejé las bolsas de pre-swim. Mientras me ponía el traje, aparece Damián, nos habíamos perdido en el marcado. Nos pusimos el traje (skinsuit) y nos fuimos al famoso y bien ponderado Pier.
Natación
Antes de largar Damián me dice: “nos vemos en Alli Drive”. “¡Hecho!”, le contesto y nos vamos a la línea de largada. Largamos flotando en Pier, sobre una línea imaginaria que delimitan los jueces y guardavidas. Antes de largar tomamos recomendaciones de los más experimentados. Oscar nos dijo que larguemos del lado izquierdo, que es donde menos pegan. Si bien es más largo el recorrido, nadas más tranquilo, como no íbamos a salir en punta, preferimos sobrevivir antes de perecer ahogados por golpes.
En una típica cuenta regresiva en otro idioma,¡largamos!. Nunca disfruto de la natación, debe ser porque no veo nada abajo del agua (ni por arriba) pero acá, todo lo contrario. El agua es cristalina y podes ir viendo quien va adelante, quien viene atrás, el buzo que está filmando, a las mantarayas, peces y algún que otro pescado. Es muy lindo. La natación es un circuito ida y vuelta. Por las corrientes la ida suele ser más rápida que la vuelta.
Me sentía bien nadando, no como Frodeno, pero sí como el camalote Acosta acelerado. En una de esas miro hacia atrás y venía gente a mis pies, ¡se me infló el pecho!. Seguí nadando y llegué al barco – porque hay un barco de retome – en 31 minutos.
En el barco, opté por girar abierto, y fuera del cardumen de giro. Sabía que acá no me podía hacer el loco, no trompeo a nadie afuera del agua y menos adentro. Giro y viramos hacía la costa. Las boyas de la vuelta son color amarillas y en la costa hay una botella de Gatorade inflable del tamaño de una casa grande. Imposible errarle al recorrido. La vuelta se hizo más larga, los últimos metros ya quería llegar. Salgo en 1 hora 10 minutos.
Miro hacia arriba y la T1 es un mundo de gente. Enfoco la cabeza en recordar lo que tenía que hacer, cambiar, comer y salir. Cuando salís, te sacas el traje, pasas por las mangueras para sacarte la sal, luego por un pasillo retiras la bolsa de bici y te vas a la carpa donde hay que cambiarse. Me pongo el jersey que había dejado enroscado para poder colocarlo rápido, pero al sacarlo se desenrosca y cuando intento ponerlo se me traba, juego un rato y luego entra. ¡De cabeza a la bici!. Mientras tanto, me clavo un pouch de cliff de banana y coco, riquísimo. Llego a la bici, todo en orden, me coloco el casco y salgo a buscar el ciclismo, que al iniciar es un mundo de gente.
Ciclismo
No voy a contar el circuito de ciclismo, es más que conocido, debe ser el circuito más conocido del mercado junto con los triatlones de Leiva en Chasco. El recorrido de 90 km de ida como por un tubo hasta Hawi y 90km de vuelta hasta el parque cerrado. Imposible errar camino.
El plan de ciclismo consistía en no pasar los 226w NP, como quería hacer una buena carrera a pié, si la potencia era más baja, no importaba. Por dentro me convencía diciendo “aguantá, aguantá que hay que correr”, era lo que daba vuelta junto con la cadencia.
¡Qué locura de lugar!
La salida de la ciudad es un bardo, en el intervalo de 1:00 hs y 1:20 hs de natación, sale una gran parte de la gente de la carrera. El ir hasta Hawi se hace algo peligroso, es complicado a mi potencia pasar gente, hay muchos en el circuito mundial que son malos nadadores y ciclistas medio como uno. Provoca que el sobrepaso sea lento.
Los primeros 90 k son en un tubo, un tubo propio por la succión, las zonas de infracción son frecuentes, pero los ciclistas toman una posición, por lo menos con los que me crucé, de fair play. ¿Por qué?, porque todo aquel que te pasa, se tira a la izquierda y espera ser pasado (por lo menos con los que me crucé). En caso de que venga con mucha diferencia de potencia, sigue por el carril de sobrepaso. Esto no suelo verlo seguido por eso la notoriedad del caso, para ellos, al parecer era habitual.
El plan de alimentación era consumir 80-90 gramos de CHO por hora, 3 geles cliff por hora, sin cafeína el primer tramo y los de cafia el segundo tramo. Opté por no tomar Gatorade (error 1) y bajarlo solo con agua, me caen mejor y no quería repetir la anécdota de San Boston (tria MDQ). En el ciclismo tenés puesto de hidratación cada 10 km aprox. En los puesto encontrás abastecimientos en este orden Agua-Gatorade-Coca-Gel/Barras-Banana-Red Bull-Coca-Gatorade-Agua.
El agua en botellas con pico deportivo, el Gatorade también, la coca en poncheras de IM y el Red Bull en latas.En todos los puestos si o si tenés que manotear dos cosas, agua para refrigerar y alguna otra. De la de agua tomaba unos buenos sorbos, me refrigeraba y luego la tiraban. La segunda botella iba toda para refrigeración. Para controlar la comida tenía el aviso de alarma del Edge 520 en 20′. No era que me iba a olvidar pero quería tenerlo bien programado.
Pasaron los 90km y llegamos a Hawi, la verdad, se pasó volando y disfruté todo el recorrido. En Hawi disfruté que la pachamama hawaiiana nos bendiga con unas gotas refrescantes de lluvia, pero duró poco y hasta diría con suerte porque de ida, era peligrosa mucha gente y el piso húmedo, era sinónimo de peligroso. Luego del retome de Hawi, viene el tramo de 90 km más complicado, calor y cansancio comienza a acumularse. En este último tramo la gente desaparece, ya no te cruzas con pelotones en situación de drafting, logras rodar solo o con gente cerca pero no pegada.
A medida que volvés, el calor acentúa, el clima se vuelvo algo más seco y solo llegas a transitar por ruta rodeado de campos de lava (piedra negra de sendos lados) y las lindas rolling hills. Llegamos al medio día del largo día. Seguí al mismo ritmo todo este tramo, sin pasarme, en las subidas trataba de no pasarme de un nivel de Tempo y en las bajadas no me dejaba caer, la pisaba un poco aunque no siempre las relaciones te daban para traccionar. Esto de aplicar potencia en la bajada, hace que la distribución del esfuerzo sea mejor y ganes más tiempo. En las subidas, controlado, no hay que creerse Pantani.
Así fue como fueron pasando los kilómetros, el calor subía, la potencia se mantenía, trataba de comer a tiempo y beber lo necesario. 30km antes de llegar alcanzo a Lucas Antonetti y Agustín Leiro. Rodamos un rato juntos y me despego. En el último puesto agarro agua y me refrigero, cuando quiero agarrar el agua para beber, no llego, me confió y sigo.
Pasaron los kilómetros y el ciclismo comenzaba a costar más. Comencé a sentir mucho calor en la frente, falta de foco en la carrera, poco razonamiento y costaba sostener la potencia que hacía media hora atrás era muy fácil. Este último tramo se pone más difícil, al margen de que me empezaba a sentir menos potente, el calor y el viento en contra, sumado al falso llano, hacían que la bici de pasar a ser hermosa, se vuelva calurosamente dolorosa.
En una subida, me alcanza Agustín, me ve que me paro en los pedales, le parece raro, cuando me pasa me pregunta si estaba bien. Recuerdo contestarle con un sí, doloroso. Trate de copiar el ritmo cuando pasó pero me pareció un exceso y terminé el tramo de ciclismo como pude. La llegada es una locura de gente, por todos lados, las calles comienzan a cerrarse y entrás al parque cerrado con tanta gente como espectadora como en el tria de La Paz.
Duro como el Diego en su peor época o como Pity Álvarez en su mejor época, bajé de la bici. Dolor en la cintura de venir luchando. Pero no pensaba en que la carrera estaba terminada, todo lo contrario, sabía que quedaba lo más lindo y tenía esperanzas de que iba a hacer lo que venía haciendo mejor, ¡correr!. En la transición tomo bastante liquido y me bajo un gel cliff moca, agarro 4 geles con cafeína iguales a los que comí y salgo en busca de la cuarentona.
Pedestrismo
La maratón tiene un recorrido bárbaro, el primer tramo de 8 km de ida por Alli Drive, pasábamos frente al condominio en White Sands, playa de arena blanca donde estábamos, retome y vuelta por el mismo lugar. Luego girabas por Palani con una pequeña subida y doblabas a la izquierda hacía Queen-K, la famosa Queen K. Cuando nos reunimos con Gabriel antes de viajar, en una cena del equipo, Gabriel dijo: “si La Paz te pareció caluroso, Queen K es el infierno”. “Mirá vos”, le contesté desconfiado.
Tenía pensado salir conservador a 4:30 4:45 tranquilo hasta el Burger King en Palani punto medio, aunque es el km 16 de la maratón. Una vez que agarras Queen K, empieza la joda.
Salí controlado, los ritmos de maratón lo muestran, 4:30, 4:45 los primeros kilómetros, me habían comentado que en Alii Drive te pegaba el viento que viene del mar y es más fresco. Nunca pegó el viento.
Llegué al retome bien, con un ritmo dentro del techo más que del piso, pero bien. Hago el retome, 1k más, en el km 8 el ritmo me costaba sostenerlo. Opté por no mirar el ritmo y correr como me sienta cómodo, pasa un km y miro el reloj, no aguanté. 5 min/km acusaba. Tenía pensado pasar a este ritmo el 35, no el 8. La maratón iba a ser dura.
Llegué a Palani. En cada puesto paraba a refrescarme, sentía sofocación, calor y pesadez. En los puestos agarraba todas las esponjas que podía, me refrescaba, me llenaba de hielo el jersey y seguía. A los 500 metros, trote paso de oficinista nuevo en running team y los hielos secos. Palani, con una subida de 300 metros (17km), me costó, como catedráticamente se dice, un huevo.
En Queen K, 17,3 km, tenés una bajada que hacen que subas el ritmo a misma RPE de oficinista newbie en running team, pero la joda se termina rápido, en el próximo puesto, incinerado. Dolió la maratón, como la puta madre, mucho. Nunca había explotado por el aire como lo hice acá, terminarla la iba a terminar, venía luchando solo, hasta que en el km 25 me alcanza el Toro Burgos. Nos dimos aliento, nos lamentamos que la carrera se vaya, el esfuerzo que pusimos, lo que costó económicamente, el tiempo invertido, los amigos, la familia, las bellas damas que acompañan, etc, fue emotivo.
Empezó la joda, verdadera
En el km 26 ya era todo una fiesta de puro dolor, nos dolía todo, de la cintura para abajo, reventados, pero el ánimo se había levantado y empezamos a disfrutar de no poder correr rápido. ¿Jodimos?, ¡si!. ¿ Mucho?,sí. ¿A todos?, casi todos. ¿Nos cagamos de risa?, sí. En este estado, el Energy Lab no llega más. Lo puteas, no aparece, lo puteas de nuevo, aparece a lo lejos y llega. Te duele. Pegas la vuelta. Salimos del Energy Lab y lo juntamos al Chacalito Beltrán en el km 30. Nos seguimos cagando de la risa, hubo tren y ponja. Hasta que faltando 8 km nos alcanza Pablo Ureta y nos saca de nuestro lastimoso paso de 6 min/km a 5 min/km y se terminó la joda. Pablo quería llegar rápido porque se había roto las bolas de la carrera, había pinchado 3 veces y quería llegar de día para agarrar las entradas para la fiesta de los pro. ¡Un titán!. Los datos del trote: nos cagamos de la risa y tardé 3:59.
Llegada
Terminamos, contentos, doloridos, pero felices, aún sin haber encontrado la carrera que esperábamos, en 10 horas y 19 minutos. Terminamos los 4 juntos, sin dejarnos y con ánimo y gusto a vuelta y revancha. Una carrera mala, se vuelve buena cuando el compañerismo y la solidaridad prevalece. Todo esto joya, en la próxima, ni el bigote me afeito para meter la trompa y pasar primero. De verdad, gracias por el aguante en estos últimos kilómetros, si no me cagaba de la risa, me hubiese costado el triple.
