Teatro comunitario para sanar dolores colectivos

Carlos Riedel25 marzo, 2012

"Nacimos en la dictadura para recuperar el espacio público como un lugar de vida", relató Adhemar Bianchi, director del Grupo de Teatro Catalinas Sur, de pie en el centro del escenario, en el barrio porteño de La Boca.

Reenviado a ese lugar de su memoria, el director teatral de origen uruguayo y fundador de uno de los primeros núcleos de teatro comunitario de nuestro país, rememora aquél momento de 1982 --transitando ya la etapa final del gobierno militar-, cuando un grupo de vecinos decidió empezar a juntarse en la plaza del barrio porque "la memoria, la identidad y la celebración eran nuestra forma de resistir". Todo lo que fuera necesario, hasta "sanar y resanar las heridas", enfatiza Adhemar.

El sábado pasado, para conmemorar los 36 años del golpe cívico-militar, más de sesenta vecinos actores subieron a escena, en el Galpón de Catalinas, la obra de creación colectiva "Del califato a la pingüinera" que, además de ser un objeto estético, procura convertirse en "un medio para recordar", tal como señala Gilda Arteta, una de las directoras del espectáculo, también a cargo de la dirección musical.

Un rato antes de la función, los integrantes del grupo de teatro marcharon hacia la Plaza de Mayo , como lo hacen cada 24 de marzo, con un cartel con nuestro lema: "Por la alegría, contra la muerte", destacó Nora Mouriño, directora de la obra y en quien Bianchi deposita gran parte del trasvasamiento generacional, ideológico y artístico.

En camarines, el vecino y enfermero Ismael Olivieri -quien en varias ocasiones apreció como receptor de los espectáculos de Catalinas-, contó: "hace cinco años decidí incorporarme a esta propuesta" de teatro comunitario que le permite pasar de su actividad cotidiana a "una reflexión abierta", sintetizó.

La Arteta, en cambio, integra el grupo teatral "desde siempre: desde que estaba en la panza de mi mamá", señala la actriz y estudiante, de 16 años, que aún hoy improvisa y actúa todas las semanas junto a sus padres, ya que Catalinas Sur admite personas de todas las edades y condiciones.

Reunidas para el rito teatral en el galpón de Benito Pérez Galdós al 100 a oscuras, más de trescientas personas del público recibieron los cuadros de música y humor con aplausos, risas y emoción. "Está bueno mantener presente lo que nos dejó la dictadura, lo que vino después", opinó Gabriela Mora, también vecina y actriz, quien hace diez años pasó por la puerta y nunca más dejó de pertenecer a este lugar.

Convidado a retornar al presente, de pie todavía en el proscenio ya vacío, contra un fondo de telón plateado, Adhemar Bianchi reflexionó sobre este 24 de marzo de 2012: "hoy estamos en otra Argentina, hoy hemos logrado la esperanza".