San Pablo: Bienal 2012. "La inminencia de las poéticas"

Carlos Riedel30 noviembre, 2012

Si las vanguardias del s. XX habían erosionado la idea de objeto artístico, el siglo XXI atenta contra la noción de sujeto espectador: ¿quién mira? ¿cómo mira?¿qué mira? Marcel  Duchamp había demostrado que la relación objeto-espacio es la materia misma de la concepción artística en cuanto que esa relación privilegiaba la cosa elevándola a la categoría de “obra”, pero también era función del espacio contenedor otorgar el clima que recibiese al objeto.

Todo puede ser una obra de arte, ya que nada lo es “en sí” sino en “lo otro”; y es la mirada del artista que busca -que sabe buscar- de entre los desechos de un sociedad burguesa aquello que, resignificado por el espacio, será obra.

Entre la obra y su espacio aparece una extrañeza indescriptible, y eso justamente es arte: un sujeto que percibe sensiblemente esa sensación de desacomodo que, a manera de nuevo discurso, dice sin decir, cuenta sin narrar, define sin informar.

Así el estado de las nuevas miradas: el Sujeto no es pasivo de ser impresionado por una técnica, ni siquiera dirigido hacia la emoción colectiva, es Sujeto que crea su propio mundo estético que, por mero azar, puede compartir. Con las estéticas contemporáneas el arte parece haber encontrado ese lugar del no decir, un lugar desprovisto de retórica anticipada y cánones fosilizantes.

Las obras ya no son hacia adentro del límite que impone el marco sino que avanzan sobre el espacio que las contiene, se adentran en lo que era prioridad del Sujeto observador: su ámbito;  el Sujeto se convierte así en participante, co-hacedor, co-protagonista.

Es el concepto que refiere Umberto Eco en Opera Aperta, la desterritorilización de la obra hace que lo social ya no sea solo motivo de representación sino que es la representación por sí misma de actuantes antes olvidados.

Los detalles se convierten en eje central del discurso artístico perdiendo la idea de explicación ecuménica, una parcela de realidad es puesta en el centro de la búsqueda dejando de lado los grandes motivos clásicos y los grandes personajes. Todos y todo es motivo de la obra, desde el anonimato de la ciudad, de la masa, hasta la intrascendencia de un fósforo quemado. Porque el arte de vanguardia nace de la emergencia, de la necesidad colectiva o de lo deseos infantiles inexpresados, de la transformación y ruptura de las metáforas clásicas  para la creación de nuevas que den cuenta de la angustia urbana, de la desolación y desamparo del hombre en la multitud o de los estragos del poder sobre el planeta. Ni el rey ni al paisaje idílico son ya motivos artísticos.

Los vecinos de un barrio se reúnen en un colectivo cuyo objetivo es preservar la plaza. Uno de ellos se erige en cronista de los hechos y los registra en todos sus aspectos, un artista plástico eventual interviene en la movida y el resultado de esa intervención será la plaza reconquistada como hecho de la realidad y el registro será montado para dar cuenta de las acciones; ese montaje se exhibe en una sala y, de todos los sucesos resultantes de esa acción colectiva pero capitalizada como bien cultural por el artista, obtendremos una intervención que narrará los hechos, pero cuyo discurso va más allá de las acciones porque el ámbito de exhibición no es la municipalidad del barrio sino un centro de arte.

Existe en esta fractura con lo clásico un concepto de la física moderna: ningún objeto puede ser representado en su totalidad al mismo tiempo y en un mismo plano. De las diversas aproximaciones a la emergencia de conservar la plaza, varias miradas confluyen: la social, la urbana, la antropológica, la artística como registro, y esto es justamente la emergencia, el acontecimiento: un intento de ir más allá de la física, de representar en un plano todos los aspectos.

Un hecho social ha sido consumado: cumple los deseos de los vecinos, propone un nuevo espacio de reunión, pero también constituye un hecho estético: la desnaturalización de su ámbito y exposición a observadores no “comprometidos” en la tarea primera, otorga otros planos que, estando en potencia en el hecho urbano, aparecen aquí en otra potencia que el ámbito y la participación del artista le confieren.

¿Por qué una Bienal de arte? porque es el ámbitos específico que da cuenta de las transformaciones del pensamiento artístico en un lapso de dos años.Es una muestra, un catálogo de artistas, una exhibición ordenada y descriptiva de las búsquedas y de sus concreciones.

La Bienal de San Pablo (Brasil) es una de las más importantes en el mundo. Su ámbito físico es un pabellón diseñado por Niemeyer, donado por Cecilio Matarazzo, en el Parque de Ibirapuera, (la alta burguesía brasileña siempre tuvo mirada hacia el futuro, mientras que  la nuestra, afincada en sus pequeños feudos pampeanos, miró hacia el pasado colonial  descendido de los barcos).

Esta Bienal, la numero 30 se funda bajo el lema “la inminencia de las poéticas”, tomando como poética toda particularización estetizante de los discursos y sus ámbitos. De esta manera se exhibe una galaxia de sentidos que se superponen, cruzan o difieren y que portan sobre diferentes búsquedas: aproximaciones a lo cotidiano de la existencia humana diaria a través de una mirada antropológica o genealógica de la realidad que adquieren formas diversas: relatos biográficos, serialidad fotográfica, registro documental, relatos irónicos; en todos ellos se interroga sobre el estado de las imágenes para alcanzar la realidad.

Otro conjunto de obras desarrolla la noción de la teatralidad de la existencia como expresión de lo inesperado de la vida, el valor de lo  extra-ordinario, la extrañeza dentro de lo habitual cuando un gestualidad individual irrumpe lo hegemónico. También se explora a través de un gran conjunto de obras la constelación de los lenguajes: el habla de una imagen o la imagen del habla, en estos artistas el lenguaje aspira a encarnar la mediación de la inmediato, como revelación o descubrimiento, como sonido, como cuerpo, como operación fundadora.

En medio de tanto fandango una idea reúne a todos los artistas: la del espacio público como inconsciente público, como construcción colectiva que nos refleja sin que lo sepamos. Que habla de nosotros sin que le demos la palabra, el espacio público que se configura como paraíso y como desecho. El espacio público como democratización de los deseos y como deseo de lo democrático. Un espacio que, aun en su dimensión más ordinaria, no deja de mostrar sus potencialidades de rareza y diversidad. Los recursos poéticos que los artista vuelcan sobre él le confiere la densidad que configurará las “poéticas” eje de la Bienal.

Volvemos, para terminar, sobre aquel concepto primero: el Sujeto puesto en crisis por un arte que se muestra de una manera otra. Una obra de arte es, por un lado, un objeto en el cual se puede encontrar la forma original, tal como fue concebida por el autor a través de la configuración de los efectos que ella produce sobre la inteligencia y la sensibilidad del consumidor. De esta manera el artista crea una forma acabada para que pueda ser disfrutada y comprendida tal como la concibió. Pero, por otro lado, reaccionando al impacto de los estímulos, tratando de apropiarse y de comprender sus relaciones, cada consumidor ejerce una sensibilidad personal, una aproximación cultural determinada, por gustos, tendencias, prejuicios que orientan su placer dentro de una perspectiva que les es propia. En el fondo una forma es estéticamente válida justamente en la medida que puede ser encarada y comprendida de acuerdo con múltiples miradas en las que manifiesta una amplia variedad de resonancias y aspectos sin dejar jamás de ser ella misma. (U. Eco, Obra Abierta)