La Patota, de Santiago Mitre, este sábado 9 de julio en el ciclo cine debate de Amigos de la Música de Zárate

Carlos Riedel6 julio, 2022

El sábado 9 de julio a las 18:30 hs en Moreno 132 de Zárate, continuará el ciclo de cine debate 2022 organizado por la Asociación Amigos de la Música de Zárate. En esta oportunidad se proyectará La Patota ( 2014 ) el segundo largometraje dirigido por el argentino Santiago Mitre, realizador además de El Estudiante, La Cordillera y la recién estrenada en el BACIFI Pequeña Flor. La selección del material y la presentación están a cargo de Armando Borgeaud. La entrada consiste en un bono contribución de doscientos pesos.

Una película que desafía las propias certezas

Por Diego Batle, La Nación

Más allá de las diferencias en la producción y en los orígenes de ambas películas, El Estudiante y La Patota tienen varios puntos de conexión. De hecho, la primera escena de La patota (un plano secuencia de ocho minutos) podría ser perfectamente la continuación de El estudiante.

Claro que no se trata de una asamblea universitaria, sino de la charla (igual de descarnada y llena de cínicas chicanas) entre un influyente juez (Oscar Martínez) y su hija Paulina (Dolores Fonzi), que ha decidido abandonar su promisoria carrera judicial (abogada con doctorado) para embarcarse en un proyecto como maestra rural en la zona más profunda y desfavorecida de Misiones para dictar unos talleres de formación política.

Este diálogo intenso entre padre e hija deja en claro que las contradicciones generacionales, los muy diferentes puntos de vista de cada personaje y los postulados de la corrección política estarán en el centro del debate, provocando y obligando al espectador a que se replantee una y otra vez sus certezas.

Porque La patota no sólo es una película política al igual que El estudiante, sino también una propuesta incómoda, capaz de dejar perplejo al espectador ante cada uno de sus conflictos (muchos de ellos extremos), pero también por cómo los personajes (sobre todo el de Paulina) absorben y reaccionan frente a los hechos que enfrentan. Mitre desarticula la veta más religiosa del original, dirigida por Daniel Tynaire en 1960 con la actuación de Mirtha Legrand, para proponer, en cambio, un desafiante ensayo sobre las convicciones más intelectuales que místicas, con dilemas éticos y morales que, otra vez, remiten a la mencionada El estudiante.

Título original: La patota
Año 2015
Duración: 103 min.
Dirección: Santiago Mitre
Guion: Mariano Llinás, Santiago Mitre. Historia: Eduardo Borrás
Música: Nicolás Varchausky
Fotografía: Gustavo Biazzi
Reparto: Dolores Fonzi, Oscar Martínez, Esteban Lamothe, Cristian Salguero, Laura López Moyano
Productora: Coproducción Argentina-Francia-Brasil;

Premios: Festival de Cannes: Gran Premio Semana de la Crítica, Premio FIPRESCI
Festival de San Sebastián: 3 Premios ("Horizontes Latinos")
Premios Sur: Mejor actriz (Dolores Fonzi)
Premios Fénix: Mejor actriz (Dolores Fonzi)

La mujer rebelde

Por Armando Borgeaud

¿Qué es un hombre rebelde?
Un hombre que dice No.
Pero si se niega no renuncia:
Es, además, un hombre que dice Si desde el primer movimiento

Albert Camus

Dolores Fonzi interpreta magistralmente a Paulina, el personaje principal de La Patota,( 2014 ) la película de Santiago Mitre, basada en una historia escrita por Eduardo Borras. En realidad, el filme es una construcción alrededor de su trabajo actoral, una mujer que lleva su libertad de elegir hasta el dolor, ese único motivo por el que los seres humanos deberíamos dejar de dar a quien necesita, teóricamente, claro. Pero es la creación de Mitre, lo que se propone decirnos con la historia que eligió para expresarlo, lo esencialmente valioso en esta película notable. En su primer trabajo, El Estudiante, es un hombre el que se niega a dar el primer paso para convertirse en un corrupto. Esteban Lamothe, el protagonista, mira a la cámara y dice “no”, antes de caer los títulos. La misma actitud irreverente, únicamente respetuosa de su libertad personal, fieramente convencida de que será condenada desde los extremos en una sociedad confundida, es la que llevará hasta el final esta mujer rebelde. En lo que sigue, se explica un poco más por qué vale la pena ver esta película, las dos, tantas veces como se escucha un disco.

( La primer versión de La Patota fue dirigida por Daniel Tynaire en 1960 )

Una mujer enfrenta a su padre, destacado Juez de la provincia, para defender su deseo. Abandona el doctorado en Buenos Aires luego de recibirse de abogada y vuelve al lugar donde nació a enseñar en una villa como parte de un proyecto para el que trabajó en su génesis y organización.

Esa mujer mira a su padre como mira al mundo, con curiosidad permanente, con disconformidad intelectual, con incomodidad, ese imprescindible sentimiento político de la juventud cuando duele crecer. Aún sucede en estos tiempos que los hijos han perdido el respeto reverencial a la ideología de los padres, o queda apenas la negación generacional fruto únicamente de haber llegado después, como quien espera en una cola. Mejor no preguntar mucho, son días para no saber la verdad. De todos modos es una época difícil de encasillar, un paraíso para la soledad que como al frío o el calor nos hemos ido acostumbrando hasta convencernos: no hay más que hacer, aunque nos vengan a cazar de a uno. Si hasta parece que sabemos lo que queremos, y a veces los sabemos. Esa mujer pretende descubrir lo que quiere por el camino.

Tampoco cree mucho, en realidad muy poco, en su pareja. Un hombre que espera haber sido el motivo de su vuelta a la provincia porque no le interesan otros motivos, no merece que ella dedique energías en contarle nada. Una mujer que mira al río como quien se confiesa a su propio Dios para que le dicte confianza.

Esa mujer, docente rural improvisada como una mochilera idealista, así pensábamos en los 70 que se debía hacer para cambiar la sociedad de una vez y para siempre, embarrarnos en lo que le pasaba a los pobres, a los olvidados. Cree más en la educación que en el afecto, más en las ideas que en la vida misma, como Truffatt que prefería el cine. La maestra del lugar que se convertirá en su amiga le advierte llorando que le irá mal con “ellos” si les tiene miedo, o lástima. Sí, lástima dice, porque entiende cómo piensa la abogada sumida en el proyecto. Esa mujer blanca quiere enseñarles a respetarse a sí mismos. Y lo más difícil de aprender para cualquier ciudadano de donde sea: en Democracia el poder lo tiene el pueblo, “ellos”, ustedes, les dice pretendiendo que abran la boca, que griten su injusticia.

Una mujer que es violada, ella no era en realidad el sujeto de esa venganza, por algunos de sus alumnos, aunque el líder de la patota no lo sea. Una mujer que decide no denunciar a sus agresores cuando se entera quiénes fueron exactamente, por más que cumpla fielmente cada paso del proceso iniciado por la denuncia, acompañada por su padre, interrogada por la psicóloga que lleva el hilo del relato puesto en palabras objetivamente. Objetivamente, dirá la mujer a su padre cuando le enrostre la violencia de esa Justicia que él representa: cuando se trata de pobres únicamente se buscan culpables. En este mundo horrible, agrega con la voz cortada mientras el Juez, ese padre, llora vencido cuando entiende que ya no tiene nada que hacer.

Esa mujer está sola como todo quien decide cumplir su deseo dispuesto a pagar el precio que todos sabemos, desde el primer día, es muy alto. Debe ser por eso que preferimos dejarlo para más adelante, matándolo por la espalda y escondiendo el cadáver en tanta sombra de culpa. Una mujer sola de padre, de pareja, de las víctimas del sistema que terminan agrediéndola en el peor momento, en el peor lugar. Del sistema social que le ofrece contención profesional como la copa de cicuta, policía como copa de cicuta, Justicia como simulación de Justicia.

Acompañada, escoltada de miradas condenatorias de incomprensión, de abandono, de silencio impotente y vencido. Siempre odiamos al que nos dice la verdad, por más que guardemos las formas. La gente no tiene derecho a ser distinta porque con nuestra cobardía no se jode, con nuestra incapacidad de corrernos del dogmatismo tampoco. Es tan larga esta historia de mirar para otro lado. Casualmente, la violan por error. No es a ella quien buscan esa noche en la oscuridad de la tierra colorada, volviendo a su casa en una moto prestada. Casualmente la intuición de la mujer se empeña en llegar a la verdad porque siempre la verdad nace de una intuición, como la poesía, casualmente. Aunque al final no lo logre y ya no le importe, porque la lucidez siempre sabe.

Un mujer que redobla la apuesta y, justo en el peor momento histórico para perdonar a quien somete a una mujer, decide tener el hijo de esa violación porque este es un mundo terrible y ella no está loca y se trata de su vida, de su decisión, de su error en las tripas. Una mujer qué, en medio de los alaridos de venganza y los llantos abatidos, decide dar la cara y luchar por la vida. Como sea, con lo que pueda. Aunque sepa que le costará mirarse al espejo, en su hijo, en la historia que nos envuelve como una ola.

Una mujer violada decide dar a luz porque no está loca. Una mujer rebelde que dice No