Juanele libros presenta: Jorge Aulicino en Zárate

Carlos Riedel14 septiembre, 2018

Viernes 14 de septiembre 20 horas. Oportunidad única para escuchar y dialogar con el exquisito autor de veinte libros de poesía, obra reunida en Estación Finlandia, editada en 2012. Premio Nacional de Poesía, traductor de la Divina Comedia de Dante Alighieri y otros poetas italianos: Pavese y Ungaretti algunos de ellos. Jorge Aulicino fue distinguido además con el Premio Konex en comunicación y periodismo.

Lugar: Juanele libros, Quirno 398, Zárate

Presentación: Armando Borgeaud

Entrada Libre y gratuita

Jorge Aulicino nació en 1949. Periodista y escritor. Se desempeñó en los diarios La Calle y La Tarde en los años 70. Fue co-corresponsal de la agencia Tass en Buenos Aires y trabajó en la agencia Noticias Argentinas. Ingresó al diario Clarín en 1980 y escribió en las secciones de Información General y Policía, en el suplemento Cultura y Nación y en el suplemento La Segunda.

Desde 2000 a 2005 fue editor general del suplemento de Espectáculos y, desde 2005 a 2012, editor de la revista de cultura Ñ.

En 1999 adaptó para la revista Genios una colección de 40 clásicos de la literatura juvenil. En 2012 publicó su obra poética reunida, bajo el título de Estación Finlandia.

En 2014 recibió el premio a la trayectoria de la Biblioteca Nacional y, en 2015, el Premio Nacional de Poesía. Colabora con el Periódico de Poesía de la Universidad Nacional Autónoma de México. En los 70, participó del taller literario de Mario De Lellis y en los 90 formó parte del comité editorial de Diario de Poesía.

Jorge Aulicino por él mismo

Creo tener una visión bastante ecléctica de la poesía en cuanto a gustos, no soy un tipo que se cierra; tengo las preferencias y los gustos tan marcados como cualquiera, pero me puedo emocionar y entender poesías que no tienen nada que ver con lo que escribo. Es enorme la producción de poesía. Hay muchas pequeñas editoriales independientes, hay cierta circulación, un circuito, librerías donde uno sabe que puede conseguir poesía. Esto era más difícil hace 30 años.

Traduje La divina comedia porque tenía ganas; después lo ofrecí a la editorial y empecé a ver la importancia que tenía ese libro como conjunto, muy citado y muy citable, pero cuando ves la estructura entera, es interesante esa puesta de lo trascendente y abstracto en lo concreto. Es muy concreto el método de Dante, muy articulado, muy pensado, y una descripción que usa la analogía con el mundo terrenal: eso te pone el infierno en la Tierra. El canto de lo religioso y la invención de lo religioso nunca habían tenido una descripción concreta del infierno, ni del cielo, eso lo inventó Dante. Les da un lugar literario a esas ideas religiosas. Es una épica también, todo su mundo filosófico, religioso, político, es enciclopédica. Me parecen buenas las traducciones anteriores, pero cada época tiene una traducción.

Seguimos sin saber muy bien a qué responde la atracción humana por la representación, por la imagen. El mercado puede operar sobre ella, es cierto. Y el poder la ha usado desde los tiempos de los romanos. La imagen fue absorbiendo casi todo el arte, pese a que actualmente se ha convertido en una forma de representación de las más complejas. Si antes debíamos darle crédito a Homero por anticipado, porque los hechos que narraría no necesariamente habían ocurrido como él los cantaba, hoy debemos pensar que la propia representación es un doble de otra: ya no están allí ni siquiera los actores, no está el bardo, y la Musa opera, diría el poeta Joaquín Giannuzzi, por delegación sombría. Pero por doble delegación. El arte de las imágenes se aproxima de este modo a algo que la poesía siempre supo: donde parece haberlo todo no hay más que vacío. Y el mundo es sólo —y nada menos— una revelación. Literalmente, una epifanía. Dios nos ha hecho para que lo aprendamos, porque donde hay ausencia no puede haber otra cosa que Dios. Especialmente, desde que él ha muerto. Esto nos permite tratar la nada como existencia negada: no es nada. Lo cual le da la corporeidad que el lenguaje alcanza a darle.

Si uno se detiene en medio de la multitud que todos los días invade la Capilla Sixtina y mira hacia el techo, comprueba que dos manipulaciones han sido exitosas: la del arte por parte del poder eclesiástico y la de la representación del todo por parte del genio humano. Un todo falso en la lectura o montaje del poder, y falso, pero sagrado, en el montaje del arte.

Mi idea de imagen poética siempre se superpone a una idea visual, ése es el afecto por la pintura. La imagen física me interesa mucho, y trato de ver cuando escribo un poema, de imaginarlo en concreto, o de partir de algo que imagino que luego puede terminar en la abstracción, en lo meditativo. Siempre el punto de partida es eso que veo. Es una tendencia materialista también, no es abstracta, intelectual. Está presente la pintura, sobre todo algunos pintores, por los contrastes. Caravaggio, Rembrandt, Goya, luz y sombra. Y el gran genio contemporáneo para mí es Francis Bacon, la desfiguración e intensidad del color. No soy muy natural, soy más bien urbano y suburbano. Hay una cuestión con el hecho que eso me atraiga en la pintura, porque podría ser la imagen concreta urbana o suburbana, pero lo que me atrae es el encuadre y el congelamiento, parar ahí y ver todos los detalles. Una especie de obsesión por el detalle. En Cézanne se ve cómo el tipo está obsesionado por el detalle, lo que hace entrar en el cuadro lo pone y si no lo puede incluir en detalle lo pone en blanco. Todo concreto, nada difuminado. Yo tampoco voy en la poesía a lo difuminado.

Aprendí a escribir haciendo periodismo: primero estuvo eso, después la poesía. Nos juntábamos con un grupo en el IFT hasta el golpe de Estado: Jorge Asís, Marcelo Cohen, Rubén Reches, Alicia Genovese. Teníamos un taller de escritura. Después del golpe terminó, yo me quedé en el país, pero me dediqué al periodismo. Estaba protegido de una manera muy extraña porque trabajaba para una agencia rusa, te filmaban con todas las cámaras habidas y por haber, pero no te tocaban. Después entré en Clarín en el 79 y me ocupaba de información general, costumbrismo. Me fui en el 88 y volví en el 92. Y ahí hasta 2002. En total, veinte años. Ya no hago trabajo periodístico.