¿Hacia una nueva edad media...? Modelos y mascaritas.

Carlos Riedel1 junio, 2012

Vecinos de varios barrios de clase media y alta de la capital argentina golpearon cacerolas el jueves y los conductores hicieron sonar las bocinas de sus automóviles para protestar por el rumbo del gobierno nacional (El Nuevo Herald)..."La gente está harta. No te dejan comprar dólares..." decía Inés golpeando una cacerola desde el balcón de su piso de Av. Sta.Fe.

(Gentileza Oscar José Trujillo)

La señora toma fuerte la mano de su criada, enfundada en su lustroso y denigrante guardapolvito celeste.

La mano de su ama la obliga a cacerolear por algo que ni debe entender: ¿dólares? Ella tiene uno, de cábala, en la billetera, al lado de una estampita de San Cayetano.

Está preocupada porque mañana temprano tiene que llevar a los nietos de la doña al colegio, pasear a los perros, hacer los mandados y lustrar la platería de la casa, que vienen visitas.

Y si o termina temprano, ¿a que hora vuelve a su casita de la villa 31?

"Déle doña, vamos que hace frío".

La doña está furiosa.

No sólo no puede comprar dólares, sino que además, le aumentaron los impuestos del campito que sus abuelitos heredaron de un Coronel cuya máxima gloria debe haber sido masacrar algunos indios salvajes, reprimir alguna huelga de obreros harapientos o calentar su trasero en el Jockey Club. Peronistas...

En la Edad Media, los campesinos pobres entregaban sus destinos a los señores, a los que, además de tributar, los debían asistir a las guerras.

A cambio de protección. Por supuesto, la nobleza... no pagaba retenciones, digo, impuestos.

Allí están.

La doña tiene miedo de que los morochos, esos del aluvión zoológico que alguna vez metieron las patas en la fuente, le afanen los oros y las piedras que alguna vez la acompañarán al féretro que un tío compró en la Recoleta.

Y sí, hay inseguridad.

A pocos metros, él, joven exitoso, yuppie de bronceado artificial y corbata francesa, cacerolea con más fuerza.

Tiene músculos, el dandy.

No de hombrear bolsas ni de amasar pastones de cemento, sino del palo de golf que lo despeja de las desventuras de este país.

"Ya no se puede vivir", piensa mientras se preocupa por sus canes, tan blondos como la cabellera de la fémina que lo espera en el country.

Pero sonríe. Mañana sale de crucero, y por suerte, ya pagó las cuentas antes que la "yegua" se lo impidiera.

Todos miran a los pichichos. "Ojo que no los roben, mirá que es caro el alimento, las vacunas..." "Sabés lo que me salen estos bichos?".

Seguramente mucho más que lo que por mes alimenta a una familia pobre.

La culpa es del Estado, claro. Mantiene vagos, no trabajadores como nosotros...

Modelos.

Se trata de modelos. No vienen por más, lo quieren todo.

En su angurria de falsos tradicionalistas, se enfundan en boinas (de carpincho), rastras (de plata) y alpargatas (Cardón).

Ya no les cree ni el hornero de la tranquera, ni el tero del bañado.

Saquénse la mascarita de gauchos, estancieros de 4x4, que el Martín Fierro los hubiera cagado a guascazos...