Glantz: escritora viajera y poeta fragmentaria

Carlos Riedel16 septiembre, 2012

A sus 82 años, la mexicana Margo Glantz, de visita en Argentina con motivo del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (FILBA), se define como una obrera, una viajera voraz y vital que en la vida cotidiana encuentra la excusa para practicar el ejercicio de la literatura.

Por  Dolores Pruneda Paz (Telam)

"Soy una persona muy voraz, todo me interesa, todo me gusta, soy muy vital, plurivalente, difícil de concentrar a veces, abierta a cosas nuevas", dice Glantz.

Para esta hija de emigrantes ucranianos judíos que se instalaron en Ciudad de México hace un siglo, el mundo parece el escenario donde mirar las historias que luego traduce.

Escritora, ensayista, crítica literaria y académica, publicó su primer libro de ficción con 47 años y "a cuenta de autor porque ninguna editorial quería hacerlo", rememora. Tenía 47 años y se trataba de la experimental "Las mil y una calorías, novela dietética".

"Me costó mucho trabajo aceptar que mi forma de escribir era distinta a la tradicional, el primer libro que tuvo más o menos una buena acogida fue `Las genealogías` -editado por Bajo la luna en el país y publicado a sus 51 años-. No sabían en qué anaquel ubicarlo pero creo que esa es la forma que tengo de escribir, ni modo", se resigna.

La lectora precoz que en la caótica y poblada biblioteca paterna compensaba su "ineptitud social", tal cual lo relata, creció acompañada por los libros que su padre Jacobo atesoraba, muchos de los cuales hacía traer desde sellos argentinos como Losada, De la Flor y Emecé.

Su vinculación con Argentina data de aquella época, "leía Sur, La Nación, Para Tí. Todo eso veía en casa de niña, y veía la vida de su héroes en Billiken. Me gustaba mucho oír tango, Rosita Quiroga, Carlos Gardel...".

El vínculo se extendió en el tiempo con una afinidad intelectual mientras estudiaba en París en los 50; su matrimonio con el argentino Luis Mario Schneider; la hija que tuvieron juntos, Renata, y las visitas a amigos como Ricardo Piglia.

En todo ese periplo su escritura cambió, concede, "pero siempre será fragmentaria, con un sentido del humor un poco negro, temas muy obsesivos y aparentemente banales que pasan de la frivolidad a la alta cultura o la reflexión profunda y una coexistencia de registros que funcionan en mí muy naturalmente".

En sus obras vuelve atrás, retoma la puntada y así diseña los dibujos de sus textos o machaca sobre un sonido, una frase que sirve para torcer el rumbo de su composición. En el diálogo el devaneo, la musicalidad, forman parte de sí.

"Quizá una de las trabas fue ese transcurrir de una escritura a otra sin permitir que la clasificación académica interfiriera. En mí todo funcionaba, `Saña` por ejemplo (Eterna Cadencia), reúne textos escritos a lo largo de 30 años sin cohesión aparente, en torno a temas que se entreveran como en una composición musical".

Las cuestiones que captan su atención cambian orbitando alrededor de un centro, el cuerpo femenino: "El cuerpo como vivencia es complicada, y componer esa mirada es parte del objeto de mi escritura, es cultural, sentimental". "Historias de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador" (Anagrama) compone ese camino.

"No es lo mismo tener ovarios y matriz y senos, que pene y testículos; hay una diferencia y de alguna forma informan la escritura con cierta sensibilidad. Pero yo no lo teorizaría. Narrativa desde lo femenino es colocarse en un lugar específico".

Aunque "hay cosas más profundas -se corrige-, una obsesión de cosas muy primarias, viscerales, de mi historia, completamente oculta por el inconsciente que de alguna manera aflora en los textos tratando de ordenar un inconsciente voraz y caótico".

El mundo que mira parece un lugar con espacio... "¿Será el mundo de una viajera también, una persona que siempre está saliendo de su espacio interior en el sentido más evidente del viaje? ¿Tomar una maleta, un medio de locomoción, abrir panoramas?".

"Quizá sea la distancia que pone la ironía, porque aún las cosas más terribles se atenúan con sentido del humor. Un toque de ironía aligera y palia un poco la violencia", dice.

¿Padece o disfruta la escritura? "A veces es difícil, la posibilidad de hilvanar los fragmentos suele ser muy laboriosa y exige un gran trabajo de recomposición que además no debe notarse. Creo que hice 100 versiones de `Coronada de moscas`", el libro que presentará en México.

"Tengo 20 versiones impresas -grafica-, antes de la que entregué para editar, sin las irregularidades repeticiones y lagunas -algo estaba muy dicho, algo estaba nada dicho-" que editores y amigos le ayudaron a identificar.

La escritura "sale primero como un borbotón que luego tiene que regularse. Empiezo con algo que aparentemente no tiene ninguna importancia. Es como descubrir territorio, como el viaje".

"Pero si uno quiere -advierte-, el viaje es muchas veces instantáneo, fulgurante de acuerdo a como le va en la feria, pero luego esa feria se tiene que recomponer en la escritura porque si no, no tiene sentido".