Las Huellas del Dolor - Parte 2 -

Carlos Riedel14 julio, 2015

Por Matías...  Cerca de la libertad...

Dictadura

A continuación, nos suben a un avión FOCKER, éste carretea y toma vuelo. En el avión, todos los detenidos se encontraban esposados, a excepción de mí, por la condición en la que se encontraban mis brazos. Mientras volábamos, miro por la ventana y veo agua, agua y más agua, entonces imaginé que nos iban a tirar al mar, hasta que al fin vi tierra y me tranquilicé. Aterrizamos y me llevaron al QUINTO DE CABALLERÍA BLINDADA DE AZUL.

Llegamos, estuvimos un par de horas, y luego me trasladan a la Cárcel de Sierra Chica, donde permanecí un año y medio, más o menos. Después me trasladan a La Plata, luego a Caseros y por último a Rawson; después de un tiempo, vuelvo a La Plata que es donde me liberan.

La detención primaria fue el 28 de marzo de 1976 y la liberación, se produce, el 9 de julio de 1981, cinco años después. La liberación no fue absoluta, ya que estuve ocho meses bajo libertad vigilada, podía andar, sí, en el barrio de día, pero de noche tenia que estar en mi casa.

La complicidad de algunos, el silencio de la mayoría.

‘El Comando del Área Conjunta 400 informa a la población que en las primeras horas del día 14 se septiembre y ante la información espontáneamente brindada por la población, Fuerzas combinadas de este Comando y la sub. Brigada de Investigación Campana, procedieron a allanar la vivienda sita en la calle Andrade 1026 de la localidad de Zárate. Al interrumpir en la misma los efectivos legales, y luego de un minucioso registro, se detectó un dispositivo que permitía desplazar la mesada de mampostería de la cocina dejando al descubierto el ingreso a un sótano en el cual se hallaba instalada una imprenta clandestina de la banda subversiva declarada ilegal, incautándose en dicho procedimiento abundante bibliografía, maquinarias para impresión y profusa documentación que se analiza por personal especializado de esta jurisdicción.

El Comando del Área Conjunta 400 agradece a la población la oportuna intervención dada y la invita a continuar colaborando con las fuerzas del orden en pos de la consecución de los grandes objetivos nacionales’.

Zárate y Campana estuvieron llenas de civiles que colaboraron con el régimen, denunciando en cuanta oportunidad se les presentaba a quienes desistían con el Proceso. Los archivos de la CONADEP solo mencionan a dos, pero es un secreto a voces que estos individuos estuvieron dentro de los colegios, instituciones, sindicatos, fabricas. Algunos no pudieron soportar el dolor que les producía el arrepentimiento y se suicidaron. Otros siguen por la vida convencidos de que hicieron lo correcto y seguros de que lo volvería a hacer. Y el resto se reconvirtió en democrático y hoy participan en diferentes partidos políticos de nuestra ciudad. Todos gozan de impunidad.

La frase “POR ALGO SERÁ” fue producto de una sociedad enferma, que no estaba preparada para defenderse.

A modo de conclusión.

Los tiempos habían cambiado desde aquel marzo del ’76, en donde los medios y el gobierno hablaban de manera abierta de la inexistencia de un golpe y de la vigencia del estado de derecho; 8 años después el Terrorismo de Estado se había “robado” la vida de 236 ciudadanos zarateños y había dejado heridas en aproximadamente 30, que a más de 30 años, siguen sangrando por no encontrar respuestas, por la impunidad existente en la sociedad argentina, de la cual son cómplices muchos hombres que se hacen llamar “democráticos”, y han avalado con su voto, su accionar o su opinión leyes que se dicen “de reconciliación nacional”, como lo son las de “PUNTO FINAL”, “OBEDIENCIA DEBIDA”, y la propia AMNISTÍA; que no son otra cosa que un respaldo a aquellos que sostienen que aquí “se desarrollo una guerra, que hubo excesos y que hay que saber perdonar”; se convierten en protectores de todos aquellos nombres que fueron parte activa y directa del aparato represivo y por tal motivo, tienen hoy las manos manchadas con la misma sangre de miles de inocentes y son culpables de todas las “lesiones del alma” de las familias de dichas victimas, que se vieron diezmadas y perseguidas por la violencia y el terror.

Habría que preguntarles a todas aquellas personas que sufrieron, directa o indirectamente, el terrorismo de estado, si para ellos puede haber reconciliación sin justicia, sin memoria, sin tumbas, o sin saber donde se encuentran sus nietos o nietas. Una vez que cualquier ciudadano común pueda responder claramente y sin dudas esta pregunta, se podría seguir hablando.

Podríamos rescatar lo que resume la deuda de un crimen contra la sociedad que todavía busca y espera JUSTICIA y para lo cual es necesario la preservación de una MEMORIA colectiva que aún se sigue intentando negar.

“Ni olvido ni perdón, cárcel a los
genocidas de la dictadura militar”