“El infierno es un lugar incómodo. Monsanto lo sabe y por eso está pagando el costo de haberlo olvidado. Su pecado fue regodearse con la impunidad que le otorgaban las bendiciones del más allá. Acá, en Malvinas Argentinas, sólo cosecha maldiciones. La más popular es un término autóctono que los cordobeses pronuncian con gracia y cantito: “culeado”.[…] Fui anotando en un cuaderno las frases que escuché y dibujan una idea de lo que implica:…”En ningún otro lado se habla de esto: se asesina la escucha”./ “Esto va más allá. No podemos hacernos los boludos. Acá empezamos a hablar de lo que no queremos hablar. Del monocultivo, de si comemos basura, de cómo nos hacen vivir como basura, de que lo único que podemos cambiar es a nosotros mismos”.[…] “No hay futuro: lo tenemos que construir nosotros”…(“Andate al diablo”- rev. “Mu”- Noviembre/2013)

Seguramente que con menos intensidad y trascendencia a lo que viene ocurriendo en la localidad cordobesa de Islas Malvinas, la saga emprendida por vecinos del pago chico ya hace un tiempo para confrontar y enfrentar a las fumigaciones con glifosato, en campos cercanos a barrios como San Jacinto, Otamendi o Los Pioneros, implicaría tratar de resguardar los riesgos que entrañarían para la salud de los (nuestros) vecinos tales prácticas, por sobre el interés económico de particulares que puedan sentirse afectados, no resultaría un tema menor porque: ¿se conocen los efectos que causarían las fumigaciones con glifosato sobre, por ejemplo, pibes en edad escolar de los barrios mencionados…?, ¿alguien recuerda conocer –con algún grado de certeza- cómo afectó y afecta la aplicación del método landfarming, utilizado por la “clausurada” empresa Landnort, a vecinos de Las Praderas…?, siendo que –según fuentes vecinales- la empresa continúa “produciendo”, operando en Las Praderas, y que no alcanzan seudo-argumentos referidos a que “la gente de ahí es muy sumisa; por eso no protesta” o que “lo que importa ahí es que ahí tienen trabajo”, afirmaciones con un “sentido común” más que devaluado.
Al respecto, cabría mínimamente analizar lo que se publicara en el año 2009 en la mordazmente científica página de “Cáncer Crisis”:"…la gente de Las Praderas es mucho más vulnerable que la que vive en el country El Bosque, en Sofitel o en el centro de la ciudad y esto lo mencionamos porque la contaminación los afecta aún más, ya que en el barrio muchos de los habitantes no pueden afrontar los gastos que implicaría comprar agua potable en bidones o pagar un laboratorio que analice y compruebe la contaminación que los afecta. La mayoría no posee obra social, de esta forma son atendidos en salitas y allí les diagnostican sarna, les dicen que se bañen pero nunca aceptan que las lesiones en la piel, los problemas respiratorios y gastrointestinales son consecuencia de la contaminación.”(www.cancercrisis.8k.com 05/03/2009) Pero no era sólo la opinión “cáncercrisiana” la que se publicara en esa ocasión, también se citaba un trabajo de campo presentado en octubre de 2008 y “que realizaron investigadoras de la Universidad Nacional de Luján, demostrando las condiciones en las que se vive en el barrio Las Praderas, cómo Landnort debería irse del barrio y del agravamiento causado por la instalación de Sofitel” (http://elistas.egrupos.net/lista/encuentrohumboldt/archivo/rsg/2543), factores que sin dudas caracterizan aún hoy a esa barriada campanense, sosteniéndose en las conclusiones, entre otras cuestiones, sobre diversos problemas identificados en la investigación que “a esto se suma la ausencia de planificación, la debilidad en los controles en cuanto el cumplimiento de la legislación vigente, la prevalencia de la racionalidad económica frente a la ambiental en los procesos de toma de decisiones; la falta de cumplimiento de los deberes de los funcionarios públicos; la carencia de infraestructura para hipótesis de desastres; el desconocimiento de la población acerca del riesgo al que está expuesto; la escasa participación de la población en los procesos de gestión del riesgo; y finalmente la desarticulación entre los diferentes actores sociales, en cuanto roles, responsabilidades y compromisos, entre otros.
En este contexto, es necesario generar una conciencia ambiental tanto en la población como en los sectores de poder, incluyendo sus mecanismos e instancias, de manera que se actúe en forma integrada, interjurisdiccional, interdisciplinaria y participativa, es decir, formando parte de un todo dinámico desde una visión sistémica.”
Paralelamente, la conflictiva contaminante del glifosato ya mencionada en el distrito ameritaría, tal vez, lecturas con un mayor grado de fineza, donde se podría dar cuenta de que, por ejemplo, si bien el vecino Quirino es un opositor sin tapujos –más allá de coincidir o no con la formulación de sus planteos-, de políticas estatales en el área ambiental –y/o en otras-, ello no debería negar que esta situación existe y demanda del necesario concurso de funcionarios estatales para mediar, resolver, una conflictiva que no se agotaría en este caso particular, sino que en el corto o mediano plazo se acrecentará por los efectos que sectores comunitarios noten se aplicarían sobre la salud de familiares, de sus vecinos o la propia…
O sea, la preservación de la salud de los habitantes por parte del Estado, excede si éstos expresan una demanda sentida o no; el Estado debe estar para procurar el el bienestar ambiental por imperio de normas constitucionales, no por deseo particular de nadie sino por derecho de todos, si se trata de construir y preservar un ambiente en el que el impacto de situaciones y empresas contaminantes se ajuste a prescripciones que pueda aplicar el Estado y de las que puedan participar –y decidir- las comunidades que se sientan afectadas.
Claro, lo que habría que lamentar es plantear que –al decir cordobés- nunca faltarían “culeados”…
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